En esta segunda parte de la entrevista, el capataz del misterio de La Sangre y del Cristo de la Buena Muerte reflexiona sobre el mundo del costal, su pasado, su presente y la evolución que prevé
Terminábamos la primera parte de la charla con Rafael Ramírez Galvín, reflexionando sobre la capacidad de sacrificio y las exigencias que se le exigen a los costaleros actualmente. Y la retomamos con el análisis del capataz sobre la falta de naturalidad que se echa en falta en la Semana Santa.
Durante las siguientes líneas, Ramírez valora las cualidades que deben tener capataces y costaleros e incide en quiénes le han influido más, así como en la evolución que prevé. No se la pierdan, pues ese último análisis es digno de tener muy presente. disfruten.
-¿Cuánta falta hace ese romanticismo?
El romanticismo es lo que no se puede perder. Ya estamos perdiendo demasiado con todo tan cuadriculado, con perder la naturalidad de las cosas, todo marcado, el aquí no te puedes parar. Esto es más natural y esa naturalidad es lo que te hace que, cuando pasa un paso que te deje el regusto o que no te lo deje. Veo demasiado encapsuladas a las cofradías, en general, y creo que hay que volver a lo natural.
Hay mucho encapsulamiento, todo medido, todo cuadriculado. A tal hora tiene que estar el paso aquí, porque si se pasan tres minutos ¿Qué pasa con los tres minutos? No pasa nada. Los repertorios muy elegidos, es todo y no hay nada a la improvisación. Esa naturalidad creo que vendría muy bien a la Semana Santa, en general.
“Se lo digo muchas veces a mi hijo, si tu crees que por tener un martillo eres una persona relevante, estás equivocadísimo”
En los ensayos, como seas muy natural y se te escapen dos tacos, sales en los periódicos. Tienes que estar pendiente porque se llenan de cámaras. Hay una serie de cosas que están haciendo que se pierda lo natural que debe ser esto.
-Decías que los martillos cuesta más defenderlos que llevarlos ¿Qué tienen?
No sé. Se lo digo muchas veces a mi hijo, si tu crees que por tener un martillo eres una persona relevante, estás equivocadísimo. Y, por eso, mi hijo no es que esté quitado de enmedio, pero no lo verás en una taberna cofrade, él sabe que eso (llevar un paso) dura un tiempo y que la responsabilidad pesa más que la popularidad que se pueda tener.
“Lo relaciono con la vida, tú ves a alguien mandar y difiere muy poquito su persona de esa actitud”
A mi me pesa más la responsabilidad, que haya gente que sea capaz de hacer cosas por coger un martillo, va en la persona, no va en el martillo. Eso que decía Antonio (Santiago) de que en el martillo va el diablo, creo que el diablo va en la persona que toca el martillo. Solo tienes que ver los pasos de la Semana Santa de Córdoba, ves cómo se van mandando y qué se va mandando y te está diciendo casi todo de la persona. Lo relaciono con la vida, tú ves a alguien mandar y difiere muy poquito su persona de esa actitud.
-¿Te han defraudado alguna vez por cuestiones de martillos?

Sí, pero no es fraude. Quiero decir, si alguien se enfada conmigo por un martillo o por algo de costaleros, es porque no es mi amigo. Entonces, la pérdida me da igual. Considero mis amigos a los que son capaces de hipotecar su casa para darme de comer. Eso es un amigo, lo otro, si un tío se enfada porque me dan un martillo, pues mira, si no me quieres hablar no me hables, el problema lo tienes tú.
Que la gente hace cosas que te hagan preguntarte, pero esto cómo puede ser, pues las hacen. Creo que eso hila con lo que veníamos comentando antes, no sé que es lo que tienen (los martillos) para que hagan ese tipo de cosas. La popularidad. Yo incluso sacando cofradías prefiero mantener un perfil semiplano, no asomar mucho la cabeza, porque al final, ni el protagonista soy yo, ni el costalero, ni nadie, la que tiene que salir ganando es la cofradía.
