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Sevilla, ⭐ Portada, 💚 El Rincón de la Memoria

Una restauración secreta de la Virgen de los Reyes que terminó en polémica

«Estas efigies han sufrido muchas restauraciones, entre ellas la de adaptación a su actual conjunto. Fue una la ocurrida en 1926, advertida en el momento de su anual procesión de agosto, en la que los fieles reconocieron ciertos repintes en su rostro». Son las palabras con las que comienza Juan Carrero refiriéndose a la intervención de la Virgen de los Reyes. Un secreto que el 15 de agosto terminó siendo revelado durante la procesión anual.

Aquel año de 1926 los devotos habían acudido a los actos agosteños convocados en honor de la que ya consideraban como su patrona. Algunos habían notado un cambio en el color pero dada la distancia no pasó de un simple murmullo. Pero la mañana del día 15, pudiendo contemplar de cerca el rostro de la Virgen, la muchedumbre descubrió que la efigie gótica había sido intervenida. Notaban repintes, cambios en el color… Tales fueron los comentarios que la prensa da buena muestra de ello.

La procesión de Nuestra Señora de los Reyes en 1919. Foto Serrano

El diario El Noticiero sevillano el 18 de agosto en su tercera página expone: Doble sacrilegio. Ha sido restaurada la cara de la Virgen de los Reyes. El texto, firmado por el ilustre Santiago Montoto viene a refrendar lo que muchos habían observado durante la procesión de la patrona. «Con sorpresa y dolor supe que el rostro de la venerada imagen de la Virgen de los Reyes había sido retocado. Necesité verlo para creerlo, Tan horrible atrocidad —que diría el clásico— me parecía imposible… y el hecho es cierto. Una mano criminal, obedeciendo a dictados de una inteligencia menguada, ha cometido el doble sacrilegio de profanar una imagen bendita que es, al propio tiempo, joya arqueológica de extraordinario mérito artístico». Y añadía: «Se ha necesitado que un cualquiera, rastreando por las gradas del trono de Nuestra Señora y cuyo nombre aún no se sabe, arrogándose facultades que no le competían, ponga sus pecadoras manos donde sólo debió fijar los ojos y el corazón. Supongo, rectamente pensando, que tal absurdo fue iniciativa particular y a la cuál será ajeno el Cabildo Metropolitano. Si esto es así, como suponemos, precisa que a la Ciudad se le dé una explicación de lo sucedido y sepamos el nombre del autor de tan bárbaro atentado, para que de aquí en adelante se sepan las seguridades que en nuestra Catedral tienen, no ya lo objetos de valor, si no al par las obras de arte que encierra dentro de sus muros».

Por las palabras de Santiago Montoto podemos intuir que el enfado era generalizado. Incluso llegaba a plantear que si hay alguien que toca la cara de la Virgen qué podría suceder con San Fernando: «Quién nos asegura que el día de mañana no veamos el cuerpo […] vestido a la última moda, ya que sus vestiduras están viejas y destrozadas?». Todavía no se conocía el nombre de la persona que había hecho tal restauración, aunque no tardaría en publicarse.

 También Bello-Trillo, en El Liberal, se preguntaba: «Tocar a la Virgen para hacer desaparecer de su imperial cara señeras señales no es solo una profanación, sino una blasfemia. Nosotros somos una misma cosa de nuestros antepasados, con los que hoy vivimos y los que mañana vendrán. Respetemos pues lo que ellos respetaron y no queramos recomponer lo que ellos veneraron y consideraron como incomponible e insustituible». Los diarios proseguían informando del malestar en torno a una restauración que había borrado las manchas que el tiempo había dejado sobre el rostro de la Señora.

