El mismo día en que uno de sus hijos, pregonero de Sevilla para más señas, convocaba los sevillanos para salir a la calle a dar testimonio de fe y al mismo tiempo defender la esencia de sus cosas y su Semana Santa, en otro rincón de la ciudad de San Fernando, donde florece la ciencia que algunos quieren contraponer con la fe, el Cristo de la Buena Muerte, sobrio, imponente sublime, como siempre, protagonizaba su tradicional besapies.
Una cita esencial para cofrades y estudiantes, para estudiantes y cofrades, para sevillanos todos, de nacimiento o de adopción, que se postran ante el Hijo de Dios muerto, entregado al odio irracional para salvar al mundo de sí mismo. Y ante Él, como siempre, nuestro compañero Benito Álvarez, para regalarnos una nueva maravilla en forma de crónica gráfica y evidenciar, a través de su objetivo, el porqué de la declaración de intenciones que José Antonio del Rey Tirado puso encima de la mesa al hablar de su hermandad al mundo entero. «Soy cristiano, soy creyente, soy de los Estudiantes… por Él y solamente por Él.





