“Qué suerte tuve, que el maestro que me enseñó a andar debajo de los pasos me eligiera como capataz de la Señora”

José Luis Ochoa y Javier Rolero forman parte de la historia del mundo del costal cordobés 

Hay capataces que, a lo largo de su trayectoria, se asocian de forma indeleble a una cofradía. La suya, la misma donde aportaron su conocimiento y dejaron su granito de arena en la historia de la corporación. 

En el caso de Córdoba, los hermanos Fernández se asocian a La Merced. Pero hay otros ejemplos como el de José Luis Ochoa, cuya figura se relaciona de forma casi instintiva al caminar de Nuestra Señora de las Angustias

Y es que Ochoa estuvo casi dos décadas al frente de la cuadrilla de costaleros que portaba al grupo escultórico que ideó Juan de Mesa para la madre y maestra de las hermandades cordobesas.  

Pero Ochoa tuvo un maestro, un capataz como ha habido pocos (casi seguro, delante de los pasos el mejor), que no fue otro que Javier Romero. Y a este último le ha querido rendir homenaje el primero, mediante una publicación en redes sociales. 

Ochoa ha desveldo que “me acaba de salir como recuerdo en Facebook, han pasado 30 años”, en referencia a una fotografía suya con Romero.

El que fuera capataz de Las Angustias no ha dudado en reconocer “qué suerte tuve, que el maestro que me enseñó a andar debajo de los pasos, me eligiera como capataz de la Señora de la que fui su capataz durante 18 años”. Esto paea apostillar que “no hay que decir más. Te quiero Maestro”.