Tres cuartos de siglo calmando la Amargura de Córdoba

La hermandad de Jesús Rescatado, que se encuentra inmersa en la celebración del LXXV aniversario de la llegada de María Santísima de la Amargura a la corporación, conmemora precisamente este viernes, con un besamanos extraordinario y una misa de acción de gracias, el día en que la Madre del Nazareno llegó a nuestras vidas. Una efemérides que tendrá su histórico epílogo con la presencia de la Virgen por las calles cordobesas que tendrá lugar en apenas unas horas protagonizando el rezo de la corona dolorosa en la que visitará los templos del barrio en el que habita.

Rebuscando en la historia de la hermandad, María Santísima de la Amargura llegó a la cofradía de la Plaza del Alpargate, en medio del drama latente por la confrontación fratricida que acababa de concluir, como la realización de un deseo que la Junta de Gobierno había albergado desde la fundación de la hermandad. Un deseo que no se demoró mucho, ya que fue en 1942 cuando el escultor José Callejón dio forma a la que habría de convertirse en la querida titular mariana de la corporación para realizar su primera estación de penitencia en el año 1945.

No obstante, ese primitivo aspecto de la Virgen de la Amargura desaparecería con la intervención acometida por el insigne Juan Martínez Cerrillo en 1966. Con aquella remodelación la dolorosa experimentaría una sucesión de notables cambios fácilmente apreciables en su rostro que, ahora, había perdido su característica redondez para pasar a tener unas formas más planas y acordes con la moda. Aunque sin duda lo más destacable del proceso llevado a cabo por Cerrillo y que hizo que su expresión se transformase en otra totalmente distinta fue el cambio de la dirección de su mirada al frente, antes elevada al cielo y con gran fuerza expresiva.

Décadas más tarde, ya en 1999, María Santísima de la Amargura hubo de volver a someterse a un nuevo proceso de restauración que se confió a los imagineros Francisco Romero Zafra y Antonio Bernal, dotándola de una recuperada belleza enfocada en gran medida en la policromía y reformando, por otro lado, su afectado candelero en cuyo estado había causado estragos el paso del tiempo.

Hoy, la Virgen de la Amargura ha logrado abrirse el lugar de privilegio que merece en una hermandad eminentemente cristífera, pero que ha sabido darle el sitio de relevancia que le corresponde a su dolorosa, a medida que la hermandad del Domingo de Ramos ha logrado establecerse como una de las corporaciones cordobesas de mayor reconocimiento, recibiendo las constantes visitas de los fieles que durante todo el año se acercan a su sede para devolver la mirada al Señor de Córdoba y sentirse arropados por la ternura maternal que se desprende de María Santísima de la Amargura.