Un tributo a los vestidores anónimos del siglo XIX

Pocos son los elegidos capaces de desarrollar con plena capacidad el arte de vestir a la Virgen, potenciando las cualidades de una imagen devocional con el inequívoco objetivo de remover el alma que quien a su visión de enfrenta y convocar a la oración y la introspección. Un arte que pone al servicio de la Madre de Dios la creatividad de la que unos pocos afortunados han sido dotados por la mano del destino y el desarrollo de su sabiduría adquirida.

Así ocurre con el artista cordobés Antonio Villar, que en los últimos tiempos viene regalando a Córdoba toda una suerte de creaciones que dan buena cuenta de sus condiciones innatas para ejercer este arte y el conocimiento que ha ido atesorando en virtud de años de labor. Una capacidad que, cada año por estas fechas, tiene por destino a la titular de la Hermandad de la Sentencia, María Santísima de Gracia y Amparo, “la primera que siempre visto de luto porque Ella tiene los cultos a mediados de noviembre y hay que volver a cambiarla”, recuerda el propio Villar a Gente de Paz.

En esta ocasión, el vestidor ha querido rendir un sentido tributo a los vestidores anónimos del siglo XIX, con una creación concebida ad hoc para la Reina de San Nicolás. Un guiño a los vestidores decimonónicos a través de un tocado de gasa antigua comprada para la ocasión, dispuesto de forma clásica y asimétrica. Adicionalmente, la Virgen lleva un hábito muy antiguo de principios del siglo XIX que perteneció a la imagen de San Nicolás de Bari que existe en la céntrica parroquia, rescatado y adaptado expresamente para Gracia y Amparo, y luce un manto de vistas con unos bordados antiguos que adquirió la corporación del Lunes Santo con tal fin. Un homenaje materializado en una composición que remueve el sentimiento y agita las almas para mayor gloria de la Virgen María.