El diestro desgrana su vínculo con la Virgen de la Estrella: devoción, recuerdos y una vida ligada a Sevilla
La Hermandad de la Estrella de Triana ha difundido una entrevista con el torero Andrés Roca Rey, en la que el diestro peruano repasa su relación con Sevilla, sus primeros vínculos con la ciudad y, de manera muy especial, la devoción que ha ido construyendo con el paso de los años hacia María Santísima de la Estrella. A lo largo de la conversación, Roca Rey comparte recuerdos de su adolescencia, episodios relacionados con su trayectoria taurina y distintas experiencias que él mismo interpreta como posibles señales en su camino, hasta explicar la dimensión que actualmente ocupa la Virgen en su vida cotidiana.
El primer encuentro con la Virgen de la Estrella
Roca Rey sitúa el comienzo de esta historia cuando tenía catorce años, durante una estancia en casa del maestro José Antonio Campuzano. Según relata, se alojó durante unos días en una habitación situada en la parte inferior de la vivienda y, al subir por las escaleras, reparó en una imagen de una Virgen cuyo nombre despertó inmediatamente su atención.
Recuerda que aquel nombre, Estrella, le llamó especialmente la atención y que la imagen le produjo un impacto que entonces todavía no podía explicar. En aquel momento, además, desconocía dónde se encontraba la Virgen de la Estrella, a qué hermandad pertenecía o cuál era su historia.
Con el tiempo, comenzó a incorporarla a sus pensamientos antes de salir a tentar. El torero explica que siempre le pedía que las cosas salieran bien y que, en aquellas ocasiones, tenía la sensación de que todo fluía favorablemente. En cambio, cuando salía con prisas y se olvidaba de hacerlo, recuerda que las cosas no terminaban desarrollándose como esperaba.
Aquella sucesión de circunstancias fue estrechando progresivamente su vínculo con la Virgen. El propio Roca Rey admite que podían ser «señales» que le iba dando la vida o la propia Virgen, aunque deja abierta la interpretación de aquellos acontecimientos. Lo que sí tiene claro es que, poco a poco, se fue acercando a ella hasta convertirla en la devoción mariana con la que afirma haber alcanzado mayor cercanía.
«La verdad que ha sido siempre la Virgen a la que más cerca he llegado a estar a día de hoy», explica el torero, que asegura que le gusta rezarle y verla siempre que puede. Incluso cuando no puede acudir físicamente a la capilla, mantiene su presencia cerca de él, ya que tiene una imagen en su propia habitación. «La verdad que me siento muy feliz cada vez que hablo con ella», señala.
Una devoción que creció al conocer su relación con el mundo del toro
A aquella primera impresión se añadió posteriormente otro elemento que reforzó su interés. Roca Rey descubrió que varios toreros también profesaban una profunda devoción a la Virgen de la Estrella y que algunos de ellos pertenecían a la Hermandad.
Ese conocimiento, según explica, contribuyó a que comenzara a aproximarse todavía más a la corporación y a la imagen. La Virgen dejó de ser para él únicamente aquella imagen cuyo nombre había llamado su atención siendo adolescente y empezó a adquirir una dimensión cada vez más profunda dentro de su propia trayectoria.
La relación alcanzaría uno de sus episodios más significativos durante la pandemia. Después de varias tardes de toros, Roca Rey se encontraba con un amigo llamado Manolo cuando le manifestó una determinación que, con el tiempo, terminaría cumpliendo: «Yo no voy a salir por la Puerta del Príncipe de Sevilla hasta que vaya por la mañana a verla».
Sin embargo, en 2021 toreó en Sevilla y no acudió a verla. Al año siguiente ocurrió lo mismo. El propio torero reconoce que aquella promesa terminó quedando relegada y que no concedió demasiada importancia a las palabras que había pronunciado aquella noche.
El encuentro de 2023 y la historia del traje azul marino
El momento decisivo llegó en 2023. Una mañana, mientras se encontraba en el Hotel Colón y se estaba lavando los dientes, se miró al espejo y decidió finalmente acudir a la capilla para visitar a la Virgen.
