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El Capirote, Opinión, Sevilla

Un tema que hace daño

Las fotografías publicadas por el Ministerio de Cultura han provocado que esta semana se hayan convertido en un tema de referencia en Sevilla. Y es que, en la capital se han erigido como el principal y único núcleo de debate, si nos atenemos a las Hermandades y Cofradías que han manifestado su rechazo hacia la publicación de estas instantáneas.

Sobre la politización del tema podrían escribirse ríos de tinta. La ideología de los medios, tan patente en la prensa desde los tiempos del sexenio democrático no ha estado ausente durante esta semana. Y ahí también ha habido referencias no solamente emitidas por profesionales de la educación sino por medios y portales cofradieros que no han dudado en escribir claramente sobre una polémica que ¿hubiera sido la misma si se hubiera publicado bajo el mandato de otro gobierno?

De los medios que han informado de esta polémica solo hemos conocido una de las partes. Llámenle interés o puede que otros prefieran tildar la parte opuesta como carente de valor, pero la imparcialidad ha brillado por su ausencia. Y no hace falta tener que acudir a la Facultad de Comunicación para preguntar a cualquier profesor sobre qué le ha parecido el tratamiento de un tema que ha levantado ampollas o buscar en la hemeroteca para sacar a la luz tanta contradicción que se mantiene en la red aunque pasen los lustros.

No se recogen las opiniones de Marisa Rivera, presidenta de la Asociación Profesional de Conservadores Restauradores de las Instituciones Museísticas ni de Diana Pardo, presienta del grupo español del International Institute for Conservation. Tampoco de Borja Adsuara, abogado especializado en propiedad intelectual, quien afirma que no ve conflicto. Unas declaraciones, las de estos profesionales, que solo encontramos en medios de tirada nacional, los que también recogen las críticas vertidas por la parte ofendida.

SI nos ceñimos al ámbito privado, el hablar de un tema que hace daño acaba provocando que además de verbalizarse —o escribirse, en este caso— repercuta negativamente levantando un revuelo que solo busque revolverse de manera hostigado contra los autores de tal hazaña. Cuando hay temas que hieren, quizá, además de tratar de ser lo más imparcialmente posible, se requiera de una proyección menos incendiaria para intentar calmar los ánimos, pues puede que la reacción se convierta en desmesurada y además de caldear el ambiente, otra vez se nos ponga en la palestra y tengamos que observar nuevamente la de insultos y mofas que recibimos quienes defendemos nuestros sentimientos religiosos.

En ocasiones la visceralidad con la que se tratan ciertos temas acaba rompiéndonos por dentro, y una vez estalla, nos coloca en una difícil posición de ser el centro de las críticas contra el resto, que cada vez es más intolerante. Aquí, como un engranaje, la información ha vuelto a espolear los ánimos con un interés que la mayoría desconoce. Decía San Isidoro de Sevilla que “si no puedes evitar la ira, témplala al menos; si no puedes precaver el furor, cohíbelo al menos”.

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