Entrevista | Rafael Ramírez Galvín (I): “Cuesta más trabajo defender los martillos que llevarlos. Y perdemos mucho tiempo en defenderlos, aunque yo los defiendo poco”

En esta primera parte de la entrevista, el capataz recuerda sus inicios, valora a sus cuadrillas y analiza la importancia del equipo y lo que le pide a sus costaleros, entre otros aspectos

Hay conversaciones que, cuando empiezan deseas que nunca terminen. Algunas de ellas son las que versan sobre el mundo de abajo, el del costal y poco tienen que ver con quien coge o suelta un martillo, sino sobre el oficio y la reflexión profunda del don que heredamos y queremos transmitir.

De una de esas charlas, casi dos horas que se pasaron volando, nació la siguiente entrevista. Su protagonista, Rafael Ramírez Galvín, el Toreri. Capataz de los pasos del Señor de la Sangre y del Cristo de la Buena Muerte, su trayectoria con el terno negro se remonta a algo más de tres décadas, en las que tuvo otro de sus momentos más destacados al frente del palio de la Virgen de la Esperanza.

Sobre ese momento y su salida al frente de la cuadrilla de la hermosa imagen de la cofradía del Domingo de Ramos habla en esta primera parte de la entrevista. Pero también recuerda como fueron sus inicios, valora a sus cuadrillas y analiza la importancia del equipo y lo que le pide a sus costaleros, entre otros aspectos. La reflexión es de las que invitan a pensar, no se la pierdan.

-¿Cómo empiezas en cofradías?

Por cuna. Mi madre es de la Hermandad de la Esperanza, mi padre de Jesús Caído y, desde el año ’75, soy hermano de las dos cofradíasen la Esperanza, toda la familia de mi madre son hermanos de la cofradía. En el Caído salía con mi padre y parte de la familia de mi madre también eran del Caído, porque nosotros somos de Santa Marina.

Mi padre sufre la pérdida de su hermana muy joven, con 33 años, y tiene una crisis de fe. Deja de salir de nazareno, llevaba la bandera pontificia y yo era su escolta, y por ende dejo de salir yo. Sigo saliendo en la Hermandad de la Esperanza

-Y comienzas en el mundo del costal.

Los pasos estaban recogidos en el cocherón de San Pancracio y cuando llegaban los ensayos, y por esa época casi toda la cuadrilla del Señor eran gente de Santa Marina, y era el grupo de chavales que estaba por encima de nuestra edad. 

Pero el primer paso que saco no es Jesús de las Penas, curiosamente, fue un Martes Santo, el Señor del Buen Suceso. El mismo Martes Santo estaba sentado en el monumento de Manolete esperando a que mi padre saliera de trabajar. Me recogía y subíamos a comer los dos. Y un trabajador de mi padre, muy aficionado al costal, pasó, me vio sentado, y me dijo, “niño, a ti que te gusta esto, dile a tu padre que te deje que te vengas esta tarde, que hace falta gente en el Buen Suceso”.

Le pregunté a mi padre y me dijo que hiciera lo que quisiera. Me averigüé una ropa y me presenté a la igualá. Estaba Rafa Vegas y me preguntó si había salido alguna vez debajo un paso y le dije que no había salido nunca, salvo en cruces de mayo. Y me dijo “pues ahí vas a ir bien”. Nos metimos y no tenía ni idea de lo que era eso. Todo lleno de huecos, faltaba gente y el de atrás recuerdo que me iba diciendo, “niño, tu vas pinchao” y yo decía “sí, sí, si”, pero pensando que era bueno. No sabía ni cómo iba. Fue la primera vez que me metí debajo de un paso.

“Un trabajador de mi padre, muy aficionado al costal, pasó, me vio sentado, y me dijo, ‘niño, a ti que te gusta esto, dile a tu padre que te deje que te vengas esta tarde, que hace falta gente en el Buen Suceso’”

-Y llegaron más.

Al año siguiente, ya me intereso por las fechas de ensayo de mi hermandad y me incorporo a la cuadrilla del Señor. Estaba todavía el paso de guademecí. Luego Rafael del Olmo confía en mí y me pone de contraguía, curiosamente muy joven. Estuve con él hasta que dejó de salir.