“Los 365 días del año eres capataz de una cofradía y se debe reflejar en tu comportamiento”
Otra cosa es que los 365 días del año eres capataz de una cofradía y se debe reflejar en tu comportamiento. Si ahora discuto aquí con el camarero, puede pasar cualquiera y decir, el capataz de mengano estaba discutiendo… Ya no eres Rafael Ramírez, eres capataz de tal cofradía. A eso me refería con el peso que conlleva. Al final, eres imagen de una hermandad. Y, al contrario, si tu comportamiento es cívico, normal y corriente, beneficia a la hermandad que sacas.
-¿De qué capataces has bebido, cuáles han sido tus referentes?

El principal, el que me sacó (de costalero) y me dijo, “Rafa, esta hermandad no es para que te enseñe”. Me lo dijo refiriéndose a la Hermandad de la Esperanza. “Vente conmigo a la Caridad, que allí sí te voy a enseñar”. Luego no pudo ser, porque los contraguías que llevaba no quisieron o no sé que pasó. De primeras, fue Rafael el que me puso en órbita un poco.
Te estoy hablando de Rafael del Olmo, que igualaba con el costal puesto, y dices cómo vas a beber de eso. Es lo que había en esa época y es cómo él lo entendía. Pero, realmente, he sacado tantos pasos, vas viendo cosas de uno, de otro. Quedándote con lo bueno de cada uno, lo que ves que no te encaja lo vas descartando.
Me hizo mucha mella el tiempo que estuve saliendo en Sevilla en el palio del Silencio, el segundo que llevaba Antonio León era Fernando González Doncel, que es ahora capataz ahora de la Hermandad del Silencio, saca el palio de Montserrat y creo que sigue sacando Santa Cruz.
De ese hombre aprendí muchas cosas y me las traje para mí. Es uno de los capataces tapados que hay en Sevilla, porque tiene tres cofradiones y les pega unos paseos que las enciende. Santa Cruz quizá menos, pero los otros dos palios son durísimos y le cambió hasta el caminar, ahora no va como cuando era costalero que iba a paso mudá y ahora lo ves y va con categoría.
“Me hizo mucha mella el tiempo que estuve saliendo en Sevilla en el palio del Silencio, el segundo que llevaba Antonio León era Fernando González Doncel, que es ahora capataz ahora de la Hermandad del Silencio”
A mí me encanta y de Fernando me he quedado con muchas cosas en mi bolsillo para mí.
-¿Qué diferencias, si es que quedan, hay con Sevilla?
Creo que va habiendo menos. En la época en que salía era como si fuéramos a jugar al pádel tú y yo y luego nos ponen un partido de profesionales, dices es otro deporte. El símil es parecido, era sacar un paso, pero totalmente distinto. La disciplina que en aquella época tenían, eso en Córdoba ni se soñaba. Te quitaban la ropa y te decían con esta ropa no te puedes meter (bajo el paso), te la tienes que hacer así y si no coges la puerta que tengo a 70 para meter. Eso aquí no lo había.
A día de hoy está la cosa un poco más equilibrada. La gran diferencia la veo todavía en que aquí veo a muy pocos, muy pocos (capataces) que tenga definida a su gente. Un costalero de Villanueva va con Villanueva y no va con Antonio y eso aquí, a día de hoy, es imposible. Hay gente que está intentándolo ya, pero va a tardar mucho en llegar. Porque, entre otras cosas, creo que aquí los capataces han ido aprendiendo, casi todos, a topetazos y no ha habido sagas, continuidad en el tiempo donde hayas podido hacerte con tu gente. En las dos cofradías que saco, creo que tengo gente de todos. Cuando llega la época de los ensayos y comienzan a ver, me dicen me coincide con este, etc. Vienen conmigo a las dos cofradías pero sacan otras. Creo que eso le pasa a todo el mundo.
Esa puede ser la diferencia más grande, amén del -no sé si llamarlo técnica- capataz a la hora de igualar, de elegir altura. Aquí estás un poco más limitado a la hora de elegir alturas, tienes a la gente que tienes, no tienes a cien esperando. Es verdad que ahora convocas una igualá, como me pasa a mí el Martes Santo, y te sorprende la cantidad de gente pidiendo hueco.