Roca Rey recuerda que permaneció allí aproximadamente veinte minutos a solas, rezando, meditando y viviendo un momento que describe como especialmente intenso. «Tuve una conexión con ella, creo yo, o conmigo mismo en mi interior», explica, asegurando que aquel encuentro hizo que las palabras fluyeran con mucha naturalidad y que fue una experiencia «muy bonita».
Al salir de la capilla reparó además en un detalle que acabaría teniendo una importancia especial aquella misma tarde: el color azul marino de la Hermandad de la Estrella.
El torero tenía previsto vestir un traje negro para la corrida y, en aquel momento, decidió hacer una petición a la Virgen. Si conseguía abrir la Puerta del Príncipe, le prometió que le regalaría el traje, incluso aunque fuera nuevo. Sin embargo, aquel vestido todavía no había llegado al hotel, ya que se encontraba en camino en el AVE.
Cuando regresó al hotel preguntó a las personas que le acompañaban si finalmente había llegado el traje. La respuesta fue negativa: no iba a llegar. Ante la necesidad de disponer de una alternativa, le comunicaron que únicamente tenían otro traje que, según el propio Roca Rey, era precisamente el que menos le gustaba: uno de color azul marino.
El torero decidió ponérselo. La coincidencia no pasó inadvertida para él, especialmente porque aquel traje había sido el que, hasta entonces, peor suerte le había dado, y su color coincidía con el de la Estrella.
«No sé si otra señal más o coincidencia, no lo sé. Dímelo tú», explica Roca Rey al recordar aquel episodio. Finalmente, aquella tarde salió por la Puerta del Príncipe y cumplió su promesa: regaló a la Virgen de la Estrella el traje azul marino.
El propio diestro define aquella experiencia como una «anécdota muy bonita», una «coincidencia» o incluso una «diosidencia», utilizando sus propias palabras para referirse a un acontecimiento cuya interpretación deja abierta. Por encima de todo, subraya el efecto que tuvo en él: «Lo importante fue el resultado, lo que me hizo».
Una visita que se ha convertido en costumbre
Desde aquel momento, su relación con la Virgen adquirió una dimensión todavía más cotidiana. Roca Rey asegura que cada vez que torea en Sevilla acude por la mañana a verla y que intenta acercarse a la capilla siempre que visita la ciudad.
La razón, según explica, es sencilla: «Me hace bien, porque me siento feliz, porque me da chapadas y me hace mejor». Esa relación se ha convertido así en una parte de su rutina cuando se encuentra en Sevilla.
El torero también recuerda que durante mucho tiempo no había vivido una salida procesional de la Virgen desde cerca. La primera vez que la vio pasar fue cuando tenía aproximadamente quince años, desde un restaurante llamado El Cairo, situado en una esquina. «Lo vi parado. Y la vi pasar. Fue la primera vez que la vi», rememora.
Sin embargo, la experiencia del año pasado, cuando pudo contemplarla mucho más cerca, resultó completamente diferente. Reconoce que le impactó muchísimo y que incluso se quedó sin saber exactamente qué debía hacer en aquel momento. Finalmente, optó por acompañarla y, sobre todo, agradecer.
El agradecimiento como forma de entender la vida
En este punto de la entrevista, Roca Rey reflexiona sobre el significado que tiene para él agradecer. Considera que una de las cosas más bonitas de la vida puede ser precisamente dar gracias, comenzando por estar vivo y continuando por tener salud, que considera «después de estar vivo» lo principal.
A ese agradecimiento añade todas aquellas circunstancias que, según explica, le han sido concedidas por la vida, por la Virgen o por Dios, dejando también en este caso abierta la interpretación. Habla de haber recibido unas determinadas condiciones, una familia y muchas otras cosas por las que se pregunta con frecuencia: «¿Por qué?».
