Hace una semana, vino un mensaje a mi móvil, en Bangassou están en guerra que quieren matar (y mataron) a un grupo de musulmanes. El Obispo cordobés Don Juan José Aguirre de escudo para ellos para que tiren las armas, y haya paz en aquella diócesis. Muchas personas se movilizaron para dar ayuda, otras personas desgraciadamente ni se enteraron de la noticia (porque esto no va a ser noticia) gracias a Dios, en Gente de Paz existió dicha noticia. Pero el Obispo de Bangassou pidió algo muy urgente, y es la Oración.
Y así fue en la parroquia de la Trinidad se expuso el Santísimo durante 24 horas para pedir por la intención de la paz, en todo momento el Señor tenía personas de toda Córdoba pidiéndole que concediera esa gracia.
Y es que en el silencio de aquella oración, sientes como Dios habla, sientes esa mano de Padre que te abraza y que te dice comprendo tu dolor, con el Señor te unes a su Calvario, el ver delante de la muerte, como para algunas personas no es noticia que mueva, para otros es preocupación e impotencia y para El, todo es AMOR.
Por eso la oración se convierte en vida, no una herramienta para algunos «beatos» (ojalá lo fuera) es una relación necesaria para poder vivir. Los frutos de la oración, son inmensos en Bangassou están llegando a acuerdos. Pero también, doy gracias a Dios porque en la oración me uno a su dolor, en esta relación El se convierte en mi consuelo y sobre todo a pesar de pedir la paz del mundo, me concede la paz de mi corazón.
Me pregunto: ¿cuantas cosas podríamos solucionar desde la oración verdadera? ¿Cuánto mejoraría la realidad de mi vida? Hay algo que semblante en mi vida, yo no predico de Dios, sino que hablo con Dios y se lo digo a mis hermanos. Debemos de tomar conciencia de la importancia de la oración en nuestras vidas y yo os animo a ello. Y sino sabéis o no sabemos realizarlo, preguntarles a los sacerdotes, que para eso están pero no vayas caminando sin una relación con Dios.
Siempre lo digo, cuando me duele la cabeza voy al médico y me manda la solución, cuando me falta oración voy al sacerdote, a la Iglesia que allí estará tú y mi solución. Confiar en el poder de la oración, que solo Dios es capaz de tirar las armas de una guerra, la soledad de una vida, las envidias de las personas.





