La Hermandad de los Servitas ha anunciado la restauración y conservación, por parte del restaurador Luis Maqueda Toro, de los cuadros de los pasajes de la Virgen María que se encuentran en su capilla y forman parte de su patrimonio material. Pocos datos se conocen del conjunto pictórico de los pasajes de la Virgen María que se encuentran en la capilla de Nuestra Señora de los Dolores, ya que el edificio sufrió mucho en la Guerra Civil perdiendo todo el archivo en un incendio. Tras la contienda la Hermandad sufrió un desvanecimiento, seguramente perdiendo la identidad de congregación o fraternidad en virtud de la cual fue erigida en época de Carlos III en 1781. Este declive conllevó a la desaparición de parte del patrimonio mobiliario de la Corporación o pasando a otras manos.
La Capilla fue erigida en torno a 1740 y la obra comprende arquitectura, coro, retablo y un proyecto iconográfico pictórico en torno a la figura de la Virgen María. En un principio se vislumbra un conjunto de ocho cuadros sobre la vida de la Virgen teniendo como única imagen escultórica a Nuestra Señora de los Dolores con el Santísimo Cristo de la Providencia en sus brazos, obra de José Montes de Oca, fechada hacia 1730. Este diseño generaría un gran friso en los dos laterales de la capilla encontrándose unidos los marcos, seguramente sin dejar espacio entre ellos. Posiblemente y a juego con la gran tela que remataba el retablo, había una gran tela a modo de tapiz, en el espacio que quedaba entre los cuadros y el baño inferior de mármol.
Los cuatro cuadros corresponden con la pintura de la escuela sevillana de la época pos-barroca al encontrarse estos en un proceso de evolución, mezclando la estampa devocional religiosa, el barroco más académico y la moda del rococó. Esta simbiosis se da en pintores pensionados en la Academia de Roma, siendo discípulos de pintores de formas acusadas. En Sevilla la pintura no se adapta a las nuevas atmósferas y formas, pese al influjo que Francia, Italia y Alemania llegan a extender por todas las cortes europeas, lo que advierte que la pintura sevillana comprendida en gran parte del siglo XVIII se vea contagiada del influjo de las obras de Murillo.
La colección de la Hermandad se encuentra muy cercana a este estilo academicista, por lo que se puede comprender que pudieron ser obra de un taller afamado de la época. El taller más conocido en Sevilla desde principios del siglo XVIII es el del pintor Domingo Martínez, maestro de pintores como Andrés de Rubira y Pedro Tortolero. hay que reseñar que la Hermandad solicita el lugar para edificar la Capilla en 1714, y ya desde 1719 la corporación cuenta con capellán, lo que implica que 1740 puede ser el momento de conclusión de la fábrica. Curiosamente el monarca Felipe V residió en Sevilla entre 1729 y 1733 y sus pintores de cámara fueron Jean Ranc y Louis-Michel van Loo, quienes conocieron el taller de Domingo Martínez y lo propusieron al monarca para que lo contratará como pintor de la corte. Domingo Martínez rechazó la propuesta del monarca quedándose en Sevilla.
De esta misma línea nos encontramos con el pintor Gregorio Espinal, pintor y padre del afamado pintor rococó sevillano Juan Espinal, que después de recibir enseñanza de su padre, entró como aprendiz en el taller de Domingo Martínez. Más tarde Juan Espinal desposaría con la hija de su maestro, Juana Martínez, y tras la muerte de su suegro heredó el taller en 1749, del que sería propietario hasta 1783. Juan Espinal compagino las labores de taller con las de maestro en la Academia de Bellas Artes de Sevilla, conocida entonces como Real Escuela de las Tres Nobles Artes de Sevilla de la que fue director de la sección de pintura desde 1775. De Juan Espinal hay que destacar las obras realizadas para adornar el Palacio Arzobispal de Sevilla, encargadas por Francisco Javier Delgado y Venegas, arzobispo. O también las 27 pinturas con escenas de San Jerónimo para el monasterio de San Jerónimo de Buenavista.