Su relación con Sevilla también aparece estrechamente vinculada a esa reflexión, porque su llegada a la ciudad estuvo directamente relacionada con el maestro José Antonio Campuzano, quien le propuso trasladarse para comenzar su camino como torero, entrenar, concentrarse y luchar por sus sueños.
Roca Rey recuerda que Campuzano vivía en Sevilla y que, a partir de aquella propuesta, terminó instalándose en Gerena, donde residió en la casa de María Jesús Quinta y José Manuel Nogales, amigos del maestro. De ellos conserva un recuerdo especialmente agradecido porque, según relata, «se portaban conmigo como si fuera un hijo».
Por ello, asegura que siempre estará agradecido a aquella familia y considera que acertó al aceptar la propuesta de venir a Sevilla.
Una ciudad que terminó convirtiéndose en su casa
La relación del torero con Sevilla ha trascendido su dimensión profesional. Roca Rey define la ciudad como «mágica», un lugar que «te atrapa», y explica que se encuentra muy feliz allí.
Actualmente vive en el campo, en Gerena, localidad situada aproximadamente a veinte minutos de Sevilla, aunque recalca que su vida cotidiana se desarrolla fundamentalmente en la capital hispalense. Allí tiene a su fisioterapeuta y a sus médicos, acude a restaurantes y mantiene buena parte de sus relaciones personales y profesionales.
«Puedo decir que mi vida la hago en Sevilla», afirma. El torero reconoce sentirse atrapado por la ciudad y profundamente atraído por ella. Le gusta pasear, contemplarla y compartir tiempo con los amigos que el toreo, el tiempo y la propia vida le han proporcionado allí.
Por todo ello, sostiene que vive feliz en Sevilla y que, si no hubiera encontrado ese vínculo con la ciudad, probablemente se habría marchado. Sin embargo, considera que cuando alguien llega, conoce su clima y entra en contacto con su gente, «es muy difícil irse». «Eso me ha pasado a mí», resume.
El toreo presente en cada rincón de Sevilla
La vinculación de Roca Rey con la ciudad encuentra además un escenario especialmente propicio en su propia profesión. Para el torero, resulta prácticamente imposible evadirse del mundo taurino en Sevilla, porque la tauromaquia forma parte de su paisaje cotidiano.
Explica que la ciudad «respira torería por los cuatro costados, por las cuatro esquinas» y que es habitual entrar en un bar y encontrar carteles de toros. También menciona la presencia conjunta del flamenco, el toreo, las sevillanas y todas aquellas expresiones relacionadas con este universo.
«Es muy difícil llegar a un sitio en especial sin que haya algo de toros y la verdad que se agradece», afirma. Para Roca Rey, esa presencia permanente tiene un significado especial porque está directamente relacionada con aquello que vive y con lo que sueña.
El torero considera además que el toreo es aquello que termina sacando de él «lo que verdaderamente eres», razón por la que agradece encontrarse en una ciudad donde esta realidad forma parte de su vida cotidiana.
Durante sus vacaciones intenta, no obstante, buscar espacios de desconexión. Señala que procura permanecer en el campo, lugar donde también entrena, o realizar viajes que le permitan apartarse durante un tiempo de su actividad profesional.
La Real Maestranza, entre la presión y el sueño
La conversación se detiene también en la plaza de toros de la Real Maestranza de Sevilla, un escenario que Roca Rey considera indiscutiblemente especial y que, según explica, invita a soñar, aunque también incrementa de manera notable la presión y la responsabilidad cuando un torero aparece anunciado en su feria.
El diestro reconoce que anunciarse en esta plaza implica sentirse «muy presionado, responsabilizado», pero explica que esa tensión puede transformarse cuando las circunstancias de la corrida permiten al torero expresarse.
Cuando «las cosas fluyen», cuando aparece el toro y surge la posibilidad de sentir que se está viviendo plenamente el momento, la presión deja paso al disfrute. Roca Rey describe entonces la sensación de convertirse en «el torero más feliz del mundo en ese momento».
