El pasado Lunes de Pasión, Córdoba se despertó con la triste noticia del final de una parte de su historia, la clausura del Monasterio Cisterciense de la Inmaculada Concepción de Cordoba tras cinco siglos de presencia en la capital cordobesa. Las escasas monjas que lo habitaban fueron trasladadas a Toledo confirmando una decisión que se barruntaba en los últimos tiempos y que tuvo aquella triste confirmación. A pesar de que la noticia era en cierto modo atemperada horas después con la posibilidad de que la gestión del inmueble pasase a otras manos monacales la certeza de que no sería la Orden Cisterciense la que ocupase aquella parte de la historia de Córdoba cayó como un jarro de agua fría en buena parte del pueblo de Córdoba.
Este martes, sin embargo, una noticia contrapuesta recupera de algún modo parte de la historia perdida por parte de las cofradías cordobesas. La Hermandad del Císter, que tuvo que abandonar aquel lugar hace años, ha anunciado mediante un comunicado difundido a través de sus canales oficiales de información, que ha llegado a un acuerdo con la orden cisterciense para reutilizar parte convento en virtud de un acuerdo que estará vigente al menos los próximos cinco años. En concreto, se trata del edificio conocido como Guardamuebles cuyo destino deberá concretar la propia corporación del Martes Santo. Sea como fuere y más allá de la aplicación práctica que derive del mencionado acuerdo, este anuncio supone una gratificante noticia cargada de un importante componente sentimental para los hermanos de la cofradía cordobesa que para toda la Córdoba Cofrade.
El monasterio del Císter en Córdoba es un edificio que se levanta este edificio en la calle Carbonell y Morand perteneciente a la orden benedictina y dedicado a la Purísima Concepción, fundado en 1725, fue sede dos décadas, desde su fundación, de la Hermandad de la Sangre que ahora habita en Capuchinos y a la que buena parte de la Córdoba Cofrade sigue denominando El Císter. Su iglesia es pequeña y con planta de nave única con crucero. La fachada de piedra se desarrolla en dos cuerpos, rematado el segundo por frontón curvo y hornacina con la imagen de la Inmaculada. Posee un interesante altar mayor de madera tallada y dorada del siglo XVIII, presidido en el ático por una obra pictórica de la virgen de la Concepción.
La iniciativa de una fundación monástica en el siglo XVII respondió a fines de orden devocional y social, el aumento del culto divino y la salvación del alma se unen al afán de prestigio social, y en los conventos femeninos, al deseo de seguridad material y moral para las mujeres de la familia. La fundación del monasterio del Císter obedeció a esas motivaciones de su tiempo y a la personalidad de su fundador, Luis Fernández de Córdoba, hijo del señor de Gualdalcázar, sacerdote como sus hermanos Fadrique y Andrés. En febrero de 1583 toma posesión como deán de la catedral de Córdoba.
En el año 1621, Francisco de Córdoba, Duque de Cesa, solicitó a su pariente don Luis Fernández de Córdoba, Obispo de Málaga cinco Monjas para fundar un Monasterio de Monjas Cistercienses Descalzas en Guadalcázar a cuatro leguas de Córdoba. La fundación se llevó a cabo siendo Obispo de Córdoba Francisco de Alarcón, con la colaboración del Ministro General del Orden Descalzo de la Santísima trinidad Fray Pedro de la Ascensión, quien fue a Málaga y se entrevistó con Francisco de Céspedes, visitador.
Las fundadoras salieron de Málaga el 17 de Septiembre de 1650; y ya en Córdoba se hospedaron en el convento de Santa Marta, durante un mes, mientras concluían la obra de Guadalcázar; donde pasaron el 17 de Octubre de 1650. El claustro por motivos económicos y de salubridad la comunidad de Císter tuvo que gestionar su traslado a la ciudad de Córdoba, con apenas tres años de estancia en Gualdacazar. Desde entonces su vinculación con el pueblo de Córdoba y el barrio de Capuchinos ha sido una constante inalterable. Una historia que tristemente concluyó la pasada Cuaresma pero que tal vez, si se dan las condiciones oportunas, podrían propiciar que alguna hermandad recuperase su capilla. No descarten nada.
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