💚 El Rincón de la Memoria

Tiempo de rostrillos

Aunque antaño fue una pieza fundamental en el atuendo de las dolorosas, con el paso del tiempo se convirtió en un accesorio más que imprescindible. Sin embargo, todavía algunas imágenes lucen rostrillo como una de sus señas de identidad. En noviembre, proliferan además las Vírgenes que suelen lucirlo.

El rostrillo fue considerado como un aderezo imprescindible décadas después de que la condesa de Ureña, camarera de la reina, decidiera vestir a la Virgen de la Soledad con toca de viuda, valiéndose para ello de los mejores trajes con los que contaba. Corría el siglo XVI y la tercera esposa de Felipe II, Isabel de Valois, encarga a Gaspar de Becerra una talla de vestir que recibió culto en la iglesia conventual de los frailes mínimos de Madrid. Esta Virgen de la Soledad marcaría el camino a seguir en cuanto a la vestimenta se refiere no solamente en el resto de España sino también en las posesiones de ultramar que el imperio español tenía repartidas a lo largo y ancho del mapa.

La Virgen de la Soledad llegó a salir varias veces al año en procesión, destacando sobre todo la que tenía lugar en la tarde noche del Viernes Santo. La importancia de esta imagen fue tal que a principios del siglo XVII llegó a contar hasta con dos mil personas que acompañaban a la sagrada imagen. Si hoy en día un cortejo de estas características nos parece numeroso, en el Madrid de la época era más que un indicio del alcance que la Virgen de la Soledad tenía, creándose copias que imitaban a la original, no solamente en escultura sino también en lienzos. Por lo tanto, la indumentaria comenzó a copiarse rápidamente por quienes vestían las representaciones de María, a lo que también ayudó la expansión de la orden de los mínimos.

La condesa de Ureña decidió vestir a la Virgen de la Soledad con el recogimiento y la sobriedad característica de la época y que los Austrias cumplían como una de sus máximas. Vestida de negro, la Virgen solo tenía visible parte del rostro, estando ocultas orejas y cuello. De este modo, se pretendía que esta indumentaria incidiera todavía más en la sobriedad que caracterizaba a una mujer viuda. Los siglos venideros continuaron teniendo a la Virgen de la Soledad como referente a la hora de vestir las imágenes. Sin embargo, fueron añadiéndose piedras preciosas alrededor de la toca, apareciendo la utilización del rostrillo, que sería una evolución del atuendo que la condesa utilizó. Las hermandades fueron presentando a las dolorosas con rostrillos que añadían bordados y piedras preciosas, principalmente obsequios de aristócratas y personalidades relacionadas con la nobleza.

De entre las imágenes que más se aproximan a la toca de viuda nos encontramos en Granada un claro ejemplo, como es el de la Virgen de la Soledad, obra de José de Mora, que se encuentra en la parroquia de San Gil y Santa Ana. Aunque su indumentaria es totalmente distinta, la Virgen de las Angustias, patrona de la ciudad nazarí, conserva la característica de tapar lo máximo posible el rostro. Otra de las dolorosas de la ciudad que suele lucirlo es la Virgen de los Reyes, de la hermandad del Vía Crucis. En Sevilla, un claro ejemplo lo encontramos en la Virgen del Tránsito, del Pozo Santo. En Córdoba destaca la Virgen de la Soledad del palacio de la Merced, mientras que también está presente en la Virgen de las Tristezas, del Remedio de Ánimas, y la Virgen de los Dolores, imagen que, curiosamente, no llevaba rostrillo a finales del siglo XIX. Sin embargo, estas dos últimas ya lucen el típico rostrillo, más ricamente exornado.

Ya en el siglo XVIII, una copia pintada de la Virgen de la Soledad de Madrid que se encontraba en la calle de la Paloma, en la capital, adquiere fama de milagrosa, siendo trasladada a la parroquia más cercana. Comenzó también a reproducirse esta imagen con mayor rapidez, pues ya había obras que la representaban, como en el lienzo que puede contemplarse en la catedral de Granada, obra de Alonso Cano, o el que se conserva en el convento de Santa Clara, de Carmona, anónimo del siglo XVII. Y también proliferaron los azulejos cerámicos, como el de la Virgen de la Soledad que se encuentra en el hospital de Mujeres de Cádiz, anónimo del siglo XVIII.

El rostrillo también tuvo su influencia en las hermandades de Gloria. De quienes lo conservan, la Virgen del Rosario, copatrona de Granada, la del Socorro y Carmen de Córdoba o la Virgen de la Cabeza, patrona de Andújar y de la diócesis de Jaén, cuyas réplicas también lo lucen. Otros ejemplos son la Virgen de la Candelaria, patrona de Tenerife y de las islas Canarias, Consolación y Mesa de Utrera, Rosario de Rota, Fuensanta de Alcaudete (Jaén), Rocío de Almonte, Araceli de Lucena, etc.

Por ser precisamente un elemento que se relaciona con la toca de viuda, aunque de manera evolucionada, es habitual encontrarlo durante este mes de los difuntos a algunas de las imágenes marianas ataviadas con el particular rostrillo. La moda de presentar las imágenes con el rostro más descubierto provocó la desaparición de un elemento que había sido predominante en centurias pretéritas. En cuanto a la Virgen de la Soledad que tallara Gaspar de Becerra, esta sería destruida en 1936. A pesar de ello, siempre estará relacionada con una vestimenta sin que la que sería imposible escribir la historia de los atavíos en las dolorosas.

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