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Córdoba, El Rincón de la Memoria

25 años de Perdón

Si existe alguna pieza clave para conocer y comprender mejor los distintos factores que dan forma al momento actual, esa es, sin duda alguna, el tiempo. Solo a través de él somos capaces de aplicar una lógica, llena de antecedentes, razones, consecuencias y reacciones con las que hacer una valoración más completa y acertada de cuanto sucede aun a día de hoy y, por supuesto, el universo cofrade tampoco se erige como una excepción a una norma con una rotundidad tan aplastante como esta.

Con el paso de los años, la Semana Santa de Córdoba ha ido experimentando una gran cantidad de cambios que pasaban por mejoras, restauraciones, sustituciones y ampliaciones que han ido ejerciendo su influencia, no solo sobre las cuestiones patrimoniales sino también en lo que respecta a la nómina de hermandades de las que se ha ido nutriendo un contexto cuyo primer propósito ha sido llevar a las calles de la ciudad las distintas escenas de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo.

Atendiendo a esa necesidad – y aunque de esto ya hayamos hablado en anteriores ocasiones – no es de extrañar que en determinados momentos de la historia, muchas de nuestras cofradías se vieran obligadas a tomar decisiones en función de las adoptadas por otras, para evitar así conformar pasajes ya representados tal y como ocurriese en su día con la Hermandad de la Esperanza, que pretendía en sus orígenes recrear en su paso de misterio la célebre Sentencia emitida por Pilatos.

Así pues, se iniciaba la década de los 90 cuando la comunidad cofrade cordobesa se preparaba para acoger en su seno a una nueva corporación que nacía en la céntrica Iglesia de San Miguel, bajo el amparo del párroco Miguel Vacas Gutiérrez y en torno a la imagen de una hermosísima dolorosa realizada por el cordobés Francisco Romero Zafra. Se le daba en esos primeros momentos de vida el llamativo título de Hermandad y Cofradía de Nazarenos de Nuestro Padre Jesús en el Desprecio de Herodes y María Santísima del Rocío en sus Misterios Dolorosos.

Sin embargo, la llegada de Jesús del Silencio por aquel entonces a la Hermandad del Amor forzó a la joven cofradía a replantearse la representación del pasaje que protagonizaría su titular cristífero, tomando con ello la decisión de regalar a la Semana Mayor cordobesa la escena en que Jesús es presentado ante Anás, quien le interroga acerca de sus famosas enseñanzas a la búsqueda de una culpabilidad que achacarle. No obstante, el pontífice se ve ridiculizado en su intento, pues Jesús, por su parte, le recuerda la invalidez de sus palabras en pro del testimonio de aquellos que se habían acercado a escucharle, incentivando de este modo el golpe que le propina el sayón llamado Malco y dando lugar asimismo a una iconografía hasta entonces inédita en la ciudad califal.

De acuerdo con lo descrito, el año de 1993 significó el progreso de un sueño con el encargo por parte de la cofradía, que de nuevo recurría a Francisco Romero Zafra, de realizar la talla de Jesús ante Anás lo cual, a su vez, se traducía en la primera imagen cristífera del notable imaginero para la ciudad de Córdoba. Tras su llegada y como no podía ser de otro modo, la cofradía – ya en el escenario de la Iglesia del Buen Pastor, aún conocida como San Roque en recuerdo de épocas pasadas – celebraba una Eucaristía a las seis de la tarde presidida por el célebre Fray Ricardo de Córdoba, derivando en una ceremonia en la que la nueva y emotiva imagen de Nuestro Padre Jesús del Perdón se alzaba como protagonista indiscutible, siendo bendecida por el propio capuchino en la fecha del 27 de febrero de 1994, de la que hoy se cumplen ni más ni menos que 25 años.

Tan solo tres semanas transcurrieron desde ese momento hasta que la hermandad trajese a la bella imagen del titular a las calles cordobesas en un solemne vía crucis para el que se contó con la presencia de costaleros y la cesión del paso de la venerada y antigua Virgen del Rayo. Así fue como el Señor del Perdón recorrió los aledaños del casco histórico de la capital cordobesa el día 20 de marzo, jornada que se volvería a repetir en 1995, ahora con la obra de Romero Zafra sobre el paso del nazareno de Pasión.

Finalmente, la venida de 1996 supuso un nuevo y significativo paso para la corporación de San Roque, que pasaba a incorporarse a las estaciones de penitencias realizadas en el Miércoles Santo siguiendo en el itinerario establecido a la popular cofradía de San Basilio y con la única imagen del Señor, pues esta procesionaría en absoluta soledad hasta la llegada de las esenciales figuras de Anás y Malco ejecutadas por Manuel Luque Bonillo en 1998, comenzando a dotar de armonía y sentido a un misterio en el que la imagen de Nuestro Padre Jesús del Perdón siempre logra alzarse como objetivo de todas las miradas.

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