Solemne clausura del triduo en honor de la Virgen de la Paz
La Hermandad de la Paz y Esperanza ha puesto el broche final a los cultos celebrados en honor de la Virgen de la Paz con la función principal, acto que culmina el triduo que la corporación dedica cada mes de enero a su titular mariana coincidiendo con su festividad. La celebración estuvo presidida por Monseñor Salvador Aguilera López, en un contexto litúrgico de especial relevancia para la vida interna de la hermandad y para la comunidad devocional que la rodea.
Presencia institucional y gesto de comunión con la Iglesia universal
Durante el desarrollo de esta jornada, Salvador Aguilera López dejó constancia oficial de su paso por la corporación mediante la firma en el libro de honor, un testimonio que pasa a formar parte del legado histórico de la hermandad capuchina. Junto a este gesto, antes de finalizar la eucaristía, realizó la donación de un rosario procedente de la Santa Sede, pieza cargada de significado espiritual que refuerza el vínculo de la corporación con el ámbito pontificio.
Lectura pública de la bendición del Santo Padre
Uno de los momentos de mayor solemnidad fue la misiva enviada desde Roma con la bendición de Su Santidad León XIV, dirigida expresamente a los hermanos de la cofradía y a todos los fieles asistentes. La bendición fue leída por el propio Salvador Aguilera López, subrayando así el carácter directo y personal de este mensaje pontificio, recibido en un clima de recogimiento y profundo respeto.

Donaciones y documentos de alto valor simbólico
El texto consignado en el libro de honor y el rosario entregado se integran en el conjunto de aportaciones realizadas por Salvador Aguilera López, quien fue presbítero de la Archidiócesis de Toledo y desempeña en la actualidad el cargo de titular del Dicasterio para el Culto Divino y de la Disciplina de los Sacramentos, además de ejercer como capellán de Su Santidad León XIV. A estas donaciones se suma una carta del propio Santo Padre, en la que se hace llegar de manera expresa su bendición a todos los hermanos de esta cofradía.
Encuentro fraterno en la casa de hermandad
Tras la finalización del acto principal, tuvo lugar un encuentro de carácter íntimo en la casa de hermandad, en el que Salvador Aguilera López compartió unos momentos con los hermanos que le acompañaban. En este contexto, obsequió a cada asistente con una estampa personalizada de la Virgen de la Paz de Ronda, en la que dejó anotado que la corporación debería peregrinar, aportando así una dimensión espiritual y pastoral añadida a este encuentro fraterno.
Vinculación emotiva con la advocación de La Paz
Al término de la ceremonia, Salvador Aguilera López explicó su profunda vinculación con la advocación de La Paz, patrona de su localidad natal, Ronda, lo que añadió un componente de emotividad y cercanía personal a todo lo ocurrido, intensificando la resonancia espiritual del acto entre los presentes.
Un testimonio personal marcado por la cercanía y la humildad
La presencia de Salvador Aguilera López estuvo acompañada en todo momento por una actitud de amabilidad, cercanía y humildad, cualidades que fueron percibidas por todos los presentes. Su trato sencillo y accesible, unido a la profundidad simbólica de sus gestos, dejó una huella destacada entre los asistentes, consolidando una jornada que trasciende lo ceremonial para quedar inscrita en la memoria espiritual de la Hermandad de la Paz y Esperanza.