A su juicio, la Real Maestranza es una plaza que «marca» y que en ocasiones «quema», mientras que sus silencios provocan respeto. Sin embargo, cuando un toro permite al torero expresarse y el público comprende lo que está sucediendo en el ruedo, la respuesta cambia.
El público sevillano, explica, puede convertirse entonces en «un público apasionado, entregado, feliz», plenamente implicado en lo que está viviendo. Una circunstancia que, según señala, el torero agradece tanto desde su condición profesional como desde su dimensión personal.
La Puerta del Príncipe y el momento más soñado
La consecución de la Puerta del Príncipe llegó después de numerosos intentos y de muchas tardes en las que, aunque las cosas habían salido bien, el triunfo definitivo no terminaba de materializarse.
Roca Rey recuerda también aquellas jornadas en las que llegó a sentirse muy mal, precisamente por la enorme exigencia emocional que supone torear en Sevilla. Vuelve a incidir en que se trata de una plaza que «te marca» y que puede llevar al torero a experimentar tensión, miedo y dudas.
Finalmente, después de varios años, tuvo la oportunidad de que todas las circunstancias se reunieran y alcanzó aquel momento tan esperado. «Es la plaza que más me ha hecho soñar hasta que llegó ese momento», afirma.
Y aunque aquella Puerta del Príncipe ya forma parte de su trayectoria, reconoce que la Real Maestranza continúa siendo una de las plazas que más le hacen soñar en la actualidad. Son muchas las anécdotas que conserva relacionadas con Sevilla y con su búsqueda de aquel triunfo, y entre ellas concede un lugar especialmente relevante a las experiencias vinculadas con la Virgen de la Estrella.
«Quizá gracias a la plaza de toros de Sevilla y gracias a la Virgen de la Estrella hoy estamos sentados aquí», afirma durante la entrevista.
La Virgen como una figura maternal
El vínculo espiritual que Roca Rey mantiene con la Virgen alcanza una dimensión especialmente íntima cuando explica que se siente protegido por Ella y que siempre ha tenido esa sensación.
«Algunos me llamarán loco. Pero sí tengo una sensación de que es como mi mamá. Como mi madre», manifiesta. Esa percepción la relaciona directamente con su propia madre, Mercedes, a quien describe como «una persona muy transparente, muy fuerte, buena» y a la que considera un ejemplo.
El torero explica que, de alguna manera, también ve reflejada a su madre en la Virgen y que se siente querido por ambas: «La verdad que me siento muy querido por las dos».
El vínculo con la Hermandad de la Estrella
Roca Rey también pone en valor la relación que mantiene con la propia Hermandad de la Estrella y agradece especialmente la acogida que recibe cada vez que acude a la capilla.
Su profesión le obliga a viajar constantemente y a afrontar horarios muy complicados, lo que hace difícil disponer de días libres. Por eso concede un valor especial a las ocasiones en las que puede acercarse a ver a la Virgen.
Explica que incluso cuando las puertas de la capilla podrían encontrarse cerradas por sus horarios, la Hermandad se las abre con todo el cariño, un gesto que asegura valorar y agradecer profundamente.
«Me siento muy querido en la hermandad», afirma, antes de reiterar su agradecimiento por las ocasiones en las que la corporación facilita su visita a la Virgen pese a las dificultades derivadas de su actividad profesional.
La ilusión ante el festival de 2026
La entrevista concluye mirando hacia uno de los próximos acontecimientos que Roca Rey afrontará en Sevilla. El torero se refiere al festival de la Virgen de la Estrella en la Real Maestranza de Sevilla, previsto en 2026, una cita que espera vivir de manera especialmente intensa.
Roca Rey reconoce que tiene «muchísimas ganas de torearlo» y define la jornada como un día que le produce una «especial ilusión», un sentimiento que conecta directamente con la relación que ha construido durante años con la Virgen de la Estrella, con la Hermandad y con la ciudad que terminó convirtiéndose en uno de los escenarios fundamentales de su vida personal y taurina.
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