La Semana Santa andaluza ha ido configurándose a lo largo de los siglos hasta rozar casi la perfección. Si los exornos florales han dado un salto de calidad dejando atrás la repetición de patrones estéticos, hoy en día los atavíos de las dolorosas son otro ejemplo del buen hacer en un camino donde cada detalle cuenta.
En Jerez, por ejemplo, apareció soberbiamente vestida la Virgen de los Dolores, de la hermandad de las Tres Caídas. Su autor, José Carlos Gutiérrez. En Sevilla destaco la belleza de la Virgen de la Victoria, de las Cigarreras, mientras que el Viernes Santo volvió a gustar bastante la Virgen del Mayor Dolor en su Soledad, de la Carretería y la Soledad de San Buenaventura, vestidas por Antonio Bejarano y José Antonio Grande de León, respectivamente. También el Viernes Santo gusto mucho la Virgen de la Piedad, de la Mortaja, ofreciéndonos una estampa distinta de la que nos tiene acostumbrados cada año.
En la tarde del Lunes Santo, las miradas cordobesas se fijaron sobre todo en la dolorosa de la hermandad del Remedio de Ánimas. Aunque su estética parece inalterable al paso del tiempo, el buen gusto hace que sepa conjugarse el pasado de una manera perfecta. Mientras tanto, Málaga vio la sencillez en la Virgen de la Amargura, de Zamarrilla, por Alejandro Cuenca, quien sabe potenciar la belleza de una de las Vírgenes con más devoción de la capital de la costa del Sol. También fue muy aplaudida la Virgen de los Dolores Coronada, en esta ocasión vestida por Curro Claros. Francisco Garví hizo lo propio con la Virgen de la Amargura Coronada, de la granadina hermandad de la Oración del Huerto.





