Un homenaje a Antonio Illanes y la inspiración en Dalí, elementos presentes en el proceso creativo del cartel de César Ramírez para ilustrar el 75 aniversario del Cristo de Las Aguas

La sede canónica de la Hermandad de las Aguas, en la Calle Dos de Mayo, fue hace unos días el escenario de la presentación del cuadro anunciador del 75 aniversario de la bendición del Santísimo Cristo de las Aguas realizado por el artista sevillano César Ramírez. Una presentación que tuvo lugar tras la Jura de Hermanos ocurrida a la finalización del primer día de Triduo de María Stma de Guadalupe. Se trata de una obra que lleva por título «CORPUS TEMPUS PRISMATA», un Óleo sobre lienzo sobre el cual, el propio autor ha explicado que «El honor y responsabilidad de realizar esta nueva obra te llena desde el momento que analizas la importancia de la talla del Santísimo Cristo de las Aguas tanto a nivel artístico como simbólico para un momento que fue muy delicado para la Hermandad de Las Aguas tras perder todas sus imágenes en aquel desgraciado incendio del año 1942».

 

«A partir de entonces se podría hablar del renacer de la hermandad con un referente claro en la talla que había creado el imaginero y entonces Hermano Mayor Antonio Illanes. Ese momento concreto justo, cuando la Hermandad adquiere la nueva talla del Stmo Cristo de las Aguas, es el que yo plasmo en el cartel, – ha subrayado Ramírez – donde un Illanes aparece en tonos sepia cargado de la pátina del pasado terminando la talla de un crucificado que posteriormente adquiriría la hermandad y que hasta ese momento se mostraba sin apenas sangre y sin llaga en el costado en un estado de libre pureza creativa, con una encarnadura aceitunada y un paño de pureza en tonos marfil y pequeñas flores doradas».

El dosel morado que lo abriga se descompone en doce partes para que al igual que hicieron los doce apóstoles pasen a conformar la cruz de la iglesia, una cruz de luz ambarina que evoca aquella primera cruz plana sobre la que Illanes clavo al Cristo y reforzada por un círculo blanco a modo de Ostia Consagrada. Y finalmente el tiempo, 75 años de historia que recogen cada parte del dosel que a modo de prismas de tiempo en referencia al Corpus Hypercubus de Dalí reflejan las efemérides más relevantes de aquel imaginero y su Cristo como su fecha de nacimiento el 9 de octubre de 1901 y fallecimiento el 2 de mayo de 1976, así como el año de 1943 cuando se bendice la talla y se traslada la hermandad a la Iglesia de Santiago, el año de 1955 cuando se produce el posterior traslado a la Iglesia de San Bartolomé y finalmente el año 1977 cuando ya se instala la hermandad en la actual Capilla de la Virgen del Rosario.

Para el cuadro se han usado las tonalidades y colores propios de la hermandad como son el blanco y el morado así como el brillo ambarino de la divinidad y que como también podría representar el albero del Arenal. «Ya para terminar no podían faltar las referencias contemporáneas que suelo meter en mis carteles, referencias al mundo de la comunicación global, que es la que actualmente definen nuestros tiempos a través de los símbolos como el @ y el #», ha concluido el autor. 

Para desarrollar el proceso creativo de cartel, el autor ha analizado la documentación fotográfica disponible del escultor Antonio Illanes y el Cristo de Las Aguas. Destacan sobre todo las dos fotografías que se conservan del Cristo cuando estaba expuesto en Madrid en la feria de Arte Sacro y la imagen de Illanes tallando el Cristo de Morón de la Frontera, cuya referencia ha servido a Ramírez para concebir la obra. Como el propio autor ha explicado, una vez adquirida la imagen por parte de la hermandad se le abrió la llaga en el costado y se le incorporó el reguero de sangre como se puede ver en la fotografía a color del Cristo sobre el dosel morado de Carpe Diem Fotografía. Una obra para cuya ejecución, el pintor sevillano se ha inspirado en el Corpus Hypercubus de Dalí, donde al igual que en el cartel el crucificado está libre de estigmas y sangre en toda su pureza creativa.

Un crucificado con una historia singular

La imagen del Santísimo Cristo de las Aguas fue realizada por Antonio Illanes en el año 1940. Este Crucificado vino a sustituir al anterior Titular de la Hermandad, obra también del mismo imaginero, y que desapareció en el incendio que sufrió la capilla que la Hermandad poseía en la parroquia de San Jacinto la noche del 29 de octubre de 1942.

Tras el incendio, Antonio Illanes, que en ese momento ostentaba el cargo de Hermano Mayor de la Hermandad, se hizo cargo rápidamente de la sustitución de la imagen y tan sólo unos días después del suceso se firmó el contrato para la adquisición de este Crucificado con el que el artista había sido galardonado dos años antes con el Primer Premio de la Exposición Nacional de Arte Sagrado y que fue bendecido en 1943 con la referida advocación.

Illanes realizó en este Crucificado una de sus obras más singulares, en la que combinó la tradición de la imaginería barroca sevillana con ciertas aportaciones propias más contemporáneas, entre las que habría que destacar, por desaparecida, la presencia de una cruz plana como patíbulo de Cristo y no la arbórea en la que aparece actualmente.

Es una talla de Cristo clavado en la cruz por cuatro clavos, siguiendo las revelaciones de Santa Brígida, aunque tiene la particularidad de que sus piernas no se cruzan, como es más habitual en este tipo de representaciones, si no que se muestran en disposición paralela.

Desde el punto de vista estilístico, la imagen muestra claras influencias de los Crucificados de Juan de Mesa, sobre todo en el sudario, anudado en el lado derecho, aunque el autor no intentó realizar una mímesis de las tallas del siglo XVII, incorporando algunos rasgos propios más contemporáneos como el modelado más suave, el volumen en el paño de pureza y el realismo en el rostro, lo que confiere a la obra una gran personalidad.

Sin duda, destaca la portentosa cabeza del Crucificado, realizada con la intención de portar corona de espinas, aunque nunca la llevó, y la fuerza expresiva de su rostro, con los ojos semicerrados y sin vida, y la boca abierta, que permite la contemplación del tratamiento de los dientes y la lengua. Ha sido restaurada por Francisco Pélaez del Espino en 1980 y por Enrique Gutiérrez Carrasquilla en 2008.