Cádiz vivió una jornada tremendamente histórica el pasado 17 de septiembre con motivo de la procesión Magna celebrada en la ciudad por el 300 aniversario de la colocación de la primera piedra de la Catedral de Cádiz. La ciudad puso su nombre a la altura que merece en el olimpo de las Semanas Santas de Andalucía, con una imaginería excepcional, un personalísimo estilo de carga y de andar, y unos enclaves por los que transitan las hermandades, que convierten cualquier chicotá en un auténtico sueño hecho realidad. Por ello, nos proponemos desde este portal rescatar algunos momentos vividos en la Tacita de Plata en tan importante acontecimiento, que bien podría ser un punto de inflexión en lo que se refiere al prestigio y repercusión de su Semana Santa.
La perla de occidente. Un singular enclave inmerso en el Atlántico en el que cada una de sus travesías guarda una historia que mostrar al mundo Lugares que vieron nacer la fraternidad de sus inmemoriales Cofradías entre la cal y la piedra. Enclaves singulares como el que hoy ocupa la calle Plocia, espacio donde se asienta la casa de hermandad de una de las Hermandades más especiales de la Tacita de Plata.
Originaria de la antigua Fábrica de Tabacos de la capital, la Corporación de las Cigarreras prestó su espectacular Misterio a los brazos de Cádiz y los gaditanos durante la procesión magna. Instantes de emoción y reencuentro con el Señor de la Salud, Imagen atribuida a Francisco de Villegas datada en el siglo XVII, que recorrió, sentado sobre su trono, las calles del centro de la ciudad ante la atenta mirada de los dos soldados romanos y el sayón, los cuales completan una escenografía muy singular que representa el momento posterior a la coronación de espinas.
Nos adentramos de lleno en la calle Plocia y atisbamos el dorado paso, de estilo barroco, de Guzmán Bejarano. Suena el clásico de José Manuel Mena Hervás, «Entregado a su Pueblo» interpretado por la excelsa y titular banda de Nuestro Padre Jesús de la Salud de Cádiz que dispuso el punto musical al Misterio durante el recorrido de vuelta.
El sonido de las horquillas se acompasan con la marcha y el dulce estruendo de las trompetas rompe con el tema principal de la composición mientras el público estalla en aplausos. Un momento especial que precedió a otra de las marchas comodines utilizadas en los grandes momentos del recorrido, como es el canto litúrgico de «Oh Pecador», el cual brindó al Sagrado Misterio una delicada chicotá para alcanzar el punto intermedio de la calle.





