Catalogabámos de relación perfecta, hace apenas una semana, la vinculación imperecedera que existe y se fortalece año tras año, entre la hermandad del Perdón y la banda de Cornetas y Tambores Coronación de Espinas. Una relación que se asienta en la calidad y profesionalidad que demuestra la formación mercedaria en todas y cada una de sus intervenciones, particularmente cuando éstas se producen en el seno de la corporación de San Roque.
Una relación que late poderosa al son de las decenas de corazones que forman parte de la banda cordobesa que traducen en arte, devoción e implicación, la música que se asienta sobre un pentagrama. Así volvió a ocurrir este domingo, con motivo del tradicional concierto que la formación del Zumbacón celebra cada año en la sede canónica de la hermandad del Miércoles Santo, a cuyo paso de misterio acompaña con ese regusto y ese aroma inconfundible que solamente Coronación es capaz de otorgar a cada una de las notas que regala el universo.
No obstante, un elemento cargado de una singular simbología, un detalle extremadamente hermoso, tuvo lugar entre los muros del templo de la Judería. Y es que Javier Palos, director musical de la excelente formación musical, tuvo la fortuna de dirigir a la banda con una batuta muy especial, la batuta del inmortal compositor de esa joya insustituible que lleva por nombre «Saeta cordobesa», Pedro Gámez Laserna. Esta batuta va a ser donada al museo militar de Sevilla y sus nietos quisieron que luciera una última vez, concediendo ese privilegio a Coronación.








