De Córdoba a Colombia, dos continentes fundidos por un imaginero

Desde luego, resulta del todo innegable la ingente cantidad de titulares que, con pasmosa frecuencia, nos regala el mundo cofrade bien sean gracias a los ambiciosos proyectos relacionados con la obra social, la presentación de los futuros estrenos de nuestras hermandades o los contratos que a menudo estas firman con sus respectivas bandas, bordadores, orfebres o imagineros. Sin embargo, detrás de todos esos prestigiosos nombres propios con los que estamos sobradamente familiarizados, siempre se esconden otros, dedicados a trabajos considerablemente más silenciosos y aún cobijados bajo un relativo anonimato que, al menos por hoy, vamos a tratar de dejar al margen.

Bajo esa premisa y guiado por unas insaciables ganas de ir más allá de lo conocido, nuestro medio ha tenido la suerte de encontrar, a través de una publicación del fotógrafo Miguel Correa -de quien prácticamente tomamos prestado el sugerente titular- a una figura como la de Rafael Sánchez García, quien ha conseguido establecer un hermoso vínculo entre España y Colombia y más en concreto entre nuestra hermosa ciudad y Envigado, donde el imaginero nacido en Madrid trabaja actualmente, dejando su huella en cada una de las imágenes que con tanto cariño y satisfacción son acogidas por aquellas tierras.

El escultor de quien hoy nos orgullecemos de poderles hablar en Gente de Paz, nació en 1979 en la mencionada capital de nuestro país y obtuvo el Graduado Superior en Artes Plásticas en la especialidad de talla en madera por la Escuela de Artes y Oficios “Mateo Inurria” de Córdoba en el período comprendido entre los años 1997-2002. Precisamente durante ese intervalo y más específicamente en su último año y medio de formación y como el propio Rafael Sánchez nos narra, contó con “la gran suerte de entrar en el taller de Antonio Bernal Redondo y Francisco Romero Zafra; suerte, porque en aquellos años los dos compartían taller en la calle Ramírez de las Casas Deza y era un orgullo verlos trabajar, cada uno en su banco de trabajo, y cada uno centralizado creando su propia obra”.

Con la notable influencia de dos maestros de altura como estos y, por lo tanto, en un ambiente que el escultor reconoce como “privilegiado”, continuó aprendiendo con las enseñanzas de la talla de un experimentado imaginero como Antonio Bernal, de quien Sánchez destaca su humildad y carisma “que lo hace tan gran persona, al que tanto agradezco por su dedicación y por encaminar mi andadura artística en éste difícil arte”. Bajo su atenta mirada, el madrileño de nacimiento, aprendería “a tratar la madera, a trabajar los yesos para preparar el estuco, a mezclar los óleos para preparar los encarnes, aplicar las pátinas para dar los acabados a las imágenes, etc…”

El año de 2002 trajo cambios y evolución a Rafael Sánchez, puesto que fue en este momento cuando abrió su propio estudio de escultura en Aguilar de la Frontera para comenzar una su propia andadura en este complejo universo, realizando en un primer momento imágenes de dolorosas de tamaño académico y Niños Jesús para distintos clientes particulares. En el mismo 2002 tallaría la primera dolorosa de tamaño natural, bajo la advocación de María Santísima, Madre de la Quinta Angustia, imagen que el artista aún conserva en el taller de Aguilar de la Frontera, completando el conjunto un año más tarde con la ejecución de un San Juan Evangelista.

A partir de ese momento y hasta 2013, su obra estuvo presente en diversas exposiciones, entre las que Sánchez ha querido destacar su colaboración en la Muestra Nacional de Artesania Cofrade “MUNARCO”, organizada en 2004 y donde presentó con la imagen de Gloria de María Santísima de la Concepción y Ángeles, destinada al pueblo cordobés de Puente Genil para pasar a ser propiedad del bordador Antonio Cosano Aguilar.

Asimismo y también en 2004, la mano de Rafael Sánchez estuvo presente con la talla de San Juan Evangelista en la Exposición Nacional de Escultura Religiosa, desarrollada en Espartinas, Sevilla, ocasión en la que el imaginero pudo volver a poner de manifiesto sus conocimientos y destrezas en un campo tan valorado como a menudo difícil y competitivo.

Entre los muchos sucesos y anécdotas que el escultor podría mencionar, nos habla también del año 2003 como un momento señalado en el que realizaría la talla de María Santísima del Amor y la Esperanza, que le habría sido encargada por la Hermandad y Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno de Olula del Río, de Almería así como de 2011 como referencia de una de las últimas dolorosas que Sánchez gubiaría para sumarla a la colección particular de Aguilar de la Frontera.

No obstante, la trayectoria de Rafael Sánchez cambiaría su rumbo con el punto de inflexión que el año 2012 significó para él, ya que entonces viajaría por primera vez a Colombia hasta instalarse y casarse en la ciudad de Medellín. Los encargos una vez allí no se harían esperar mucho, pues en ese mismo año tallaría a un crucificado de tamaño académico bajo la advocación de Santísimo Cristo de la Misericordia para una colección particular existente en el denominado barrio de Belén además de una suma de hasta cinco cuadros, también para particulares.

Su regreso a la ciudad califal tampoco se demoró en demasía ya que a finales de 2012, Rafael Sánchez volvió a Córdoba para seguir trabajando en la intimidad de su estudio de Aguilar de la Frontera elaborando “realizando diversos trabajos de pequeño formato para particulares y para la Hermandad de la Oración en el Huerto y para mi Hermandad de la Vera-cruz, ambas de Aguilar”.

