El pasado fin de semana ocurrió un hecho histórico en la Colegial del Divino Salvador. Las imágenes de las dos hermandades de Semana Santa que acoge el templo, Pasión y El Amor, salieron de sus respectivos altares para situarse en otros efímeros para la celebración de besapié y besamanos.
La Virgen de la Merced celebraba su anual besamanos que suele coincidir a esta altura de septiembre por la proximidad de la festividad de la Merced que tendrá lugar el día veinticuatro de este mes. Normalmente es el único culto que se celebra ese fin de semana en El Salvador junto con el de la Exaltación de la Santa Cruz. Pero este año ha sido diferente.
El día 14 de septiembre, festividad de la Exaltación de la Santa Cruz, la Hermandad del Amor celebró Solemne Función a la Santa Cruz de forma extraordinaria por motivo del IV Centenario de la fusión de las Hermandades de la Sagrada Entrada y del Amor con la asistencia de Fray Carlos Amigo Vallejo, Arzobispo Emérito de Sevilla. Todo esto ocurría dos horas después de un emotivo acto en la Capilla Sacramental de Pasión donde los niños nacidos en el último año eran presentados a Nuestra Señora y Madre de la Merced.
Aún más insólito fue el día quince. La Colegial empezaba a recoger los primeros rayos de luz del día mientras la Virgen de la Merced estaba situada delante del cancel bajo de entrada a su Capilla Sacramental y los titulares del Amor se disponían para recibir un besamano y un besapié extraordinario. Adjetivo que define a una jornada inusual en El Salvador.
La cercanía de la Dolorosa de Pasión y los titulares de El Amor imprimían un ambiente cuaresmal. Una proximidad que recordaba a los días previos de los días del gozo cuando los pasos de El Amor y Pasión se sitúan frente a frente. Y esa sensación se conseguía nada más atravesar el dintel del templo. La locería bañada por la luz. Un devenir de gente por todas las direcciones entre ambos besamanos. Familias. Amigos. Adolescentes con cámaras. Abuelos trajeados y acólitos repeinados para asistir a una de tantas funciones que tuvo la ciudad el sábado.
Cualquiera se creería que era cuaresma, anestesiado por un agradable y justo olor a incienso que sostenían los ángeles que anunciaban la cercanía de la Virgen de la Merced. Esta vez más cerca de la Virgen del Socorro. Lucía un nuevo manto de vistas confeccionado y diseñado por José Antonio Grande de León. De estilo decimonónico y acorde a los bordados que posee la hermandad y que salieron de las manos de Patrocinio López. Lleno de detalles para celebrar el VIII centenario de la fundación de la Orden Mercedaria y que ha partido de la donación de un grupo de devotos.
Una priostía magnífica la de Pasión al igual que la del Amor. Dos de las cofradías con unos de los patrimonios más brillantes de la Semana Santa sevillana, supieron utilizar su ajuar para sacarle partido, consiguiendo unos altares elegantes y exquisitos. La Virgen del Socorro, hermosamente ataviada portaba su manto de salida de estilo neobarroco y neorenacentista que diseñara Joaquín Castilla. Una joya del Domingo de Ramos que entre los asistentes se comentaba para cuándo una restauración, al igual que la del Cristo del Amor. Insignia de la Semana Santa. Es verlo y transportarse a un tiempo que no entiende de calendarios, como la cuaresma, donde las virtudes y el gusto sólo entienden de infinitos.





