Lo ha vuelto a hacer

¡Tos por igual valientes!. ¡A esta es!Lo ha vuelto a hacer. El artista ha vuelto a dejar con la boca abierta al universo cofrade con ese arte inconmensurable que derrocha su pincel. Ha vuelto a engendrar una obra que solamente podría salir de una mente privilegiada como la suya. Y lo ha hecho como lo hacen los más grandes, rodeado de esa aureola de genio incomprendido por quienes carecen de la sensibilidad imprescindible para apreciarla y llevado en volandas por quienes reparten, entre nube y nube de incienso, carnets de críticos de arte. Ya sabes, ¡mi arma!, eso de “sólo los que entienden de arte pueden comprenderte” o “a los que no les gusta tu obra es que no tienen paladar, ni conocimiento, ni sensibilidad, ni ná de ná de ná…”. ¡Qué maravilla eso de repartir la sociedad entre los que están señalados por los dioses para poder opinar sobre tu obra y los pobres incultos que no gozan del designio divino de entenderla y les parece un collage de colegio de primaria!. Ya lo dije hace unas semanas; en este mundillo de la pintura cofrade, no hay nada como tener amigos, y si tienen entre sus manos un micrófono o un llamador, mejor que mejor…Hacer una raya en el suelo y controlar la desmesura tiene los parabienes de todos, no se cansen en la justificación, señores de la Plaza de la Virgen de los Reyes. Pero, ¡ojo!, que una cosa es controlar el exceso, y otra muy distinta elevar a los altares de la lógica aplastante lo que no es más que una tontá mu’ grande. Y es que a la hora de ponerle puertas al campo hay que usar la sesera y no ser más papistas que el Papa, y atreverse con todas, que el año es mu’ largo y la memoria más frágil que un botellín de Cruzcampo. Lo que se busca o se debe buscar con los cultos externos es evangelizar, que nadie pierda el norte ni olvide, que las procesiones surgieron hace siglos para contarle a un pueblo analfabeto lo que eran incapaces de leer en los libros. Siglos después, por mucho que queramos negar la evidencia, estamos en un punto similar, ahora se sabe leer pero muchos como si no supieran, así que esta forma de evangelización está más vigente que nunca, porque logra llegar a donde sería imposible desde el púlpito y eso deberían tenerlo muy pero que muy presente los que llevan alzacuellos. Se trata de acercar el mensaje del Hijo de Dios al pueblo. ¿Qué más da dos calles más allá o más acá?. La cuestión es que lo han vuelto a hacer, y cuando se legisla imponiendo el absurdo se pierden todas las razones que se puedan tener. Que todo el mundo lo tenga presente… y ahora que sigan justificando…¡Ahí queó!