Está atípica Semana Santa que nos ha tocado vivir va a propiciar múltiples escenas para el recuerdo de los cofrades de los puntos cardinales de la geografía andaluza. Imágenes inolvidables fruto del esfuerzo de los equipos de priostia por convertir el extraordinaria inmemorable la realidad actual condicionada decisivamente por las limitaciones derivadas de la dura crisis sanitaria que nos asola.
Es el caso de la Hermandad sevillana de la Amargura qué has decidido componer una estampa única para celebrar esta Semana Santa. Bajo esta premisa, Nuestro Padre Jesús del Silencio se encuentra sobre la canastilla del paso que estrenó en 1911, y en la que procesionó hasta 1918, conocido como “El Acorazado Potemkin”. Se encuentra vestido con la túnica llamada de “las Rocallas”, bordada por Rodríguez Ojeda en 1919, portando las potencias renacentistas.
Flanqueado por los candelabros de guardabrisas del paso de misterio (1939), y sobre un monte vegetativo compuesto por rosas rojas, alehíes morados, statice morado, y claveles rojos entre otros, el Señor, completamente solo, ofrece una visión única.
Por su parte, María Santísima de la Amargura, de forma majestuosa, se encuentra sobre los respiraderos de su paso de palio y la peana de salida, acompañada por San Juan Evangelista. Como cada víspera del Domingo de Ramos, la Virgen vuelve a portar en su cintura la corona de Madre María de la Purísima.
El exorno floral se compone de azahar, rosas, calas, orquídeas, claveles y alhelíes blancos. La Santísima Virgen porta manto de salida, estrenado el Domingo de Ramos de 1927, así como saya de tisú de oro (2008). Porta igualmente toca de sobremanto, ejecutada por el taller de Carrasquilla en 1941, y la corona de Lecaroz (1922).












