Hay emociones que se hallan íntimamente enraizadas en el sentir popular de los pueblos y en los rincones más íntimos del alma de los seres humanos. Emociones directamente relacionadas con el sentimiento de pertenencia a un grupo por razón de unas creencias o acaso por el amor a unos colores heredados o aprendidos, que propician que el corazón lata de una manera única e intransferible en virtud de cómo enseñaron a cada cual a respirar en su más tierna infancia.
De ahí que, con una frecuencia que algunos podrían considerar inusitada, estas maneras biunívocas de sentir se entremezclen en escenas como las que ha difundido la Banda de cornetas y tambores del Santísimo Cristo de las Tres Caídas de Triana que ha difundido un emotivo vídeo con algunos de sus componentes interpretando el himno del Real Betis Balompié, a las puertas de un nuevo partido del siglo, un nuevo Sevilla- Betis que, con pandemia o sin ella, volverá a paralizar la ciudad de San Fernando. Un vídeo que, a buen seguro, en virtud de la eterna dicotomía hispalense, tendrá muy pronto una segunda parte.