Poco después, en 2013, volvería a participar en una exposición de arte religioso que tendría lugar en Aguilar de la Frontera bajo el título de 1ª Muestra Cofrade de Arte Sacro coincidiendo con la popularización de la que comenzaba a ser objeto en Colombia, recibiendo sin más tardanza las primeras peticiones de solicitudes en cuanto a presupuestos y distintos encargos, lo que conduciría al escultor a recapacitar sobre su situación del momento, tomando definitivamente la decisión de regresar a dicho país para prosperar allí y asentarse en un nuevo taller pensado para hacer de cuna de las nuevas creaciones que poco a poco le irían llegando en forma de sueño cumplido. Así en 2014, Rafael Sánchez se establecería al fin en Colombia, en el anteriormente citado municipio de Envigado para empezar a acometer restauraciones “para la Pro-Hermandad de la Piedad de la ciudad de Guadalajara de Buga, Cali y también diversos trabajos de limpieza y conservación de imágenes pertenecientes al Museo de Arte Sacro ‘Puccini’ en la ciudad de Santa Marta, y llevados a cabo bajo la supervisión del Padre Jorge Betancur”.

Ya en el mes de agosto llegaría el primer encargo de relevancia para el artista: “el estudio y la realización de una nueva escena para el paso de misterio de la Cofradía de la Tercera Caída para el Vía-Crucis de la Parroquia de Santa Gertrudis La Magna de Envigado. El nuevo misterio lo componen una Dolorosa arrodillada con la advocación de María Santísima del Consuelo en su Amargura, San Juan Evangelista, un Sayón romano sujetando la Cruz de Jesús, la imagen de Simón Cirineo y completa la escena un Centurión romano montado a caballo. Como bonito detalle, al caballo lo bendijeron con el nombre de ‘Andaluz’, cosa que sinceramente me llenó de orgullo. El misterio se estrenó este pasado Viernes Santo después de casi tres años de trabajo”.

Repitiendo lo acontecido cuando su carrera comenzaba en España, Sánchez volvería a tallar en 2014 una dolorosa de tamaño natural con la advocación de María Santísima de la Quinta Angustia para mantenerla presidiendo el recién estrenado taller de Colombia. 

Como muestra de su imparable trabajo, 2015 le traería para sí un nuevo trabajo que no sería otro que el del proceso de restauración de “Nuestro Padre Jesús Nazareno para la Parroquia de San Judas en la ciudad de Santa Marta y también la restauración de la milagrosa imagen de la ‘Virgencita del Carmen’ del Barrio de Las Antillas en Envigado, Antioquía. Una labor similar aparecería un año más tarde con dos restauraciones: “la de “tres imágenes del grupo escultórico del Resucitado y la imagen de María Santísima de los Dolores de la Parroquia de San José en El Poblado, Medellín; el trabajo fue encargado y supervisado por el artista y Padre Eduado Toro” así como la del “Santísimo Cristo de la Misericordia, gran imagen que preside el Altar de la Parroquia de Santa Lucía, Medellín”. Esta operación y la confianza recibida se repetiría, una vez más, en septiembre con la imagen de María Santísima de la Esperanza – a quien le haría unas manos de nueva factura –, de Carolina del Príncipe en Antioquía y con la Gloria de María Santísima de la Inmaculada Concepción “La Conchita”, Patrona de Carolina del mismo lugar.

Por si toda esta historia no fuese suficientemente hermosa y atractiva, se da la circunstancia adicional de que Rafael Sánchez es costalero del Nuestra Señora del Mayor Dolor de la cordobesa Hermandad del Calvario desde hace doce años, «y tres años por aquí haciendo la mas dura Estación de Penitencia para un hermano y un cofrade que pueda sentir, al no estar junto a sus benditas imágenes titulares. El año que viene si Dios quiere, recupero ese tiempo perdido», comenta emocionado nuestro protagonista.

Sin duda, el imaginero formado en Córdoba que sigue creciendo y derrochando su arte en Colombia, ha conseguido sobradamente despertar nuestro interés, compartiendo con todos nosotros sus vivencias y producciones de las que tan orgulloso puede sentirse, añadiendo que, a pesar de todo, “todos los inicios son duros y si estás fuera de tu país, conviviendo con otra cultura, cuesta al principio adaptarse; además, no hay sacadores de puntos, toca medir y la talla directa sobre la obra. Colombia tiene buena imaginería, tanto Europea como Quiteña; aquí se valora mucho el arte y la tradición española. De hecho, en los años 20 había dos grandes talleres de imaginería religiosa: el del maestro Gabriel Carvajal Pérez y la de la familia Osorio, pero con el fallecimiento de ambos, también desapareció la tradición de la talla en madera”.

“Para terminar y porque me parece importante, tres cosas aprendí de mi maestro Antonio Bernal. La primera, ser muy autocrítico con el trabajo, no conformarte ni llenarte con lo primero que hagas, aunque en este difícil arte nunca paras de aprender. Segundo, no exponerte si no estás preparado; no hay prisa, sí hay mucha disciplina, estudio, perseverancia, devoción y paciencia, pero nunca prisa; hay que guardarle todo el respeto y dedicación al oficio, a la tradición de la imaginería religiosa…”

Como conclusión, Sánchez nos revela una interesante reflexión. «Veo compañeros que solo buscan el recorte en el periódico, o fama, descuidando el trabajo del taller. No es una crítica, que conste, cada uno puede hacer lo que quiera, pero eso es una de las cosas por las que me vine aquí, a encontrarme conmigo mismo, a experimentar, a valorar las carencias, a perfeccionar mi formación con mucha disciplina. Cada encargo es una beca para seguir aprendiendo. Estar en Colombia es como viajar al pasado, no tanto como al Barroco del maestro Juan de Mesa, pero si es muy precario, pero lo hace muy interesante y fascinante. Me siento como antaño, cuando los maestros cargaban con las familias y viajaban de un sitio a otro, donde estaba el trabajo».