Córdoba

Las reliquias de los Dolores

La presencia de las reliquias ha sido una parte fundamental de la Iglesia desde hace siglos. Estos objetos, que remiten a hombres y mujeres cuyo testimonio de amor a Cristo y de fe cristiana es especialmente destacable, remiten directamente a ellos por algún tipo de contacto que tuvieron en vida. Dios nos habla a través de esos santos que dieron testimonio público de fe en Él, representados por las frágiles reliquias que aún hoy en día se conservan. De este modo, las reliquias son pequeñas representaciones del Señor en nuestras vidas, a través de los santos que vivieron hace siglos.

De hecho, la Iglesia cuida especialmente las reliquias desde sus más tiernos inicios. Incluso las tumbas de los santos se convirtieron en lugar habitual de peregrinación para los creyentes, ya que en sus cuerpos habían recibido el cuerop de Cristo en la Eucaristía. Por lo tanto, todo lo que entraba en contacto con ellos, especialmente las vestiduras, era susceptible de recibir veneración. Así se narra en las sagradas escrituras, por ejemplo en Hc. 19, 12: «aun se llevaban a los enfermos los paños o delantales de su cuerpo (de Pablo), y las enfermedades se iban de ellos, y los espíritus malos salían.»

Las reliquias son un modo en que los santos siguen evangelizando en la actualidad, haciéndose presentes entre nosotros. Dan fe de vida cristiana acorde a la voluntad de Dios, por lo que nos dejan una enseñanza muy importante. Si ellos, igual de humanos que nosotros, pudieron darle ese sí tan rotundo a Cristo y al Espíritu Santo, ¿por qué no podemos hacer nosotros lo propio?

Para profundizar más en el terreno de las reliquias, estas son acreedoras de un culto relativo de simple dulía o veneración. Recordemos que hay tres clases de culto: el de latría (adoración), que se tributa únicamente a Dios, al Sacramento Eucarístico y a la Santísima Cruz; el de hiperdulía (peculiar veneración), debido a la Santísima Virgen, y el de dulía (veneración), que puede ser protodulía (a San José) y simple dulía (el debido a los ángeles y a los bienaventurados y sus imágenes y reliquias). El culto de las reliquias de los santos, como el de sus imágenes se llama relativo porque no se venera materialmente la imagen, el trozo de hueso o la prenda, sino a aquél a quien pertenece. Las reliquias pueden ser de tres categorías:

  • Reliquias de primer grado: tomadas del cuerpo del bienaventurado.
  • Reliquias de segundo grado: objetos relacionados con los instrumentos de su martirio o que pertenecieron y fueron usados por el bienaventurado en vida, y
  • Reliquias de tercer grado: cualquier objeto tocado a una reliquia de primer grado o a la tumba del bienaventurado.

Las reliquias de primer grado, a su vez, se dividen en tres clases: reliquias insignes (el cuerpo entero o una parte completa de él); reliquias notables (partes importantes del cuerpo pero sin constituir un miembro entero, como una vértebra, por ejemplo); y reliquias mínimas (huesecillos o astillas de hueso). La Iglesia manda colocar las reliquias de primer grado, para su veneración, en tecas, que tienen la consideración de vasos sagrados y reciben el nombre de “relicarios”. El uso más importante de las reliquias, especialmente si son de mártires, es el de ser puestas en el ara o sepulchrum de los altares de las iglesias. Los relicarios deben colocarse sobre el altar, entre los cirios, en las celebraciones solemnes y se los inciensa durante la misa. Cuando es la festividad del santo cuyas reliquias se veneran en una determinada iglesia, se suele presentar el relicario a la veneración de los fieles para que éstos lo besen con fervor. Actualmente, no se puede consagrar ningún altar sin que se deposite en el ara (un pequeño receptáculo de forma cuadrangular practicado en la losa del altar en la parte sobre la que se coloca la oblata durante la misa) la reliquia de algún santo.

Las reliquias de los Dolores

La tricentenaria Hermandad de los Dolores de Córdoba, perteneciente a la Orden Servita, celebra este viernes 4 de mayo Solemne Eucaristía en honor a San Peregrín Laziosi, patrón de los enfermos de cáncer. Será a partir de las 20:15h en la Iglesia de San Jacinto. Oficiará la Eucaristía el Rvdo. Padre D. Miguel Ángel Vilchez Torés (OP). A la misma asistirán miembros de la Asociación Española contra el Cáncer y a su finalización se podrán besar las reliquias de este santo de la Orden Servita. 

La reliquia de San Peregrín, que es propiedad de la hermandad, fue solicitada al Padre General de la Orden Servita en una convivencia en fue informado de la eucaristía que anualmente celebra la hermandad cordobesa en su honor y la gran repercusión que tiene, con iglesia repleta y la presencia de la Asociación Española contra el Cáncer que realiza una ofrenda, amén de la gran cantidad de enfermos que buscan su protección. A raíz de aquella solicitud, el General envió la reliquia desde Roma. Cabe destacar que la corporación del Viernes Santo cordobés posee dos reliquias distintas, una de los siete santos fundadores de la Orden Servita, y otra la del mencionado San Peregrín Laziosi, patrón de los enfermos de cáncer. La reliquia de los siete santos fundadores, es uno de nuestros atributos más preciados, y forma parte del cortejo penitencial del Viernes Santo.

San Peregrín Laziosi nació en Forli, Italia, en una familia acomodada en 1260. En su juventud fue muy violento, se envolvió en la política en un partido que rechazaba al Papa. Su carácter parece haber sido similar al de San Pablo. Pero Dios tiene caminos para hombres así cuando el corazón es noble. Durante una revuelta, el Papa envió a San Felipe Benizi como mediador. Este fue golpeado en el rostro por Peregrini y Felipe ofreció la otra mejilla. Peregrino quedó impresionado y se arrepintió, convirtiéndose al catolicismo. Ya convertido, San Peregrini fue un gran líder que llevó a muchos a Cristo.

Por medio de visiones, la Virgen le indicó que fuese a Siena y se uniera a la Orden de los Servitas. Allí fue S. Felipe Benizi quién lo recibió en los Servitas. (S. Felipe Benizi es modelo de reconciliación). Peregrini hizo mucha penitencia, observando una vida de silencio y soledad. Mas tarde fue enviado a Forli para fundar una casa de la Orden. Fue un sacerdote modelo con gran fama de predicar con fervor y de confesor. Sufrió de cáncer en un pié por lo que decidieron amputárselo. La noche antes de la operación se la pasó en oración. Al día siguiente estaba completamente sanado. Por este milagro su fama creció. Murió en Forli, 1345 a la edad de 85 años y fue canonizado por el Papa Benedicto XIII en 1726. Su fiesta se celebra el 1 de mayo.

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