24 años de la primera vez que un paso pisó el epicentro del catolicismo

Son 24 años ya. Casi dos décadas y media de uno de los acontecimientos históricos de la historia cofrade de nuestro país. Fue en el año 2000 cuando, por primera vez, un paso de palio rozó el suave suelo del epicentro y origen de la Iglesia Católica; la ciudad de Roma. Como si de un sueño se tratase, la Cofradía granadina de los Escolapios tuvo el gran honor y la gran responsabilidad de trasladar una de nuestras más preciadas tradiciones a la ciudad Santa de San Pedro del Vaticano y de peregrinar por sus avenidas y calles históricas a los sones de las más genuinas composiciones musicales que se entremezclaron con el entramado de fieles que copaban en su totalidad la Gran Ciudad Imperial.

María Santísima del Mayor Dolor fue la Imagen Mariana escogida para ser la representante española del Gran Jubileo del año 2000, que iba a acoger la ciudad de Roma. La Talla había sido realizada por el imaginero sevillano, recientemente desaparecido, Luis Álvarez Duarte, siendo presentada pocos meses antes del evento y bendecida en la capital granadina, concretamente el 20 de febrero de ese miso año 2000, bajo el amadrinamiento de la Cofradía del Santo Cristo de San Agustín, Protector Eterno de Granada. El camino, según relatan los propios miembros de la Corporación, estuvo plagado de dificultades debido al gran proyecto que se estaba entretejiendo, hasta que por fin, el 14 de mayo de 1999, alcanzó su máxima expresión con la lectura del Oficio del Vicariato de Roma (Prot. N. 483/99), firmado por su Eminencia el Cardenal Ruini y dirigido al Reverendísimo Arzobispo de Granada, cargo que por aquel entonces ocupaba Monseñor Cañizares Llover, dando su visto bueno a la peregrinación de la Cofradía con la Imagen Mariana. Aquí se recuerda un extracto del texto:

«Por lo tanto, recibimos con gran gozo la noticia de que también desde Granada se están preparando multitud de iniciativas y que, en particular, la Cofradía del Santísimo Cristo de la Expiración y María del Santísima del Mayor Dolor desea participar en la Concelebración Eucarística y en la Procesión, junto a las Cofradías de Italia, en su jubilar Camino de la Fraternidad (Roma, 17-18 de Junio de 2000) con la bella e histórica imagen de Nuestra Señora. Sin ninguna duda servirá de edificación a los romanos esta presencia mariana, tan querida del pueblo de España»

El día 27 de mayo del año 2000, la Sagrada Imagen puso rumbo hacia la Ciudad Eterna en un transporte ferroviario que también cargaba los enseres que la iban a acompañar hasta el centro del mundo Cristiano y que la llevaría a establecerse en la Iglesia de San Juan de los Florentinos durante algo más de veinte días. Mientras tanto, la ciudad de Granada tenía programado diversos actos previos a la peregrinación tales como el Pregón, emitido a cargo del Reverendo Enrinque Iniesta Coullaut-Valera, o la Santa Misa de peregrinos en la que se bendijeron e impusieron las medallas conmemorativas.

Amanecía el día 18 de junio bajo un sol radiante en la ciudad de Roma, la Basílica renacentista de San Juan de los Florentinos emitía una luz especial en esta mañana de pre-verano, preludio de lo que ocurriría en las calles de la capital romana pocas horas después. Serían las 15:00h de la tarde, cuando la Reina de Roma cruzase el dintel del portón de la Basílica al son de marchas como «La Saeta» o «Encarnación de la Calzada» para acceder a la Piazza del Oro y, posteriormente, continuar hacia el Corso Vittorio Enmanuele y cruzar el puente del mismo nombre buscando la Vía de la Conciliazione y enmarcar una de las más bellas estampas que una Cofradía puede guardar en su archivo histórico, recortando la silueta del paso de palio de la Virgen con la bella Basílica de San Pedro que cubre el horizonte.

El paso de la Virgen accedió a la monumental Plaza de San Pedro para colocarse a la derecha del obelisco y comenzar la Santa Misa presidida por el Papa Juan Pablo II, quien bendijo a Ignacio Cuerva y Alfredo Alcalde, capataces del paso de María Santísima del Mayor Dolor, y a José Ferro,representante de los costaleros de la Santa Madre. La Imagen de la Virgen también fue bendecida por el Santo padre a su paso por el lugar donde se ubicaba. Posteriormente, y al termino de la Misa, pondría rumbo, de vuelta, hacia la Basílica de San Juan Bautista de los Florentinos, pero esta vez, entre la belleza del ocaso de la tarde y la noche romanas.

La Virgen abandonaba la Plaza de San Pedro iluminada por su candelería y acompañada de miles de peregrinos y fieles que siguieron los pasos de la Madre de Dios hasta la Basílica, entre marchas tan genuinas como «Amarguras» o «Rocío» que resonaron por todos los rincones de la Ciudad Imperial donde nunca antes lo habían hecho, rebotando en la vieja piedra renacentista tallada por los mejores artistas de la historia. Un escenario único que la Cofradía Escolapia guarda como oro en paño en la memoria colectiva de la Hermandad y de todos los fieles cofrades de nuestro país, que tuvieron la oportunidad de ser representados por primera vez en el centro de toda la Cristiandad.