Habrán tenido, casi seguro, la ocasión de observar la «curiosa» instantánea que este año tomó un fotógrafo (desconozco quién sería. Por ése, y no por otro motivo, no cito a su autor antes de que nadie se ponga susceptible) que mostraba a un grupo de jóvenes sentados en la acera jugando a las cartas mientras el paso de la Soledad de San Lorenzo transitaba junto a ellos sin que los mismos parecieran ni siquiera inmutarse. Otra fotografía que ha circulado por ahí (y de la que también desconozco a su autor) presentaba a una familia más o menos numerosa apostada en la calle con sus platos, sus vasos y sus viandas listas para ser degustadas… esperando el paso de alguna cofradía y, supongo, que matando el tiempo.
¿Cómo hemos llegado a esto? ¿Cómo es posible que haya sido posible contemplar estas escenas? Bueno, las redes sociales hacen mucho, para qué nos vamos a engañar. La posibilidad de mostrarse ante el mundo entero haciendo… ¿el lila? ha hecho pupa de verdad. Una persona ante una cámara de fotos parece que pierde el oremus con una facilidad pasmosa. Y los móviles con cámara son una bomba de relojería. La combinación de redes sociales y fotografías genera monstruos sorprendentes. A ello le sumamos la mala educación del personal (a la que recientemente dedicamos un artículo completo) y las ganas de dar envidia a los amigos (el motor que alimenta el uso que los españoles damos a whatsapp, facebook, twitter, instragram, etc…) y ahí está el cóctel explosivo. En cualquier caso me van a permitir que les diga una cosa: esta «fauna» que parecen ahora descubrir en Sevilla ya se había manifestado en Córdoba con anterioridad en el tiempo. Yo estoy harto, pero harto, de verla en el Jueves Santo cordobés. Con el paso se ha ido extendiendo a otras cofradías y a otras jornadas de la Semana Santa, pero el foco que la atraía se generaba en una dada en procesionar con un elemento que de cofrade no tiene nada.
La gente hoy día va a ver cofradías porque toca, no porque necesariamente les guste. Y claro, si no saben comportarse, pues es difícil esperar algo positivo de ellos en la calle. Es Jueves Santo, ¿qué hago? Salir a ver cofradías. No me gusta, pero como todos van, pues ahí voy yo. Ya luego nos iremos a tomar café o caracoles o de copas… Y así todos acabamos en todas partes. Yo, personalmente, no me lo acabo de explicar. Será que soy muy raro, pero, digo yo, que si a mí no me gusta el carnaval francamente no creo que en el Teatro Falla pintase absolutamente nada.
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