El paso lo cogió José Antonio Recio, el Búho, que a día de hoy es componente de mi equipo y voy con él de contraguía y, cuando lo coge Federico, vuelvo a meterme debajo y he estado 30 años en el paso del Señor.

“Intento mantener un perfil plano, ni alto ni bajo, y mucha gente se sorprende y me dice, ‘que tu llevas 33 años mandando pasos’”

Durante todo ese tiempo estuve ayudando a Paco Jiménez en La Soledad. Después me incorporé a la Hermandad del Císter porque necesitaban un contraguía y ahí se forja una amistad bastante grande entre el grupillo que llevaba la cofradía. Una amistad de las que te enganchan. Y, cuando Paco Aguayo presenta la dimisión, es él mismo el que propone a la junta de gobierno que me quedara yo en el Señor y que en la Virgen se quedara Carlos Prieto, porque Paco llevaba la cofradía completa.

También saqué un año a la Virgen del Mayor Dolor (de la Hermandad del Calvario) con Paco Aguayo. Y llegó también La Esperanza. Llevo toda mi vida sacando pasos. Es verdad que intento mantener un perfil plano, ni alto ni bajo, y mucha gente se sorprende y me dice, “que tu llevas 33 años mandando pasos”. Nunca he sacado la cabeza diciendo que los llevo.

-¿Cómo fue tu etapa en la Esperanza?

La Esperanza es la niña de la casa. Era una parte de la cofradía que no conocía, si te soy sincero. Había salido toda mi vida en el Señor, no conocía bien la parte de la Virgen. Me llevé una sorpresa y, de hecho, a día de hoy, salgo de nazareno y salgo en la Virgen, y me he tirado sacando al Señor treinta y tantos años.

Eso no quiere decir que no le tenga devoción al Señor. Rezo mirando hacia arriba y la cara que pongo es la de Jesús de las Penas. Y rezo a la Virgen y la cara que pongo es la de La Esperanza. Pero es otro tipo de gente la que envuelve a la Virgen. Cuando viene de vuelta ves expresiones que con el Señor eran de otra forma. Y aquello me cautiva desde el minuto uno de estar en la calle con la Virgen.

Me hacía recordar semanas santas antiguas, con menos gente, cuando veías expresiones, incluso de la gente que había en las aceras, o cuando la cofradía venía de vuelta y veías a las vecinas del barrio en su puerta. Me cautivó tanto, tanto la Virgen en la calle que, a día de hoy, salgo con ella.

-¿Fue duro ese paso de salir de capataz de La Esperanza?

Es natural, los martillos no son eternos, ni es un cargo vitalicio. Llega el momento en que la junta de gobierno deja de confiar en mí, realmente ese fue el motivo que me dieron. Mira si fue natural que, me levanté de la reunión y les dije “os invito a una coca cola”, después de darle un abrazo al hermano mayor. 

“Para mí, los años que he estado con la Virgen (de la Esperanza), cada año ha sido un regalo. Cuando se acabó, se acabó, no hay más”

Me lo tomé bien, pero -entre comillas- hay daños colaterales de gente que está subida a tu carro, que a lo mejor las cosas se las toma de otra forma. Para mí, los años que he estado con la Virgen, cada año ha sido un regalo. Cuando se acabó, se acabó, no hay más. 

-Sigues en el Císter.

Sí, curiosamente corrió un bulo el mismo Martes Santo de que presentaba mi dimisión. Ni mucho menos. Para mí, esa cuadrilla, por definírtela como se la definí a ellos en la arenga, es como las últimas natillas que te quedan en la nevera, no sabes si comértelas, si guardarlas. Esa cuadrilla tiene algo especial; tiene el trabajo de muchos años; y no se por qué corrió ese bulo. Totalmente falso, no había dimitido.

-Y en la Buena Muerte.

Llevamos tres años. Es una cuadrilla que, si empiezas cara por cara y hombre por hombre, es excepcional. Son gente que la inmensa mayoría tienen muchísimo oficio y con sus pequeñas dosis del hijo que viene con el padre y va a empezar el hijo. Las cosas bonitas de esto.

