Nos trasladamos al municipio de Villaverde del Río (Sevilla) donde, desde muy antiguo, se venera una Imagen de la Virgen María de pequeñas proporciones pero con una gran devoción que abarca desde su pueblo hasta cruzar el Atlántico con un sinfín de milagros. Si bien, la Virgen aparece en el término de Villaverde y se venera allí, hará visitas a la Capital y pueblos colindantes para realizar milagros o misas de rogativas.
En lo referente a la Imagen, es una talla de bulto redondo de 11 cm, sedente, con el Niño sentado en su rodilla izquierda portando el Libro de la Sabiduría y en actitud de Bendecir. La mano derecha de la Virgen es una remodelación posterior para que pudiera llevar el cetro de realeza, anteriormente llevaría una flor o fruto en la mano. Algo a destacar es su tallada corona mural que nos recuerda a lo bizantino y que, como muchas imágenes de bulto, se presenta al fiel vestida con manto y saya aunque estos no cubren la Talla. Tiene el privilegio de ser trasladada bajo como el Santísimo e ir en un Paso-Custodia además de ser una Imagen que no siempre estaba expuesta a los fieles, como ocurría con el Santo Crucifijo de San Agustín, hecho que la dotaba también de mayor devoción cuando era expuesta.
La Talla actual data de la segunda mitad del S. XIII con sus morfologías góticas, pero en una intervención en los 90 del siglo pasado llega a aparecer en su espalda un sello reproduciendo un contorno de un vaso lampadario como los que se reproducen en “Las Cantigas de Santa María” escritas por el Rey Alfonso X El Sabio dando credibilidad a la hipótesis de que la madera que cobija dentro la Virgen fuera de una Imagen anterior y la actual sirviera las veces de reliquia.
Según la leyenda, la Imagen de la Virgen fue regalada por San Isidoro a su hermano San Leandro y posteriormente ocultada en el término de Villaverde tras la invasión musulmana. Allí permaneció escondida hasta que, un pastor que tenía por nombre Juan Bueno, pasaba por la zona con su rebaño en busca de agua debido a las fuertes sequías donde decide descansar y sueña con grandes caudales de agua. Al despertar, se encuentra que ha brotado un manantial cuyo origen sale de una Talla que confunde con una muñeca. Se la lleva al pueblo donde la empeña pero al volver a por Ella no aparece y, una vez más, se la encuentra en el mismo lugar a lo que extrañado logra identificar a la Imagen de la Virgen María. Entusiasmado por el hallazgo, corre al pueblo donde avisan a Palacio de lo sucedido. Al presentarse los mandados por el Arzobispo, se dan cuenta que la Imagen ha vuelto a desaparecer y mandan a detener al pastor pero este de inmediato los lleva al lugar donde se le había aparecido anteriormente y dando buena fe del milagro, la Virgen había aparecido en el mismo lugar y mandan levantar una Ermita. Allí permanecerá la Talla hasta que los frailes franciscanos edifiquen un convento siendo trasladada a este sitio. Por último, fruto de la desamortización de Mendizábal, es llevada en 1836 a la Parroquia de la Villa donde permanece hasta día de hoy en su Capilla.
En lo referente a su fuerte devoción podríamos decir que se debe, en buena parte, al carácter itinerante de la Virgen pues, desde muy temprano, la Imagen visita Sevilla para paliar las sequías y epidemias que asolaban constantemente la capital teniendo constancia de ello desde finales del S. XVI. Fruto de esto, nacerá en Sevilla una Hermandad que le rendirá culto y peregrinará a la Ermita todos los años. El transitar de esta hermandad así como las idas y venidas de la Virgen hace que en los pueblos de alrededor vaya fraguando una devoción a Ella y se erijan Hermandades en su Nombre. Este es el caso de Cantillana (donde hay tres réplicas de la Virgen) y Alcalá del Río, todas con sede en la Ermita de Aguas Santas aunque también existiese devoción a la Virgen en pueblos como Brenes, donde también estuvo la Imagen, La Rinconada o Castilblanco de los Arroyos.
La hermandad de Sevilla tenía sus reglas aprobadas desde 1565, antes incluso que las de Villaverde que se aprueban en 1572 aunque esta ya existía con anterioridad. De las tres Hermandades esta era la más rica tanto en capital como en patrimonio pues contaba con un buen número de hermanos mercaderes, burgueses, nobles, etc. en su nómina. Poseía un rico Simpecado de damasco azul e incluso con unas andas propias para la Virgen. El cortejo hacía peregrinación el fin de semana más cercano al día de San Miguel y era formado por gentes a caballo, músicos y carretas profusamente decoradas para la ocasión lo que tendría que ser un verdadero espectáculo de color y devoción hacia la Virgen. Tal era su número de peregrinos que al cruzar el Guadalquivir por Alcalá del Río tenían que avisar a más barcas de las habidas en la zona para poder cruzar.
