Nunca llueve a gusto de todos, y más si se habla de arte. El eterno debate de la utilización artística de diversos elementos de la sociedad ha vuelto a dividir la opinión de los sevillanos tras la publicación del cartel del mes de la diversidad sexual y el uso de dos varales y un palio con el que el autor corona su obra.
El diseño, de Ángel Pantoja no ha dejado a nadie indiferente, desde la propia comunidad LGTBIQ+, – quienes opinan que es un diseño plano y poco colorido, que no representa la celebración festiva de los actos – al sector cofrade de la ciudad que lo considera una representación de los artistas de lo sacro pertenecientes al colectivo gay.
El autor define su cartel como “una gran ópera donde todos desfilan, se manifiestan y bailan en dirección al Amor… es el triunfo del Amor y la Alegría de Vivir». Asimismo, defiende haberse inspirado en la porcelana británica y no en elementos cofrades para su diseño, algo que no ha convencido a aquellos que ven dos varales y las bambalinas de un palio en esta nueva obra.
Un cartel que en nada debería herir la sensibilidad de los cofrades, ya que no se emplean los elementos sacros de forma vejatoria, así como tampoco debería ofender al colectivo homosexual la aparición de estos elementos ya que, quizás, es en el mundo de la Semana Santa y del arte sacro donde con mayor naturalidad se ha asimilado la diversidad sexual, si bien hay excepciones del todo denunciables.
Aún así, sorprende que en el siglo XXI sigan produciéndose estas polémicas en una sociedad que se supone avanzada, si bien, cada vez son más los casos que demuestran que la normalidad con la que algunos sectores afrontan la evolución social, algunos se mantienen en clichés propios de otra época a la que, a bien seguro, no se debe volver.





