Sevilla, ⭐ Portada, 💚 El Rincón de la Memoria

1875, el año en el que la O se reincorpora a la madrugada del Viernes Santo

La corporación formó parte de la nómina de la Madrugada durante bastantes años

Durante el siglo XIX las hermandades no fueron ajenas a los importantes cambios que sacudieron España. Desamortizaciones, alternancia de gobiernos, la llegada de un rey extranjero… son solo algunos de los ejemplos que monopolizaron la vida política y social de la centuria decimonónica. Con el pronunciamiento en Sagunto a manos del general Arsenio Martínez Campos, se iniciaba un nuevo periodo. La Restauración daba sus primeros pasos en medio de rebeliones en Cuba y enfrentamientos con los carlistas.

La Hermandad de la O comenzó aquel siglo haciendo estación de penitencia de manera muy irregular. Según afirma Bermejo, salió en 1807, 1814, 1815, 1819 y 1829. Un año más tarde cruzaría por vez primera el Puente de Barcas acudiendo a la Santa Iglesia Catedral. Después le seguirían otras corporaciones como la Esperanza de Triana y la Sangre. Efectuó su salida después en 1830, 1832-1834, 1840. En 1845, debido al temporal, tomó la decisión de salir en procesión por el arrabal, acudiendo al templo metropolitano en 1846-1848, 1853, 1867 y 1872.

Llegados a 1875, la primera Semana Santa tras el fin del sexenio cayó a finales de marzo. Por aquel entonces se fundó la Hermandad de las Penas, aunque no haría estación de penitencia hasta tres años más tarde. En San Vicente, residían las Siete Palabras y la Sagrada Cena. Ya un año antes, los hermanos del Gran Poder aprobaron la sustitución de costaleros por mecanismos con ruedas, lo que centró las informaciones de los diarios incluso días antes de iniciarse la semana mayor.

No eran tiempos buenos para la religión. Los periódicos de la época abordan la cuestión de una “crisis religiosa” de importantes consecuencias y en Sevilla concretamente tan solo dos años antes el cabildo catedralicio había decidido suprimir la música en las fiestas de Navidad y habían dejado de realizarse alrededor de una decena de misas diarias tan solo en la Catedral. Y en 1874 el Gobierno continuaba incumpliendo los acuerdos con la Santa Sede, recogidos en el Concordato de 1851. A pesar de ello, en aquella Semana Santa trece cofradías salieron a la calle, lo que significó un repunte importante en comparación con años previos. En 1875, saldrían un total de quince.

Las crónicas recogen los enfrentamientos sucedidos en varias jornadas. Así pues, relatan: “En la tarde del jueves y en los momentos en que pasaban por la plaza de San Francisco las cofradías, sacó un hombre una navaja y la emprendió a puñaladas con otro que tenía a su lado y con el que había tenido algunas contestaciones. Un carabinero que se hallaba próximo intervino en el conflicto y descargó tal sablazo sobre el brazo del agresor, que le hizo arrojar al suelo la navaja”. Trasladado a la casa de socorro, volvió el orden a la plaza, discurriendo las cofradías con normalidad. Por la noche, el público asistió a la representación del Miserere en la Catedral. “Este año puede considerarse como un acontecimiento artístico, siendo muy difícil que tengamos ocasión de oírlo otro año en mejores condiciones”, recogía La Andalucía con relación al acto.

La Madrugada tendría como reestreno la salida de la Hermandad de la O que, aunque fijaba su salida en esta jornada, llevaba tres años sin hacerlo. En 1872, llevando los nazarenos del Señor de la O túnicas blancas de cola con antifaz morado y los de la Virgen, de cola negra. Sería la última vez que sacarían estas túnicas, pues en 1875 estrenaron nuevo atuendo, aunque de gran similitud con las anteriores. También formaron parte del cortejo nuevas insignias, que venían a reemplazar a las ya existentes. El número de hermanos había crecido, haciéndolo por tanto el cortejo que acompañaba a los sagrados titulares.

El Nazareno acudió al centro de la ciudad sobre unas andas estrenadas en 1846, de estilo barroco, iluminado con candelabros de guardabrisas en las esquinas. La dolorosa, cuyo paso sorprendería dos años más tarde con un nuevo techo de palio con caídas en plata Ruolz, lo haría con el que portaba entonces, de color morado.

Su reincorporación no ocasionó apenas conflicto. La O volvía a ocupar el puesto que le correspondía. Era la única que llegaba desde Triana y además la nómina solo estaba formada por tres corporaciones más: El Silencio, el Gran Poder y la Macarena. Menos problemas si cabe al ser la O la que ocupaba el cuarto puesto.

El Viernes Santo, las cofradías realizaron su estación de penitencia sin problema. Todas excepto la del Santo Entierro, que a su paso por la Plaza de San Francisco tuvo que soportar los desórdenes que se ocasionaron tras una riña “sin más consecuencias que el susto y las carreras del público”. La Soledad de San Lorenzo volvió a cerrar una nueva Semana Santa.

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