En los últimos meses, el mundo de las cofradías andaluzas ha vivido una polémica que ha sacudido los cimientos del arte sacro: la adquisición de bordados de origen pakistaní por parte de algunas hermandades. Según un reportaje de Jaén Hoy, el problema no se limita a una simple competencia comercial. Detrás de esto hay una red de pseudotalleres en Pakistán que, a través de redes sociales, plagian descaradamente diseños originales de artesanos locales, ofreciéndolos a precios irrisorios. Esta práctica ha generado indignación entre los bordadores tradicionales, quienes ven cómo su trabajo es copiado y vendido sin ningún tipo de respeto por su autoría.
El gremio del arte sacro en Andalucía ha respondido con firmeza, uniéndose para emitir un comunicado conjunto en el que denuncia esta situación. Entre los afectados destaca Pedro Palenciano, un reconocido bordador de Jaén, cuyos diseños han sido replicados en múltiples ocasiones. «Me copian un diseño al mes», asegura Palenciano en declaraciones a Jaén Hoy, quien ha visto cómo obras suyas, como el palio de la hermandad del Nazareno de Linares, han sido reproducidas casi al detalle por estos talleres clandestinos. «Tienen prácticamente todos nuestros trabajos copiados», lamenta.
Falta de protección legal y redes sociales
Uno de los mayores desafíos es la falta de un marco legal que proteja los derechos de autor de los bordadores. A pesar de las denuncias, los talleres pakistaníes continúan operando con impunidad, cambiando de cuentas en redes sociales y manteniendo su actividad. Palenciano sospecha que detrás de estas operaciones hay alguien con conocimiento del sector: «Alguien los está asesorando, porque la precisión con la que copian es alarmante».
El detonante: el manto de Jerez
La polémica estalló en marzo de 2024, cuando la hermandad de la Clemencia de Jerez anunció el estreno de un manto procesional bordado en Pakistán. Este hecho marcó un punto de inflexión, ya que el diseño original había sido creado por Palenciano. Desde entonces, se han sumado otros casos, como el de la Virgen de los Ángeles de Morón de la Frontera, que recibió un manto confeccionado en las mismas circunstancias, según informa Jaén Hoy.
Inicialmente, estos talleres se dedicaban a la producción de textiles para formaciones musicales y otros enseres religiosos. Sin embargo, en los últimos meses han incursionado en piezas más complejas, como mantos y palios, copiando diseños de reconocidos bordadores andaluces. La globalización y las redes sociales han facilitado esta práctica, ya que los talleres tienen acceso a una gran cantidad de imágenes que les permiten replicar los trabajos con facilidad.
Calidad vs. bajo costo
Los artesanos andaluces insisten en la importancia de valorar la calidad y el patrimonio cultural que representan sus obras. Palenciano subraya que el arte sacro en Andalucía se distingue por su excelencia, y que estos productos low-cost no solo carecen de la misma calidad, sino que también representan una amenaza para la supervivencia del gremio. «Lo barato sale caro», advierte, señalando que estos bordados suelen ser de menor calidad y, en algunos casos, podrían estar confeccionados con materiales como hilos de plástico en lugar de metal.
Además, los bordadores hacen un llamado a la conciencia de las cofradías, recordando que el apoyo a estos talleres clandestinos puede estar fomentando prácticas laborales poco éticas, incluso cercanas al trabajo esclavista. «Si las cofradías defienden valores cristianos y humanitarios, no deberían apoyar este tipo de comercio», afirma Palenciano en su entrevista con Jaén Hoy.
Jaén, también afectada
La provincia de Jaén no ha escapado a esta problemática. Recientemente, se han detectado plagios en piezas como el techo de palio de la Virgen de la Estrella y el faldón frontal del paso de la Virgen de la Paz de la cofradía de la Borriquilla, según revela Jaén Hoy. Estos casos han generado preocupación entre las hermandades, que ven cómo su patrimonio artístico es vulnerado por estas prácticas desleales.
Ante esta situación, los bordadores andaluces buscan fortalecer su gremio y promover la valoración del trabajo local. «Tenemos que fomentar que lo que se hace aquí es de una calidad excepcional», insiste Palenciano, quien compara esta lucha con la defensa del aceite de oliva jiennense: «Cuando hemos sabido valorar lo nuestro, nos ha ido mejor».
Mientras tanto, el gremio sigue buscando soluciones, desde la creación de asociaciones provinciales hasta la posibilidad de implementar aranceles que protejan el mercado local. Sin embargo, la batalla contra el plagio y la competencia desleal parece estar lejos de terminar, en un contexto donde la globalización y las redes sociales han abierto nuevas fronteras, tanto para el arte como para su explotación.
Fuente: Jaén Hoy.