Fue El Correo de Andalucía, en su edición del día siguiente, el que mostró una nota del Cabildo Catedral para intentar apaciguar los ánimos de los sevillanos. «Para evitar comentarios que puedan perjudicar el buen nombre del Cabildo Catedral con motivo de la noticia publicada por un periódico sobre ciertos retoques hechos en el rostro de la imagen de Nuestra Señora de los Reyes, nos ruega el Señor Deán que hagamos constar que la Excelentísima Corporación es completamente ajena a lo ocurrido y que no ha tenido la más leve intervención en este hecho reprobable. Para ello se ha apresurado a significar su profundo desagrado apenas tal hecho llegó a su conocimiento, y teniendo además la certeza de que la autoridad eclesiástica tampoco ha intervenido en este asunto, no obstante lo prescrito en el código de derecho canónico. El Excelentísimo Cabildo Catedral se ha reunido en sesión para deliberar y tomar las sanciones que el caso requiere».

La Virgen de los Reyes antes y después de la restauración

Esta nota se inserta también en el diario El Noticiero Sevillano, justo debajo de unas palabras de Santiago Montoto, en la edición del 19 de agosto. Del texto entresacamos las siguientes: «No basta decir “yo no he sido”, porque la opinión se descarría y culpa a personas dignísimas que no han tenido arte ni parte en acción tan fea. Cierto, que el Cabildo salva su prestigio colectivo pero, ¿no pudo muy bien haber sido el autor algún funcionario o dependiente suyo? Si es así, ¿qué sanción se le ha impuesto? Y si el delincuente no cae bajo la autoridad del Cabildo, ¿por qué tan respetable cuerpo no lo manifiesta, evitando perjuicios a otras personas? La imagen de la Virgen de los Reyes está, si no estoy equivocado, bajo la custodia de los Capellanes Reales. Después de la nota del señor Deán, precisa que por dichos capellanes se haga público si la restauración fue o no iniciativa de ellos, y en caso afirmativo, si se cumplió lo dispuesto en el canon 1280 que dice así: “Las imágenes preciosas, esto, notables por su antigüedad arte o culto, expuestas en las iglesias u oratorios públicos a la veneración de los fieles, si alguna vez necesitan reparación, no se restaurarán nunca sin consentimiento escrito del Ordinario, el cual, antes de conocerlo, consultará a prudentes y entendidos varones”. ¿Se han cumplido estos requisitos? ¿Ha autorizado el Prelado a los Capellanes para la restauración? Si es así, ante la Autoridad y la Justicia enmudezco; de otra forma, escribiremos otro día».

El día 20 la información relacionada a la intervención de la imagen no cesaba. En primera página, en la parte inferior izquierda dos instantáneas de Nuestra Señora de los Reyes. La primera, antes de ser retocada. La segunda, después de dicha intervención. A pesar de la calidad de las imágenes, la diferencia es más que notable.