“Un costalero de Villanueva va con Villanueva y no va con Antonio y eso aquí, a día de hoy, es imposible”
Pero ¿qué haces? Se han estado comiendo contigo un marrón todos los que llevas un montón de años y, ahora que lo has puesto donde querías, ¿prescindes de ellos?
-¿Es muy duro decirle a un costalero que no entra en la cuadrilla?
Sí, sí. Porque, además, no sabes qué hay detrás de él. Tú no sabes los motivos que a ese hombre lo llevan a pedir sitio a una igualá. Cuando le dices que no hay sitio, realmente no sabes lo que estás haciendo. No entro en si eres buen o mal costalero, realmente no sabes qué motivo a llevado a esa persona a pedir hueco.
En el Señor de la Sangre me tiré igualando, por lo menos, tres horas y tenía muy pocos huecos. Me daba mucho apuro la gente que había ido allí a pedir hueco y que no se le pusiera, ni siquiera, el dedo encima. A toda la gente que fue a pedir trabajo los metí en la igualá, apunté su palo por si alguno no podía. Pero eso de no mirarlos, no está bien, porque cuando vengan las penurrias, que creo que vendrán, a ver los que ni miran qué les va a pasar.
Detrás de cada costalero siempre hay algo que motiva a que el tío vaya. Y ese algo no te lo cuentan nunca, a no ser que entre y entables muchísima confianza con él y te diga vine aquí por esto. Es que no sabes a quién le estás diciendo que no.
Pero sí sabes a quién le estás diciendo que sí. Las cofradías son cada vez más exigentes con el caminar de sus pasos. Por eso te decía antes lo de las dos cuadrillas, porque ahora la exigencia no es solo del capataz. Antes, en los ’80, la cofradía se iba a la calle y llegaba cuando llegaba. Ahora está todo milimetrado y eso se convierte en exigencia para el costalero, porque no puedes calibrar el esfuerzo de tu cuadrilla. Lo tienes que hacer de chicotá en chicotá.
Esa exigencia digamos que es un esfuerzo extra para las cuadrillas actuales. Y ese esfuerzo no se lo valoran.
“Detrás de cada costalero siempre hay algo que motiva a que el tío vaya. Y ese algo no te lo cuentan nunca”
-¿Cómo ves el futuro del costal?

Bien. Recuerdo una debacle, creo que a mediados de los ’80, donde no había (costaleros) y las cofradías se llamaban las unas a las otras. Y no pasaba nada por ir a echar una mano a otro lado y nadie era malísimo.
Creo que eso ya no va a pasar. Ahora bien, la tendencia va a ser, cada vez estar más igualados a Sevilla. Al final la gente terminará eligiendo a su capataz. Tardará, pero llegará. Y habrá personas que quieran salir con un capataz y no quiera salir con otro. Eso va a ser matemático y es el futuro bueno que le veo a esto, que el costalero se defina y diga, yo soy costalero de este y yo de aquel.
Esto es tirarme piedras sobre mi propio tejado, porque saco muy pocas cofradías y conmigo no va a querer venir nadie (risas). Querrán ir con quien saque muchas, pero realmente terminará siendo así. La calidad de cada cuadrilla la marcará que la gente vaya con uno o con otro.
“Esto no se aprende en vídeos, esto se aprende en la calle, viendo como trabaja uno, otro, qué sacas de bueno, de malo”
Los chavales jóvenes, indudablemente son jóvenes y tienen que madurar. Tienen comportamientos de su edad. Pero ya hubiera querido yo con su edad trabajar un paso como lo trabajan ellos. Son costaleros excelentes. Todos estos pasitos chicos que hay, cruces de mayo, salidas de colegios, todo eso va creando afición, porque esto tiene algo que nadie sabe definir y que como te enganche, ya no puedes ver pasar un paso sin estar debajo.
