Siempre lo he dicho, me gusta la música en todo sus aspectos, en todo lo ancho y largo de su expresión, es algo que forma parte de mi. Me gusta la música cofrade y si bien mi predilección son las Cornetas y Tambores, también el de las Agrupaciones Musicales es un género que cada vez más escucho… y más alegrías como aficionado a la composición me está dando.
Del mismo modo me gusta, como digo, la composición. Es algo que se ha convertido en necesario para mi, lo considero una forma de expresión personal. Compongo por necesidad y a mi forma, y eso sé que en ocasiones -en muchas- hace que la mayoría de obras que escribo se quedan en el disco duro de mi ordenador. Pero cuando alguna de mis composiciones es montada por alguna formación la felicidad es doble, ya que estoy dando y enseñando algo de mi. Así, una parte de mi forma de entender la música cofrade ve la luz.
Y así, esta semana vuelvo al pentagrama en blanco y escribo lo que siento, lo que quiero expresar. Siete años después de la primera composición que escribí, -en aquel entonces para la Banda del Calvario de Montoro, ahora Amor y Paz-. Siete años consecutivos sirviendo pedidos para distintas formaciones que confían en mi para ir conformando sus repertorios de composiciones propias. Desde luego gran responsabilidad esa, que me hace inmensamente felíz. Sé que es muy complicado el mundo de la composición en este ámbito, máxime cuando quiero no perder mi estilo, pero aquí estoy, otro años más escribiendo más música, mi música.





