La Hermandad del Calvario en el año 1937

Cuenta la Hermandad del Calvario con una de las trayectorias más analizadas de cuantas existen en nuestra ciudad, debido al gran arraigo devocional que siempre ha suscitado el dulce nazareno de San Lorenzo sumado, indudablemente, a los diversos acontecimientos que han ido caracterizando su historia, desde los primitivos Vía-Crucis que Jesús del Calvario protagonizaba tradicionalmente camino del Marrubial hasta la representación de las distintas y curiosísimas escenas que fueron conformándose sobre el paso del titular de la corporación del Miércoles Santo.

También volviendo la vista atrás, la desaparecida publicación denominada Cofradías Cordobesas recordaba en su edición del año 1937 los primeros tiempos de la Hermandad del Calvario, remontándose para ello a la fecha del 20 de Julio de 1722, momento en que las reglas de la mencionada cofradía eran aprobadas por el entonces obispo de la ciudad, Marcelino Siuri. Estas tenían por objetivo primordial la reflexión y la meditación sobre la Pasión y muerte de Cristo, hecho que sirvió de motivación para iniciar los anteriormente citados y famosos Vía-Crucis que tenían lugar “en las tardes de todos los viernes y domingos del año y algunas Fiestas de Guardar”, acudiendo generalmente al también referido Campo del Marrubial, aunque dejando abierta la posibilidad de recorrer un itinerario distinto en alguna ocasión, dependiendo que la alternativa que resultase más conveniente.

Poco tiempo después, en torno al año de 1724, se encargó la ejecución de la hermosa talla de Nuestro Padre Jesús del Calvario “con la cual se celebraba el Via-Crucis del Domingo de Pasión y subiéndola al Calvario del Marrubial, echaba, desde allí, la bendición a los campos”. Con el transcurso del tiempo, esa práctica se fue perdiendo hasta ver modificado el itinerario trazado para Jesús del Calvario, pues la hermandad comenzó a participar en la célebre procesión del Santo Entierro.

En cambio, ya en el año 1937 el titular de la corporación de San Lorenzo contaba con la añadida e inestimable presencia de la conocida como Nuestra Señora del Mayor Dolor, sobre la que Cofradías Cordobesas relataba que anteriormente había pertenecido a “la disuelta Ilustre Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno, fundada en el Hospital de esta misma Advocación, por el año 1570, aunque la Virgen, una de las más bellas de Córdoba, parece algo más moderna”.

La entonces extinguida cofradía del Nazareno había sido fundada con la aprobación de las pertinentes reglas por parte del obispo Martín de Córdoba y Mendoza. Normas que posteriormente serían modificadas en la fecha del 10 de Diciembre de 1857 con motivo del requerimiento que exigía que todo aquel que desease ser hermano de la corporación, debía estar vinculado “con alguna rama de las familias de los fundadores, todos ellos de los más ilustres de Córdoba”.

Como cabe deducir por las reglas establecidas, la Hermandad del Nazareno se había erigido en la Córdoba cofrade con la incuestionable fama que la precedía, marcada por la aristocracia de la que se alimentaba su nómina de hermanos así como por las riquezas “entre las que merecen citarse, las andas o tronos de plata, del Señor y de la Virgen, la candelería de plata repujada y una cruz, también de plata, que hace algunos años, por concesión especial, vimos lucir sobre los hombros del Señor del Calvario”.

Dicho lo cual y con el previo breve resumen en el que aquel número de Cofradías Cordobesas trataba de ilustrar y poner en antecedentes a sus lectores sobre la vasta historia de la Hermandad del Calvario, solo cabía mencionar una característica más, especialmente curiosa hoy en día: la que afirmaba que la corporación había estado realizando su estación de penitencia en los últimos años “en la noche del Miércoles Santo unida a la Cofradía del Santísimo Cristo de Gracia”.