La imagen: Costaleros no creyentes

En los últimos años todos hemos podido apreciar que han salido cofrades hasta de debajo de las piedras (con todo el respeto). Siguiendo la línea de la primera parte del artículo, veremos el resto de cofrades que se hacen llamar como tales. Nos encontramos con la figura del costalero no creyente. De verdad, ¿cómo se puede cargar a algo en lo que no se cree? Pues los hay.

Los hay desde los que sacan paso porque un amigo dijo que era una experiencia bonita hasta los que piensan que, por tradición, en Semana Santa hay que sacar pasos. A su vez, está el compañero de trabajadera que critica ciertos aspectos de otras hermandades, más bien de otros pasos, ya sea su forma de andar, su forma de levantar, o su formación musical (si la lleva) que va detrás. Y, por último, aquel que saca todos los pasos del pueblo/ciudad, y casi que es más conocido que las propias hermandades, por sacar tal cantidad de pasos.

Y para finalizar, están quienes van a todos los certámenes/conciertos/procesiones de su banda favorita de turno. Quizá sea el más regular de todos, ya que actos así los hay durante todo el año. Aquel personaje que no ve más allá de la banda a la que admira, defendiendo a las hermandades a las que le toca, llorando porque el solo de tal marcha ha sido lo mejor del acto, yendo delante del banderín de la formación grabando, dejando el paso aparte.

A modo de reflexión… es una pena que las muestras cofrades, los certámenes, los pasacalles, y similares estén más llenos de gente que, por ejemplo, el besamanos de un titular. No quiero despreciar a ninguno de los ejemplos que he puesto, tanto en el artículo anterior ni en esta segunda parte. Por supuesto, en muestras cofrades, certámenes y demás, tiene que haber gente, y habrá gente de todo tipo, pero es una pena que a la iglesia vaya más gente a un concierto de tal banda, que a los actos de la hermandad a la que se pertenezca, por poner un ejemplo. Bajo mi humilde opinión, creo que, en los últimos años, la imagen de Dios está quedando como algo secundario en las hermandades y cofradías, cuando debería ser al contrario.