Pasó. ¡Gracias a Dios! Ya no tendremos que aguantar a egocéntricos vanagloriándose, sin mencionar a las muchas personas que han estado trabajando a destajo durante muchos días previos silenciosamente y en anonimato.
No vengo hablarles de retrasos, ni de la CO infumable sin música (salvo excepciones como Amarrao de Lucena, Penas de Santiago…), ni de lo desangelada que estaba y la tristeza que emana el ambiente. No, no es esa mi intención. Al contrario, vengo a hablarles de detalles bonitos vividos por una servidora y que son mis recuerdos de la Magna cordobesa. Recuerdos que sobrepasan todo lo feo que pudiera pasar.
Comenzamos con el café de siempre, con los ojos vidriosos henchidos de emoción por acompañar a la Madre de Dios por nuestra ciudad, por ofrecérsela a Córdoba, porque sí señores, cuando La Paz sale de Capuchinos, es del pueblo y para el pueblo. Yo tengo la suerte de tenerla durante todo el año. Y así sucedió. De nuevo, el fervor popular se adueñó de su paso, de su andar y demostró su amor hacia la Paloma de Capuchinos. Pero nada más salir llegó el primer momento. La Hermandad de Los Dolores tuvo a bien abrir sus puertas al paso del palio de la Niña de Cerrillo para poder contemplar a Nuestra Señora de los Dolores en todo su esplendor y se pudieran mirar la primera y la última dolorosa coronada.
Me llegó la noticia de un detalle que hizo que recuperara la confianza en las juntas de gobierno y volviera a pensar que aun se pueden hacer las cosas bien. El Señor de la Redención llevaba la medalla de una hermana que recientemente ha sido operada. Y la llevaba a sus pies, como ella siempre ha ido, junto a Él, pero que en esta ocasión tuvo que ser espectadora desde el sofá de la casa. No obstante, su corazón iba con sus hermanos de La Estrella.

Pero si hubo un momento por el que todo mereció la pena fue lo vivido en San Pablo. Esperanza y Paz cara a cara. Y no podía ser de otra forma, con Rocío como testigo de excepción. ¡Qué emoción más grande! Contemplar la cara morena de la gitana guapa y la de la joya de Córdoba, es algo que no se puede explicar. Esperanza y Paz de Córdoba, que demostraron una vez más la magnitud y el fervor de su advocación, así como la fuerza de sus cofradías. Y es que la Paz trae la Esperanza, pero es que la Esperanza da Paz. Todos los allí presentes pudimos vivir algo histórico que nos llenó el corazón de Esperanza para sobrellevar el camino de la vida.
Y así, el día de después, con el cuerpo aun resentido (la edad no perdona), sigo estando frente a frente a los ojos de Aquéllas que mi padre me enseñó a amar por encima de todo.
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