Lejos de aplacarse la polémica derivada de la tala del famoso ficus de San Jacinto, la Parroquia ha emitido un comunicado público para mostrar su visión del asunto que tantos ríos de tinta está propiciando. En la nota, el consejo parroquial de esta comunidad de San Jacinto explica «que todas las decisiones y gestiones que han recaído sobre nuestro párroco Fray Javier Rodríguez, han sido avaladas y apoyadas por este consejo».
«Igualmente -prosigue el comunicado- fueron los partidos políticos y asociaciones de este barrio de Triana reunidas en junta de distrito y sin ningún tipo de influencia por parte de esta parroquia quienes dieron el visto bueno a este proceso, con 18 votos a favor y la única abstención de Podemos». Por lo que «resulta anecdótico que estemos escuchando en los medios que se manifiestan los vecinos de Triana, cuando el mayor porcentaje de manifestantes son pertenecientes a asociaciones o entidades foráneas a este barrio de Triana», puntualiza la nota.
El comunicado añade que «nadie más que los miembros de esta comunidad parroquial sentirán la desaparición de este árbol que nos ha acompañado gran parte de nuestra existencia. Pero la peor decisión fue sembrar este tipo de árbol en este lugar, lógicamente ignorando que este espécimen tendría la evolución que hoy conocemos y que a todas luces se ha convertido en un cáncer (que igualmente es una entidad viva) que crece de forma desmesurada en el lugar menos adecuado, aunque algunos sigan pensando que es como un bonsái que podemos manejar a nuestro antojo con el cuidado necesario».
Además, incide en que «este consejo parroquial lleva muchos años intentando buscar distintas soluciones a esta realidad, aunque para algunos sea un tema novedoso y otros crean que ha habido despreocupación por parte de la propiedad, e independientemente del sobrecoste económico que supone el mantenimiento de este ejemplar y que obligatoriamente se ha de detraer del mismo fondo que se ha de dedicar a lo que es el sentido de nuestra labor social».
Y añade que «nadie, ni técnicos ni profanos sensibles y amantes de la naturaleza, pueden asegurar, con un grado de seguridad suficientemente asumible, que a pesar de mantener los cuidados necesarios este árbol no vaya a seguir creciendo en profundidad por su enraizamiento (y provocando daños estructurales a la iglesia, al muro de contención, e incluso a la calle y bloques colindantes) y que pueda seguir desprendiendo ramas de forma arbitraria (como ha sucedido con otros ejemplares similares, teóricamente bien cuidados) que puedan ocasionar nuevas desgracias personales como las ya ocasionadas, o incluso peores».
«Por todo ello, -subraya- ponemos a las personas en primer lugar, y a un edificio que ya llevaba más de 200 años aquí, cuando un desconocedor de la materia se le ocurrió sembrarlo en este espacio», agradeciendo «a todas las personas que durante estos días se han manifestado junto a la parroquia su ejemplar comportamiento», y mostrando «nuestro máximo respeto por los ideales que mantienen y que hacemos nuestro, lamentando que en esta ocasión nos veamos obligados a discrepar», «quizás porque en esta ocasión el problema está en la puerta de nuestra casa, por lo que también les rogamos se pongan en nuestro lugar», concluye.





