Tras los cultos en honor de Santo Domingo, la archicofradía del Rosario, junto con un grupo de devotas, volvió a volcarse con la celebración a la Virgen del Tránsito, imagen que contó con hermandad propia, fundada en 1730, en el convento de Belén, de los mercedarios descalzos, y que posteriormente desapareció. A mediados de agosto, la Virgen del Tránsito se convierte en el centro de la feligresía con la misa que se celebra en su honor.
La imagen, situada en su cama de rocalla, abandonó su retablo para recibir la visita de los fieles. Se trata de una obra realizada por J. Ramiro Ponce de León, en 1731, un año después de la fundación de la hermandad.





