Al filo de la madrugada, las puertas de San Hipólito se abrieron para que el cortejo que acompaña al Cristo de la Buena Muerte y a la Reina de los Mártires se fundiera con el sentimiento de expectación, fe y devoción que habitaba la plaza, envuelta en una atmósfera de recogimiento y solemnidad. El silencio se apoderó de todos los presentes, conteniendo la respiración por la certeza de encontrarse cara a cara con el Hijo de Dios muerto por concedernos la salvación, en un momento de intensa espiritualidad y comunión.
El Cristo de la Buena Muerte, impresionantemente sereno y majestuoso, se erguía sobre el tradicional calvario morado que culmina el sobrio y elegante paso del crucificado de Castillo Lastrucci, una obra maestra de la imaginería religiosa contemporánea. La imagen se convirtió en un oasis de quietud, certeza y confianza para todos aquellos que le observaban calladamente, musitando una oración en un momento de profunda introspección y reflexión.
Mientras tanto, en la calle Pintor Cuenca Muñoz, un considerable gentío esperaba la llegada del crucificado, guardando un silencio sepulcral solo roto por algún ladrido ocasional y una voz inadecuada y extemporánea que provocó el chisteo generalizado, rompiendo momentáneamente la tensión emocional que se había creado.
Sin embargo, la espera se prolongó más de lo esperado, y el numeroso público presente comenzó a impacientarse, sintiendo una creciente ansiedad y expectación. Más de diez minutos de incomprensible parón motivaron que muchos se marchasen y otros pensasen en voz alta que algo debía ocurrir con el paso de palio, en un momento de confusión y perplejidad.
Repentinamente, el cortejo volvió a colocar el cirio al cuadril, y la desesperación se difuminó repentinamente para que todas las miradas se dirigiesen al final de la calle, donde apareció el refulgente paso de palio de la Reina de los Mártires, una verdadera obra de arte que deslumbró a todos los presentes. La imagen de la Madre de Dios, impresionante y dulcísima, se erguía sobre el paso de palio, creando un espectáculo de belleza y fe que dejó a todos los presentes sin aliento, en un momento de éxtasis y admiración.
Fue un broche de oro maravilloso para despedir un Jueves Santo ya convertido en madrugada, que habría de llevar a la Buena Muerte a la Santa Iglesia Catedral para culminar la única jornada tranquila de esta incómoda e imprevisible Semana Santa de 2025 en Córdoba.



























El capirote | Luz de tristeza
La crónica | La Esperanza convierte las calles de La Línea en un suspiro de magia y devoción para la historia
La Hermandad del Rocío de la Macarena designa a Rafael Murad Puchol como pregonero de la Romería de 2027
Cruz de guía | La SGAE terminará de estrujar el bolsillo de las hermandades
Osuna y Marchena ponen fin a su peregrinación conjunta hacia El Rocío a partir de 2027
Sigue en directo la Coronación Canónica Pontificia de Santa María del Alcázar de Baeza
Los artesanos | Lo que no aparece en la factura
Pepi Maya inicia con la primera puntada el bordado del futuro techo de palio de Santa María de Consolación
El Nazareno del Amor conmemora sus 75 años de historia con una salida extraordinaria cargada de estrenos y memoria franciscana
Entrevista | Lázaro Mata: «Respetar a los grandes maestros no significa hacer imágenes que parezcan antiguas»
Galería | La Virgen de la Merced bajo palio
El Cristo de la Buena Muerte de Jaén saldrá en procesión extraordinaria por el centenario de la Hermandad
La Cena de Huelva aprueba por unanimidad el proyecto de su futuro manto procesional para la Virgen del Rosario
La Hermandad de la Defensión formaliza la cesión de su nueva Casa de Hermandad por un periodo de 30 años
Enrique Barrero Rodríguez, pregonero de la Semana Santa de Sevilla 2027 




