El Capirote, Sevilla, 💙 Opinión

Y el culto externo

A pesar de que fueron anteriores a las corporaciones que recogieron en sus reglas las salidas procesionales, los cofrades de ahora estamos acostumbrados a que las hermandades recorran las calles. Hoy con más frecuencia que antaño, con salidas extraordinarias o dos veces si son designadas para presidir el pregón de glorias o vaya a saber usted con qué motivo.

Hemos tenido una avalancha de procesiones con carácter extraordinario que la pandemia ha supuesto un jarro de agua fría no solo para quienes disfrutamos con ellas sino también para quienes económicamente respiran si cerca de su establecimiento llegan los sones de la marcha real. Por eso había esperanzas puestas en que pronto rescatásemos estampas que vivíamos hace años. Pero el decreto de Asenjo llegó y tumbó la idea de que pudiéramos ver a la Virgen de los Reyes en la Punta del Diamante recibiendo los primeros rayos del sol, por poner un ejemplo de un 15 de agosto que se convierte en un canto a María en bastantes puntos de la archidiócesis, con multitud de procesiones.

Abierto ahora a que pueda modificarse el decreto, al principio triunfó la sensatez quizá porque la supresión del estado de alarma podía incidir en la curva de contagios, descontrolando su ascenso de una manera desorbitada. Pero ha sido tal la presión ejercida que, abierto a un cambio del decreto que ratificó, poco podrá hacer ya ante un mandato que está próximo a expirar. Quizá Saiz Meneses opte por relajar las medidas, lo que sin duda contaría con el respaldo de una amplia mayoría.

Así las cosas, hay quienes ya dan por perdidas las procesiones carmelitanas que reinan en Sevilla en medio de un julio desértico, de sombrillas en los coches y autovías hacia la playa. Y tan ciertas son las imágenes invadiendo las costas como verdadera es la sensatez que ha primado para prohibir las procesiones. ¿Y si después de permitirlas hubiera que volver a restringir estas? Imaginamos un verano de procesiones pero hay situaciones donde las medidas de seguridad serían imposibles. ¿Quién guardaría distancia en Cantillana cuando la Asunción cruzase el dintel? ¿Cómo podría organizarse una de las citas más multitudinarias de toda la archidiócesis?

La cuestión se complica más si tenemos en cuenta que en tan solo un día se han duplicado los afectados por la variable india del Covid-19 en Reino Unido. Es tan solo un dato que nos restringe nuestras más esperadas citas cofradieras, entre otros motivos porque somo uno de los países que más británicos recibe y porque podrán entrar en nuestro país sin tan siquiera tener una PCR negativa. Y así podríamos enumerar una larga cola de circunstancias que nos llevarían mejor a ser precavidos. Y si tenemos clara una cuestión es la de no querer volver a pasar por lo mismo. Estemos de acuerdo o no, parece que las procesiones tendrán que esperar. Aunque nos duela.

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