La primera es la que vale, el primer tiento a la madera es el que marca el resto de la salida, desde siempre, si no hay peso, solo tenemos que esperar, esperar a que vengan los kilos, que venir seguro que vienen, con estas palabras dichas por un veterano, veterano aún activo, se hace una buena definición por quien de verdad conoce este oficio del costal, quien conoce a fondo la realidad del oficio de costalero, levantar con firmeza, aguantar cada uno lo suyo, y si por mal estado del firme de la calle, o cualquier otra circunstancias no te llegan los kilos, no te pongas de puntillas, no subas tu morcilla hasta cogerlos, tranquilízate espera y no busques una mala forma o postura.
Solo has de esperar paciente, caminar suelto, verás como a los pocos pasos ya vienen en tu busca, cuando lleguen, hay que darle la bienvenida como lo ha de hacer un costalero, firmeza en las piernas, entereza desde las plantas de los píes hasta la cerviz, desprecio del peso, esfuerzo y buenos apoyos, solo besar el suelo con toda la suavidad que seas capaz de poner en las suelas de tus zapatillas, sencillo, simple y natural.
Si vienen kilos, recuerda los momentos en que no te vinieron, en esos los kilos descansaban en el cuello de otros compañeros de costal, y así son las cosas, vienen y van, y nosotros siempre igual, siempre lo mismo, entereza, temple, sinceridad y mucha paciencia.
Desde siempre he pensado que si has sido costalero, serás costalero toda tu vida, el costal cuando te lo calzas, nunca se queda atrás, va contigo, es más me atrevería a decir, el costal eres tú, que tu faja se te ciñe ella sola ante cada dificultad de la vida, físicamente estará guardada en un armario, pero al llegar la dificultad se tensa el paso, cuando ella te abraza, te notas fuerte por su abrazo, y como tantas veces sientes como el costal te presiona la frente, la morcilla se hunde en tu cervicales, aprietas los dientes, cierras los ojos y ya no hay dificultad que no sea superable.
Pero la diferencia entre un “Costalero” y un “costalero” se encuentra en la devoción, la devoción es la más importante característica y principal motivo y lo único que le da algún sentido a su esfuerzo, de no ser así, solo será un ejercicio físico más, sin importancia.
Todo esto viene a que el sábado presencié de forma casual varias cuadrillas de costaleros en las inmediaciones de las sedes de sus cofradías, en las reunió previa a su semanal ensayo, vi mucho músculo, mucha preparación, muchas horas de gimnasio, pero ni un atisbo de devoción, noté mucho su falta, hablaban entre ellos de pesos, de pasos, de complementos dietéticos, de resistencia, de mil cosas, y lamentablemente dolorido en lo que más he querido en mi vida al servicio de mi sagrado titular, con el honor de ser sus píes durante unas horas, meditando que en su larga pasión nunca se lamentó de dolor, me sorprendió el comentario de un costalero que contaba como durante un ensayo un compañero decía “no puedo, no puedo más”, y tengo la certeza de que era joven, demasiado joven, y seguro, con muy poca experiencia, lo que le faltaba a ese hombre no eran horas de ejercicio físico, solo un poco de devoción.
Y es ahí donde se demuestra si lo que tiene la hermandad son «Costaleros» o «costaleros», si lo que tiene es un “capataz” o un “Capataz”, he dedicado muchas horas de mi tiempo, y varias décadas, en intentar dirigirme a costaleros, con la única misión de introducir en su ecuación y en la de la cuadrilla, un nuevo elemento, la devoción, y solo conozco un “Capataz” que
hayan conseguido eso de forma sobrada.
Los resultados de la devoción en la cuadrilla perduran durante años, pero si no se insiste profusamente en cultivarla, se va perdiendo y como resultado de todo esto, pasos que andan solo por andar, levantando y posando, sin señal de conocer lo que se levanta o se posa, por decirlo de otra manera, fuerza solo, sin pasión, sin devoción, y eso se nota.
Ya sabemos, ahora, vamos a dar la primera levantá, vamos a ver si vienen o no vienen kilos, venga lo que venga, aquí estaremos los “Costaleros”, y los “Capataces” de verdad, con nuestra devoción en la cerviz y los demás que sigan haciendo ejercicios físicos, que lo nuestro será otra cosa, solo penitencia y devoción.
Todos por igual, valientes, valientes los que tienen devoción, y ahora “a la esta es”.





