El día en el que el barrio se funde con el mismísimo Dios

Ocurre cada año, con precisión milimétrica. Un día en el que el barrio entero se reencuentra cara a cara con el mismísimo Dios. Sin música, sin accesorios, sin nada que desvíe la atención hacia la grandeza infinita y la dulzura inabarcable que desprende la imagen de Nuestro Padre Jesús de la Pasión, el Rey del Alcázar Viejo, el vecino más ilustre de San Basilio, Aquél que es destinatario imperecedero de las oraciones y plegarias de todo un barrio que vive por Él y solamente por Él… y que cuando llega precisamente este día, acude a reflejarse en la mirada del hombre que vino a salvarle, alumbrando el sendero hacia el camino de la Verdad, que no es más que lo significa la Cuaresma, un camino hacia la luz, hacia Dios, que vive en su humilde hogar de Paz y Amor para derramar su esperanza a toda la humanidad, incluso en los instantes de mayor desolación. Ante Él ha estado nuestro compañero Antonio Poyato para dejar testimonio, en virtud de esta excelente crónica gráfica, del día en el que el barrio, su barrio, se funde con el mismísimo Dios.