No parecía darse por vencido Santiago Montoto en un tema que seguía sumando adeptos. En el mismo número observamos que el Ateneo se suma a la protesta: «No podía este centro adoptar otra actitud más lógica ni más pertinente, por su historia, por vivir en contacto con el pueblo y porque en su lista de socios están incluidos gran número de intelectuales y la mayoría de nuestros artistas», reza la nota firmada por Jesús Bravo Ferrer. En El Noticiero Sevillano del martes 24 de agosto observamos varias noticias. En la portada aparece la Virgen del Águila, de Alcalá de Guadaíra, durante las fiestas en su honor y en la actualidad política sobresale la figura de Sanjurjo. Pero en su página 6, el periódico inserta la nota publicada el domingo anterior por El Correo de Andalucía. En una nota, de extensión considerable, firmada nada más y menos que por José Sebastián y Bandarán, titulada «¡Pidiendo perdón!» este se dirigía al pueblo sevillano: «De poco tiempo a esta parte, cuando visitaba la venerada imagen de Nuestra Señora de los Reyes, clamaban por que se detuviese la caída de la encarnación del rostro de Nuestra Señora, asegurando escultores y peritos que por la madera descubierta penetraría la polilla que consumiría la imagen. Hace poco la prensa sevillana publicó un hermoso artículo firmado por Relay o de Troya que pedía se taparan las manchas que cada vez más eran visibles, para no transformar por descuido, decía el escritor, en imagen negra como la de Regla o la de los Milagros, la que fue siempre de color semejante al natural. Movido el que esto escribe por el amor que profesa a tan venerada imagen y temeroso de algún daño o destrucción en su materia, no por hermosearla como alguien ha dicho que bastante hermosura tiene la Señora, hice, ésta es mi culpa, que sólo en los dos puntos en que aparecía descubierta la madera en el rostro, manos expertas dieran sólo una pincelada para que se detuviera la capa de encarnación que se caía y para que no penetrara la polilla en el interior de la venerable cabeza. Esta es toda y sólo la verdad de mi culpa, debí pedir autorización competente pero como no se trataba de restauración, lo que supone el emplastecimiento y el repinte total, sino sólo el dar dos pinceladas, como puede muy bien comprobarse, asumí el hacerlo, no quiero disculparme, pero por lo menudo de la obra que casi no se advierte, aunque basta para detener daños ulteriores, no lo reputé necesario. Dije que las dos pinceladas fueron dadas por manos muy peritas, como acostumbradas a trabajos artísticos de fama común; las manos que devolvieron al tesoro artístico de Sevilla la Virgen el Valle de Montañés destruida por el fuego; las que han descubierto el altar mayor de nuestra Catedral y limpiado y repuesto centenares de esculturas mutiladas o desaparecidas en aquel magnífico retablo; las manos que restauran hoy mismo la famosa Virgen de la Sede, cuyo rostro estaba descubriendo la madera y ya con singular maestría está entonado, esas mismas manos, a mi instancia dieron dos pinceladas, no lavaron, ni repintaron, ni mucho menos restauraron. Tal es mi culpa, y pues que humildemente lo confieso, generosa perdóneme mi Sevilla, no quieran otros penetrando en el sagrado de mi alma hallar en mí otras intenciones, que hasta hoy, aunque miserable y digno de desprecio por mis pecados que detesto y lloro, nunca en mi se albergaron: soberbia, presunción, desconsideración para la Virgen Santísima. Ella, que lee en el fondo de mi alma, sabe que fue el amor, y únicamente él quien me ha puesto en la afectación presente. No rehúyo el castigo, estoy tranquilo, porque no he ofendido al Señor ni a su Bendita Madre en todo esto y porque sé que su imagen no ha padecido detrimento». Y, por último, añade: «No he de sostener polémicas hecha esta confesión: sabe mi falta el Prelado, la conoce Sevilla porque a ambos se lo confieso, temeroso de haberlos ofendido, siquiera sea el amor, aunque poco prudente, el que me guiara. ¡Perdón pido a ambos, aceptando desde ahora el castigo que me impongan, siempre menor que su enojo! José Sebastián y Bandarán. Prbo., Capellán Real».

La Virgen acompañada por la multitud en 1926 por la actual Avenida de la Constitución. Foto Serano

Tras reconocer su culpa el tema fue diluyéndose en las páginas. El 24 de agosto, Alejandro Collantes de Terán firma en El Noticiero Sevillano: «El asunto de la restauración de nuestra Virgen Patrona, comienza a escaparse de la actualidad, una vez aclarado el misterio que lo realzó, sal del asunto y cebo de sañudos».

Aunque la opinión pública conocería la intervención de Ordóñez con posterioridad, según los archivos que se conservan en el arzobispado esta polémica ya venía arrastrándose desde días atrás. Finalmente, Bandarán, quien había negado conocer el asunto acabó reconociéndolo. Por último, se tomó la decisión de que dejara de ejercer el cargo de mayordomo de la capilla real, lo que propició que se mantuviera al margen de la efigie de la patrona y del vasto patrimonio que atesoraba.

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