Es verdad que en 2024, que no salimos, nos paró digamos el proceso normal de configuración de una cuadrilla. Las cuadrillas no son carreras de velocidad, son de fondo. Tienes que fijar el resultado a largo plazo y tirar por ese camino, por ese camino, por ese camino hasta que llegues al resultado. Y, cuando llegas al resultado, eso va de categoría, seguro.

“Curiosamente corrió un bulo el mismo Martes Santo de que presentaba mi dimisión. Ni mucho menos”

Si está bien cimentado. Eso es lo que le pasa a la cuadrilla del Martes, el objetivo estaba muy claro, sabíamos a dónde queríamos ir y, a día de hoy, con esa cuadrilla ya te puedes parar en el detalle. Cuando ves un ensayo de costaleros donde lo que se están trabajando son los detalles es que el resto está controladísimo.

-Y para conseguirlo es importante el equipo ¿cómo es el tuyo y qué significa para ti?

Son mis pies y mis manos. Tengo la inmensa suerte de tener a mi hijo. Lleva sacando pasos, de negro, desde que era un moco y, cada vez, le voy delegando muchísimo más trabajo, lo va asumiendo y va respondiendo bien. 

Pero, hoy en día, gestionar las cuadrillas como se gestionan no lo puede hacer una persona, o tienes un equipo que trabaja contigo, o necesitas dedicarle un tiempo a esto que creo que nadie tenemos. Aparte de los pasos tengo mi familia, mi trabajo, tengo a mis amigos que no tienen nada que ver con las cofradías y al final tienes que conciliar todo.

“Las cuadrillas no son carreras de velocidad, son de fondo. Tienes que fijar el resultado a largo plazo y tirar por ese camino”

El equipo que llevo los considero más amigos que componentes del equipo. La amistad, sobre todo en ese círculo tan cercano al capataz, para mí es muy importante. De hecho, tengo un miembro del equipo que este año lo ha pasado en blanco, pero estoy seguro de que cuando pasen tres o cuatro años volverá a decir, “Rafa, aquí estoy otra vez”, porque esa amistad que tenemos entre todos hace que eso sea -si ya es bonito- más bonito todavía. 

El padrino de mi hijo, José Recio, es miembro del equipo. Mi Tato, nos han crecido los dientes junto debajo de los pasos, sus hijas se han criado junto con las mías, es una bellísima persona, un tío exquisito. Viene Carlos Puya con nosotros en la Madrugá y es una persona fenomenal. Tengo a Dani Carmona el Martes, a Antonio Jiménez. Cuando me preguntabas qué sentiste cuando te cesaron en La Esperanza, a mí me dolían los míos y pensaba esto cómo va a ser. 

Y mi mano derecha, derecha es Toni Morales. Es un hermano mío, amigos desde chicos, hemos trabajado juntos a la niña de nuestras casas, somos compañeros de trabajo. Es una persona diez, también. Y le doy mucha importancia a eso, a que los que trabajen con nosotros sean tíos diez como persona. 

Luego ya el oficio se les presupone, porque hay que tenerlo para poder funcionar tal y como están los pasos hoy en día. Aquí nadie te regala nada y cualquier debilidad, por ahí te tiran las flechas. Digo muchas veces que cuesta más trabajo defender los martillos que llevarlos. Y perdemos mucho tiempo en defenderlos, aunque yo los defiendo poco, qué viene otro, pues que venga porque estamos de paso.

“Tengo un miembro del equipo que este año lo ha pasado en blanco, pero estoy seguro de que cuando pasen tres o cuatro años volverá a decir, ‘Rafa, aquí estoy otra vez’, porque esa amistad que tenemos entre todos hace que sea más bonito todavía”

Como te decía, mi equipo son mis manos y mis pies. Voy mermando físicamente, aunque parezca que no. tengo un problema de pies, Neuroma de Morton en los dos pies, y tengo que delegar mucho y cada vez lo hago más en mi hijo, que me da una tranquilidad enorme. Me salgo a la acera, por los pies, y estoy tan tranquilo como si lo llevara yo. Esa gente (su equipo) es muy de verdad.

