Una tarde para el recuerdo que ni la lluvia pudo diluir

La lluvia impertinente e inoportuna se ha empeñado en deslucir una de las citas esenciales que cada año cuaja el calendario del Colegio Divina Pastora de Córdoba, la procesión de la pequeña imagen de la Virgen que ha recorrido las calles del barrio de Capuchinos entronizada en el pasito de la Hermandad de Pasión, acompañada magníficamente por la Agrupación Musical Nuestro Padre Jesús de la Fe, de la Hermandad de la Sagrada Cena, hasta que la aparición del líquido elemento ha querido truncar las ilusiones de los jóvenes costaleros de entre 13 y 18 años que dirigidos por la voz de Álvaro Criado han portado a costal a la Madre de Dios.

Concluida la tradicional eucaristía que cada año precede a la procesión, celebrada como siempre en el patio de la institución educativa, la cruz de guía se puso en marcha para servir de avanzadilla a un nutrido cortejo infantil de niños y niñas, vestidos de pastores los más pequeños y con el uniforme del centro el resto, además de las alumnas de Secundaria ataviadas de flamenca que llenaron de colorido una tarde de fiesta en la que los alumnos y profesores del colegio franciscano, siguiendo la estela de Ana María Mogas, han evidenciado por las calles de Capuchinos su amor incalculable y sin complejos a la Virgen María, acompañados de cientos de familiares que siempre acuden a una de las citas más hermosas y emotivas de cuantas celebra la institución cada año.

Ni siquiera la incipiente lluvia que comenzó a advertir de lo que estaba a punto de acontecer cuando el paso comenzó a avanzar por la calle Burell, fue capaz de lograr que los niños abandonasen su lugar de privilegio junto a la Divina Pastora, acompañándola hasta el Santo Ángel en cuyo cocherón la Virgen se refugió del considerable chaparrón mientras que el cortejo esperó pacientemente en el interior del convento capuchino a que el cielo concediese una tregua suficiente para que, desandando el mismo itinerario que había llevado al paso hasta la espalda del Cristo de los Faroles, regresara a su hogar con un cortejo más reducido, habida cuenta de que los más pequeños, que fueron todo un ejemplo de compostura y saber estar, tomaron el camino más corto de vuelta al colegio, demostrando que la lluvia siempre fracasa cuando se enfrenta a la ilusión y la fe.

No obstante, y a pesar de los inclemencias meteorológicas, la tarde volvió a regalar a los presentes multitud de bellas imágenes para el recuerdo, que nuestro compañero Antonio Poyato ha vuelto a registrar a través de su objetivo. Ese recuerdo que atesorarán en el arcón de su memoria emocionada los niños que volvieron a acompañar a su Madre bajo el cielo de Córdoba, los padres y abuelos que presenciaban ensimismados el discurrir de sus tesoros más amados, los maestros que volvieron a experimentar el orgullo de llevar de la mano a quienes están enseñando a caminar, las antiguas alumnas que volvieron a respirar por los rincones en los que tantas veces soñaron y los jovencísimos costaleros, que fueron ejemplo vivo de cómo superar una difícil situación, aprendiendo hasta de las experiencias más inesperadas ese maravilloso oficio de costalero que será parte ineludible de las vidas de la mayoría de ellos y para cuya construcción han vivido sus primeras chicotás en esta lluviosa e inolvidable tarde de primavera.