Cuando decía que vendrán penurrias, me refería a que la gente elegirá y dirima la valía del capataz. Eso terminará pasando aquí, lo que está por ver es quién se llevará el gato al agua. Creo que serán los que más recorrido tengan. La experiencia hace mucho y se te dan situaciones delante de un paso, que tienes que solventar en décimas de segundo y sin experiencia es muy complicado.
-¿Qué tiene que tener un capataz?
Podríamos citar al Padre Cué, cuando tengas más amor, decía. Indudablemente, tienes que conocer el oficio, hayas o no trabajado debajo. Tienes que conocer la parte que te toca del oficio. Te tiene que gustar más que comer con los dedos, porque esto no es que llega la hora del ensayo, voy al ensayo, lo acabo y me voy a mi casa y me olvido. Esto tiene trabajo, tela.
Tienes que tener un don de gentes, una capacidad de “liderazgo”, porque al final eres un gestor de personas. No puedes gestionar a las personas ni amenazados, ni comprados. La gestión es libre y como no tengas cierto don de gentes, se te complica mucho la cosa. Yo tengo mucho genio, mi equipo me aguanta porque son amigos míos, si no, no me aguantarían. Pero eso no quiere decir que no se quiera a la gente de abajo.
Alguien me decía que pego broncas y respondía que igual que le riño a mis hijos. Si le riño a mis hijos quiere decir que no los quiera, no. si le riño a un costalero no quiere decir que no lo quiera, sino que hay cosas en las que soy un poco intransigente y por ahí no cuelo. Al costalero se lo suelo poner muy sencillo, fácil, me gusta que las cosas sean fáciles para ellos. En contraprestación a eso, luego soy un poco exigente.
¿Más virtudes que tiene que tener un capataz? Tiene que conocer, saber mucho del oficio y haber visto mucho. Esto no se aprende en vídeos, esto se aprende en la calle, viendo como trabaja uno, otro, qué sacas de bueno, de malo. Al final te vas forjando y te sale una cosa, así rara como yo (risas).
-¿Qué capataces te gustan?
Fernando González Doncel me encanta. Para mí es uno de los grandes capataces de Sevilla. Si me tengo que quedar con uno sería con Fernando.
-¿Hay alguno más que te guste?
Muchísimos. Ves los pasos en Córdoba y los hay que andan de categoría. Ves a Curro, qué te voy a decir de él, o de David Arce, Carlos Lara es una delicia ver andar sus pasos, Rafa Giraldo, Ángel Carrero, Enrique Garrido. Hay una hornada de capataces que aquí hay nivel, es normal que nadie regale nada. Le pegan cada paseo a las cofradías que no veas.
“Creo que me puedo morir con eso, cuando le dije a mi hijo ahí la tienes, si Ella quiere, que seas, y si no quiere, que no seas”
-¿Cuál ha sido el momento que más te ha marcado como costalero?
Hubo uno que marcó muchísimo y es gracioso porque dices este tío es el más tonto del mundo. Hubo una mano con Jesús de las Penas por la Fuenseca de vuelta, después de haber pasado el Bailío, a tambor. No sé qué es lo que pasó allí debajo, que era una delicia ir siendo costalero del Señor, con el tambor, esa calle abajo. Es algo que recuero siempre, porque creo que es la mejor chicotá en mi vida que he pegado debajo de un paso. Íbamos despacito con el Señor y me marcó mucho. Andando de frente por la calle esa, malísima, parecía que estaba todo planito.
-¿Y como capataz?
El día que le di a mi hijo la alternativa. Fue con la Reina de los Ángeles de Gloria. Eso se ha quedado para mí. Creo que me puedo morir con eso, cuando le dije a mi hijo ahí la tienes, si Ella quiere, que seas, y si no quiere, que no seas. Lo vi mandando un paso en condiciones, porque él ya venía dirigiendo pasos chiquitos y echando una manilla.
Y, este año, cuando le di el paso de Buena Muerte en Deanes, cómo lo arropó mi equipo. Esos dos momentos con mi hijo son el culmen.
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