La Córdoba de siempre ha vuelto a caminar por sus calles en la solemnidad de la Asunción. La Virgen del Tránsito ha regresado al Alcázar Viejo para protagonizar una jornada en la que San Basilio, sus calles y sus rincones han ofrecido el escenario perfecto para una celebración que forma parte de la memoria más profunda de la ciudad.
La mirada de nuestro compañero Ismael Merlo, a través de su magnífica crónica gráfica, recoge precisamente esa dimensión de la jornada: la Virgen avanzando entre la cal y la penumbra, junto a fachadas y esquinas que parecen conservar intactas las huellas de otra Córdoba. Cada fotografía se convierte así en testimonio de una procesión y, al mismo tiempo, en el retrato de una ciudad que todavía encuentra en sus devociones una manera de reconocerse.
La Asunción devuelve el Tránsito a San Basilio
El recorrido por San Basilio, Enmedio y las inmediaciones de las Caballerizas Reales ha permitido contemplar a la Virgen integrada plenamente en el paisaje que le es propio. Los nardos han acompañado su presencia en una jornada de agosto en la que el calendario parece adquirir otra dimensión y determinados aromas y estampas regresan a las calles.
Tras atravesar el arco de las Caballerizas Reales, el cortejo ha continuado por Amador de los Ríos, Corregidor Luis de la Cerda y Magistral González Francés, hasta alcanzar la Catedral por la Puerta de Santa Catalina. La entrada en el templo mayor ha dejado también una imagen especialmente significativa al pasar la Virgen muy cerca del espacio que había sufrido un incendio apenas unos días antes.
De la Catedral al corazón del barrio
El regreso ha vuelto a situar el foco sobre el vínculo que une a la Virgen con San Basilio. Después de atravesar la Catedral, el cortejo ha emprendido el camino hacia su barrio, recuperando progresivamente el paisaje habitual de esta devoción.
En el Patio de los Naranjos, los sones de Tubamirum han acompañado a la Virgen durante su regreso. Al frente del paso, José Alberto Roldán y su cuadrilla de costaleros han sido los encargados de conducirla por las calles cordobesas.
Las imágenes de Ismael Merlo permiten detener precisamente esos instantes: el encuentro entre la Virgen y la arquitectura, entre la devoción y el patrimonio, entre la luz de agosto y las sombras de las calles de San Basilio. Una sucesión de fotografías que convierte la procesión en memoria visual.
Una Córdoba que permanece
El 15 de agosto también es una fecha en la que muchos cofrades dejan Córdoba para acudir a otras celebraciones o buscar el descanso en destinos de costa o de interior. Sin embargo, la ciudad conserva en el Tránsito una cita que no necesita comparaciones, porque su significado nace de la propia relación entre la Virgen, el barrio y sus calles.
En una Córdoba transformada por el paso del tiempo, por el turismo, por los nuevos usos de sus espacios y por una creciente masificación, la procesión ofrece cada año la posibilidad de contemplar una parte de aquella ciudad que permanece viva en la memoria.
La crónica gráfica de Ismael Merlo captura esa esencia sin necesidad de añadirle artificios. La Virgen ha vuelto a caminar por San Basilio, ha visitado la Catedral y ha regresado después a su barrio. Y en ese itinerario quedan imágenes capaces de explicar por sí mismas lo que significa el Tránsito para Córdoba: una devoción que, cada 15 de agosto, devuelve a la ciudad el reflejo de su propia memoria.


















