Córdoba, 💚 El Rincón de la Memoria

Los primeros años de la Virgen de la Soledad

Suele ocurrir que, son con frecuencia las cofradías que, por unos motivos u otros, gozan de mayor popularidad hasta que cualquiera de sus movimientos las hace alzarse como protagonistas indiscutibles de la actualidad cofrade. Tanto es así, que un buen número de las restantes quedan a menudo relegadas a un segundo plano, haciendo así gala, quizá, de la seriedad, el misticismo y la discreción que las caracteriza incluso en su guión procesional, transmitiendo esa admirable y contagiosa sensación de recogimiento y reflexión, a menudo tan necesaria como ausente.

Sin duda alguna, constituye la Hermandad de la Soledad uno de estos casos, ocupando ese puesto que solo una corporación de sus características puede ocupar. Con esa misma idea y lema, basados en la austeridad franciscana – que se haría patente en su estación de penitencia – se fundaría la cofradía de Santiago en el año 1975 en la Parroquia de San Miguel a iniciativa de un grupo de jóvenes con la hermosísima dolorosa que realizase Luis Álvarez Duarte ese mismo año como titular. Sin embargo, y al igual que le ocurriese a la Hermandad del Perdón, la cofradía de María Santísima en su Soledad se vio obligada a abandonar el céntrico templo para hallar en la Parroquia de Santiago Apóstol su nueva sede.

Desde allí, realizó la bella titular mariana su primera estación de penitencia ya en el año 1978, aunque esa estabilidad de la que parecía poder gozar en la Iglesia de Santiago no duró mucho, pues el mes de diciembre de 1979 trajo consigo la dramática noticia del famoso incendio que asoló el templo y que encontró también en María Santísima en su Soledad una víctima, causando a la imagen ciertos daños que aunque no resultaron ser de extrema gravedad, requirió una intervención que fue acometida por el propio Álvarez Duarte, labor que fue realizada de forma desinteresada y que el imaginero sevillano aprovechó para dotar a la dolorosa de una policromía más oscura tal y como se aprecia en la fotografía.

El deterioro en el que quedó sumida la Parroquia de Santiago motivó la marcha tanto de las Penas como de la Soledad, encontrando esta última un nuevo refugio en el Convento de Santa Cruz donde la titular quedó instalada en un pequeño altar empleado como capilla de la talla a pesar de que los cultos se celebraban en la Parroquia de San Pedro, lugar que tanto hizo de marco de su salida procesional en la Semana Santa de 1980 hasta la de 1985, época sobre la que posiblemente fuese tomada la instantánea que encabeza este artículo y en la que se muestra a María Santísima en su Soledad sobre su antiguo paso – que posteriormente pasaría a pertenecer a la Hermandad de la Agonía, eliminando la ornamentación superior de los faroles con el símbolo de la corporación de Santiago – en su recorrido por la típica Plaza de la Corredera.

No obstante, el destino quiso que la joven hermandad se viese forzada a trasladarse nuevamente debido a la clausura de la Parroquia de San Pedro en 1986 por las pertinentes reformas de la iglesia. Así las cosas, la cofradía de Santiago emprendió su marcha camino de un local ubicado en el entrañable Convento de Santa Isabel de los Ángeles que la Hermandad de la Esperanza puso a disposición de la cofradía de la Soledad en aquellos tiempos difíciles. Puesto que la titular de la corporación permaneció en el anteriormente mencionado Convento de Santa Cruz, utilizando tan solo el local de Santa Isabel para iniciar desde allí su desfile procesional del Viernes Santo, dando lugar a una costumbre que se prolongó durante cinco años. Precisamente, junto al citado convento y aún sobre su primitivo paso aparece la dulce dolorosa de Álvarez Duarte en la fotografía tomada durante su estación de penitencia de 1988.

Tras esos años de incertidumbre e itinerancia, la Hermandad de la Soledad llegó incluso a plantearse un cambio de sede canónica, poniendo sus miras temporalmente en la Parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe, también ocupada por padres franciscanos, aunque este proyecto no llegó a prosperar finalmente.

Después de unos largos e interminables once años, sería definitivamente en el mes de febrero de 1991 cuando María Santísima en su Soledad regresaría a su extrañada Parroquia de Santiago, reforzando su vida de hermandad con la puesta en marcha de su obra social y viendo notablemente incrementada su nómina de hermanos. A partir de aquel instante, la corporación adopta el carácter sacramental que, a su vez, implica una modificación de los estatutos y decide hacer frente a la ejecución de un nuevo paso tallado por Guzmán Bejarano para la incomparable dolorosa, cuya primera fase se estrenaría el Viernes Santo de 1993, vendiendo el anterior, como decíamos anteriormente, a la Hermandad de la Agonía.

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