-¿Qué le pides a un costalero?

Tengo las palabras que dije en el pregón: obediencia, humildad, saber ser, saber estar y anonimato. Se acabó, teniendo eso del resto me encargo yo del costalero. El protagonismo que está adquiriendo el costalero no le viene bien al oficio. Es decir, el oficio hay que exaltarlo, ponerlo en su sitio, pero nosotros no somos los protagonistas, ni los de negro, ni ninguno. Los protagonistas van arriba y no hay más.

Lo único que les pido es que honren el oficio, que es muy antiguo y no nos lo vayamos a cargar con lo bonito que es. Y que sean obedientes, humildes y que achuchen para arriba, indudablemente. Si no achuchas, aunque tengas los cinco ingredientes mágicos, no puedes ser costalero. Intentando ser mejor que los demás sin ser mejor que nadie, con eso me conformo, del resto me encargo yo y cuando veo que no sirves, entonces ya te digo da un paso al lado que tiene que entrar otro compañero.

Esto es mucho más sencillo de lo que nos pensamos. Lo que tiene es la dificultad de la sencillez. Es tan sencillo como achuchar para arriba y saber andar de frente, ya está, y eso lo sabemos hacer todos. Otra cosa es que tengas capacidad de sacrificio para hacer eso, pero realmente es tan sencillo, tan sencillo, tan sencillo, que es complicado.

-Has dicho capacidad de sacrificio ¿se ha perdido?

No es que se haya perdido, es que ahora vas a sacar una cofradía y vas con dos cuadrillas. Tu sacrificio es distinto al que había antes. Si tenías que ir de mármol a mármol con el paso medio vacío, era lo que había y lo que conocías y pensabas que salir de costalero era eso. Pues resulta que no 

¿Qué pasa? Los costaleros de ahora conocen el oficio, el esfuerzo físico de una estación de penitencia, reducido a la mitad y con el paso calzado. No es que se haya perdido, es que ahora te dice “que yo no vengo aquí a matarme”. Nosotros no pensábamos que íbamos a matarnos cuando nos metíamos debajo. Sabíamos que era un reto, que había que ir y que había que volver, pero ahora, además de ir y volver, le pides al costalero que, además, quiero que andes así y quiero que llegue una vuelta y que hagas esto. 

“Esto es mucho más sencillo de lo que nos pensamos. Lo que tiene es la dificultad de la sencillez. Es tan sencillo como achuchar para arriba y saber andar de frente, ya está, y eso lo sabemos hacer todos”

Esa exigencia sí se la estamos pidiendo ahora a las cuadrillas, entre comillas, nuevas. Dar una vuelta, como se dan hoy las vueltas, es muy exigente. Y esas vueltas no se daban antes. Comparar lo antiguo con lo nuevo, puedes comparar el corazón, pero a nivel de sacrificio creo que no. 

“Hoy, si no llevas dos cuadrillas, parece que no tienes costaleros. Y eso a las hermandades les crea cierta incertidumbre”

A mi hay gente que me dice, “Buena Muerte, Rafa, por qué no la pones de mármol a mármol, o por qué no vas de a ocho, que con dos cuadrillas nos sabe a poco”. Porque hoy no se puede hacer eso de mármol a mármol. Eso se lo hago a la cofradía y me dice la cofradía, chiquillo, tú qué haces, si te hemos traído nosotros para que esto esté lleno, cómo vas a ir con 30 nada más.

Hoy, si no llevas dos cuadrillas, parece que no tienes costaleros. Y eso a las hermandades les crea cierta incertidumbre. Al final, el costalero de hoy está acostumbrado a su media corrida y en ella te van a dar todo lo que tienen. No creo que en esa media corrida no tenga capacidad y diga no puedo más, o me voy a aliviar. Son costaleros, y la palabra costalero es muy gorda y un tío cuando se pone la ropa me merece un respeto terrible. Veo a alguien vestido de costalero y estoy viendo tantos valores y ver cómo una “profesión” tan antigua se siga manteniendo. El que no vea eso con ese romanticismo es el que piensa que estamos locos.