El Rincón de la Memoria

¿Patrona o Patronas de Sevilla?

La capital del Guadalquivir guarda secretos inabacarbles que durante siglos han construido su historia, y han potenciado ese aura de misterio y atracción que tanto gusta al forastero cuando posa sus pies en el aeropuerto, el muelle o la Estación de Santa Justa.

Entre esas tradiciones románticas y enigmáticas está la de “Las Patronas de Sevilla”. Sí sí, ha leído usted bien querido lector, he escrito Patronas en plural.

Pues sí bien rendimos cultos en agosto a Nuestra Señora de los Reyes, Patrona de la ciudad y su Archidiócesis desde 1946, la cuna de la religiosidad popular ha sido bendecida con numerosos patronazgos marianos a lo largo del tiempo, algunos de los cuales aún perduran.

La primera de ellas, que se trata además de la devoción más antigua que se conoce en la ciudad, es la Virgen del Pilar. Su patronazgo hispalense llega por mediación de San Pío, posiblemente el primer arzobispo de la Diócesis y discípulo de Santiago apóstol, quien tras la aparición de La Pilarica al Patrón de España en Zaragoza, decide realizar una talla para Sevilla y consagrarla como su bienhechora en época paleocristiana.

Del mismo modo, cada 17 de julio se conmemora la Festividad de las Santas Justa y Rufina, Patronas de Sevilla y alfareros y cacharreros (siendo la alfarería la profesión que ostentaban). Las hermanas trianeras, fechadas en el siglo III D.C., defendieron su fe cristiana hasta la muerte tras verdaderas torturas. Cuenta la tradición que en la Caída de la Catedral por el terremoto de Carmona en 1504, Santa Justa y Santa Rufina abrazaron la Giralda para evitar su derrumbe, y de ahí surge su iconografía más repetida.

No menos destacada es la designación de la Virgen de la Hiniesta Gloriosa como Patrona de Sevilla y de la Corporación Municipal desde el siglo XVII. Su nombramiento se debió a la intercesión y protección de la Virgen sobre la capital hispalense, poniendo fin a la gran epidemia de Peste en 1649.

Junto a las advocaciones de la Virgen, tampoco pasan desapercibidos los grandes Patrones de Sevilla, como el Rey San Fernando o los obispos San Isidoro y San Leandro.

Por último, como copatrona sentimental y devocional sin ninguna distinción eclesiástica o civil hasta la fecha, muchos sevillanos y sobre todo forasteros ven a la Esperanza Macarena, una de las representaciones de la Madre de Dios más veneradas tanto en la ciudad como en el resto del mundo.

No obstante, más allá de este amplio abanico del patronazgo sevillano, serán miles los paisanos que vendrán el próximos lunes desde sus barrios, pueblos o incluso destinos vacaciones hasta la catedral, para encontrarse con la unánime Mediadora de la ciudad, la Reina de Reyes y Soberana eterna de una Sevilla rendida a sus plantas cada año.