Aquí hay bemoles | Sonidos de agostera memoria

Agosto agoniza entre el calor impasible y el crujido inevitable de las puertas de los locales de ensayo. Volver a empuñar la corneta, ajustar el parche y reencontrarse con los compañeros tras las vacaciones no es un simple trámite; es el ritual pagano y devoto con el que Sevilla empieza, en silencio, a soñar de nuevo con la primavera.

Esta vuelta al trabajo no es una más. Viene cargada de titulares, de incertidumbres y de esa ilusión madura que precede a los grandes giros de guion. En el horizonte más cercano, el panorama musical de la ciudad aguarda movimientos tectónicos. Por un lado, la expectación contenida ante los nuevos proyectos de formaciones emblemáticas como El Sol y La Sangre, llamadas a reivindicar su sitio y su sello indiscutible en un mapa sonoro cada vez más exigente. Por otro, la curiosidad de ver hacia dónde encamina sus pasos la nueva dirección de Virgen de los Reyes, una institución que sabe que reinventarse sin perder la identidad es la única fórmula para seguir marcando el compás.

Pero la música en Sevilla nunca suena en el vacío; depende del pulso de las hermandades. Las inminentes tomas de posesión de las nuevas juntas de gobierno prometen mover ficha. Hay miradas puestas en la calle Feria y de forma muy especial, en el barrio del Cerro del Águila. Allí resuena con fuerza el eco de la historia y el afecto sincero de esa Agrupación Musical nacida en sus calles hace casi medio siglo, aquella que tuvo el honor insustituible de ser la primera en regalarle sus sones y querer con locura al Señor de la Humildad, y sí, hablo de Redención.

Tampoco conviene perder de vista lo que depare el Carmen Doloroso, donde los vientos de cambio en el apartado musical prometen rediseñar el caminar de sus pasos.

Las cornetas ya rompen el silencio del polígono y los tambores empiezan a marcar el paso. Nada ha empezado aún en las calles, pero en las naves de ensayo, un año más, ya ha comenzado todo.