¡Bendito sea el nombre de María Virgen y Madre!

Nunca se cansa uno de amar a la Virgen María y menos aún, cuando el calendario de forma incesante recuerda festividades en honor a la mejor de las nacidas, como es el caso de este mes de septiembre que hace pocos días estrenamos, y que de una manera especial, en los días 8 y 12 celebraremos a María en su dulce nombre y en multitud de advocaciones.

En nuestros pueblos y ciudades, estos días se celebraran con aromas de fiesta pues en muchas localidades, eran días de ferias y romerías, viéndose desde el recuerdo, pero con el corazón y la mirada en María. 

Aparcando el júbilo de la calle, cabe destacar, como María, fue capaz de cambiar el rumbo de la humanidad y marcar el día a día de las venideras generaciones. María, cinco letras para amar, cinco letras para acercarse a Cristo, cinco letras que se perpetúan en la historia.

La historia, ahora nos sitúa en una alerta sanitaria, la cual nos está obligando a cambiar nuestra manera de vivir. De una manera especial, en esta tierra nuestra forma de vivir va unida a la de ser creyentes y por lo tanto, nuestro día a día está marcado por las festividades del calendario. Pasamos la “Virgen de agosto” y ya soñamos un septiembre en el que veneraremos la Cruz y piropearemos a María.

Quisiera compartir con vosotros, como la fe de los cristianos y la devoción está prevaleciendo en estos tiempos de pandemia, pues desde algunos sectores, se nos señalaba que los cofrades que solo queríamos “santos en la calle” y altares de cera y flores. Pues bien, está siendo un año austero, sin procesiones y con altares de cultos tímidos y sin en cambio, los cofrades estamos más que nunca en primera línea de batalla.

En estos días de fervor a María, estamos demostrando que ciertamente no nos hacen faltas bullas, ni petaladas, ni coplas, ni rituales de antaño, pues lo único que necesitamos es a María para caminar en nuestras vidas y ante su llamada, no hay corazón que se pueda resistir.  En estos días que las plazas de los pueblos están vacías de verbenas, se muestra que la festividad del calendario no es un trámite o una “tradición” para que sea feria en una localidad, si no que María es la que reina en las gentes de ese lugar.

¡Bendito sea el nombre de María Virgen y Madre! Ella siempre nos congrega y ahora, le pedimos que jamás nos falta su amor para continuar en nuestro caminar diario.