Es ya a finales del S. XVII cuando se deja de peregrinar y poco a poco se pierde hasta extinguirse la Hermandad aunque en el 1715 hay un intento de reorganización de la Hermandad en la Iglesia de San Pedro pero con distinto fin, se deciden por fundar una congregación del Santo Rosario para hacer este piadoso acto bajo el título de Nuestra Señora de Aguas Santas dado el arraigo y el fervor que todavía se vivía en Sevilla por aquella época, para el acto público llegaban a utilizar el primitivo Simpecado de la Hermandad de Villaverde. Esta desapareció pero aun hoy día podemos ver a la Virgen de Aguas Santas en uno de los basamentos de los varales de la Virgen de las Aguas del Museo o presidiendo el paso de la Virgen del Rosario de San Julián obra de Eslava. También, en 2012, se bendice una dolorosa sedente con el nombre de Aguas Santas y Misericordia para la feligresía de la Huerta de Santa Teresa.
Al cercano pueblo de Cantillana también fue trasladada la Virgen en contadas ocasiones para el cese de epidemias como en el caso del año 1602 donde le hicieron misas de rogativas cesando la peste y curando a los afectados. Es entonces cuando los Cantillaneros deciden entronizarla y darle cobijo en su Iglesia para que permaneciera allí siempre pero, según la leyenda, la virgen aparecía fuera de su sitio dando a entender que Ella quería volver a su pueblo y así ocurrió. Tras esto, los Condes de Cantillana, propietarios del convento donde se custodiaba la Imagen, deciden levantar en su honor un rico y suntuoso retablo en la Parroquia con una copia de la Virgen donde actualmente se encuentra el Sagrario. Desafortunadamente el retablo pereció en los sucesos del 36 aunque sí se pudo salvar la Talla de la Virgen que guardaron con celo los vecinos y actualmente procesiona en la Custodia del Corpus.
Aunque, como decíamos al principio, no es la única réplica que existe y procesiona en Cantillana pues la Hermandad de Aguas Santas donó a la Hermandad de la Divina Pastora y a la Hermandad de la Asunción Gloriosa una copia a cada una que procesionan en el Paso de la Pastora el día 8 de Septiembre y en la Carreta de la Asunción el día de la Subida.
Nos situamos en Alcalá del Río donde tuvo lugar otra Hermandad aunque esta careciera de Reglas y peregrinaba el siguiente fin de semana posterior al 8 de Septiembre. Es en este pueblo donde la Virgen posiblemente haya estado más veces pues al ser sitio de paso en sus idas a la Capital, la Imagen pernoctaba en la Iglesia como en 1605. Esto hace que arraigue en el lugar una fuerte devoción. Los alcalareños no conformes con las visitas de la Virgen para ir a Sevilla piden que venga expresamente al pueblo para obrar milagros.
Una de sus más famosas venidas será la de 1668 donde llegó a estar nueve días en el templo parroquial para pedir su intercesión en una terrible sequía. La Virgen fue en andas portada por los frailes franciscanos y más tarde por alcalareños con una larga comitiva que se iba agrandado según se acercaban al pueblo pasando por los caminos y parándose en las tierras agrietadas por la falta de agua para derramar su bendición como en el cortijo de Pedro Espiga. A la llegada al pueblo, gozó de una fervorosa entrada siendo recibida por las Hermandades de la época, que eran más de las que han llegado hoy día, música, cantes, bailes y penitentes. Destacar que la petición a la Virgen fue oída e intercedió trayendo abundantes lluvias.
No será la única vez que fue a la Villa teniendo su última visita en la primera década del S. XIX, concretamente en 1807. Tras la restauración de la Parroquia apareció una pintura mural que posiblemente sea una representación de la Virgen de Aguas Santas en el templete al no concordar con ninguna otra Imagen que se venerase en la Iglesia.
Por último es de destacar su influjo en advocación y hechura de otras imágenes de la Virgen, hecho debido al peregrinaje de los monjes franciscanos que salían del Convento rumbo a otros pueblos y ciudades y en los que había calado fuertemente la devoción a Aguas Santas. Así nos encontramos una talla de mayor tamaño en Jerez de los Caballeros y Salvaleón, ambas de la provincia de Badajoz, que al mismo tiempo son patronas y tienen su origen en un Convento franciscano. En Árdales (Málaga), existe una Virgen llamada “de Villaverde” fruto sin duda de una derivación del Nombre de Aguas Santas con su lugar de origen, aunque en este pueblo llegaron a existir dos imágenes de la Virgen con esta advocación, una fue quemada en los sucesos del 36.
Surcando el Atlántico, en el mundo hispanoamericano, nos encontramos con dos Vírgenes más bajo la advocación de Aguas Santas, la primera de ellas en Ecuador donde tiene una fuerte devoción coronándose canónicamente en 1959 y cuya leyenda nos recuerda a la primitiva de Villaverde del Río. La otra, en Venezuela, donde se representa a la Virgen de pie y que fue llevada por un soldado español que sanó sus heridas en un manantial cercano al lugar.
La Virgen de Aguas Santas fue, sin lugar a dudas, una de las devociones más fuertes de la Archidiócesis de Sevilla dando lugar a que se venerara en diferentes partes del mundo. Fruto del gran fervor de los villaverderos fue nombrada Patrona de su pueblo y Coronada Canónicamente en 1979 por el Cardenal Bueno Monreal. Tanto su romería como su procesión el 8 de Septiembre es digna de admirar pues no es menos curiosa esta al pararse el paso en cada puerta de las casas recordando aquella vez que fue escondida la Virgen de casa en casa para que no fuera arrebatada de su pueblo.





