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Córdoba, Galerías

Un toque de elegancia y altas dosis de luminosidad

Dicen los más sabios del lugar que la puesta en escena se antoja uno de los elementos esenciales que configuran el éxito de un nuevo proyecto. Una puesta en escena que debe descansar en sólidos cimientos, qué duda cabe, y que la perfecta combinación debe aderezarse con altas dosis de ilusión que tamicen y potencien todos estos factores aglutinadores para convertir los sueños y las iniciativas derivadas en realidades tangibles. Una cita que, una vez más, ha vuelto a propiciar, por segundo año consecutivo, la mezcla perfecta entre una serie de detalles que se han fundido, en dosis adecuadas, para concebir la que va camino de convertirse en una hermosa tradición, la primera procesión del año.

Un éxito indiscutible en la que se mezclan la efímera e indisoluble luminosidad del alumbrado navideño, que trufa los rincones de las calles más céntricas de la ciudad de San Rafael, el frío de los primeros días de enero, el regusto inconfundible de las cosas bien hechas que siempre destila la hermandad del Sepulcro, organizadora de esta salida procesional, junto al colegio de la Inmaculada y la Fundación Santos Mártires, la seriedad que la corporación de Santo Domingo de Silos imprime siempre en cada uno de los eventos que protagoniza y la inabarcable ilusión que emana de los jóvenes corazones que se han convertido en protagonistas de las miradas de los cofrades que, siempre ávidos de salidas procesionales que llevarse a la boca, se han dado cita en las inmediaciones de Santo Domingo de Silos para ser partícipes de esta cita que ya ocupa un lugar predominante en el calendario de los paladares más exquisitos.

El sabor que destila esta procesión del Niño Jesús de la Compañía goza de la reminiscencia de la elegancia del Viernes Santo, tamizada de la insultante juventud de quienes la han vuelto a materializar, partícipes de esta pequeña gran escuela de cofrades en la que paulatinamente se va convirtiendo, para los más jóvenes de la hermandad, esta cita que abre el calendario del año de la Córdoba cofrade. La tarde del 2 de enero ha vuelto a suponer un intenso oasis en medio de la chabacanería predominante en las fiestas que tanto gustan de potenciar determinados sectores sociales para alimentar de altas dosis de elegancia los rincones por los que se ha desarrollado, enclaves como Santa Victoria, la Barroso o la Plaza de San Juan, que se han inundado de incienso y magia por obra y gracia de quienes saben aportar distinción en cada una de sus obras.

Al son pausado que marca el latido de la tradición heredada, un nutrido cortejo ha anunciado la llegada del Niño Jesús de la Compañía en su flamante paso, toda una catequesis itinerante que ha vuelto a recorrer las calles, a hombros de una valiente y joven cuadrilla que ha sido capaz de proyectar una interesante simbiosis con el repertorio clásico que ha regalado la Agrupación Musical Sagrada Cena, demostrando una vez más el paso firme de esta nueva etapa en la que se halla inmersa, a los afortunados que se han citado al paso de la procesión. Una procesión que continúa profundizando sus pasos por el sendero de la estabilidad precisa, para convertir la primera procesión del año en insustituible, sobre los sólidos cimientos de la ilusión que brilla en las miradas de los cofrades del futuro.

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