La capital italiana acogió una multitudinaria procesión internacional en la que brillaron con luz propia dos de los más venerados titulares de la Semana Santa del sur de España. El emotivo acto se vio enturbiado por una tragedia y por la irrupción de la lluvia en su tramo final.
La ciudad eterna ha sido testigo de un acontecimiento sin precedentes en la historia de la religiosidad popular andaluza. El imponente Cristo de la Expiración, conocido popularmente como El Cachorro —obra cumbre de Francisco Antonio Ruiz Gijón (1682)—, y María Santísima de la Esperanza de Málaga, protagonizaron este sábado una procesión histórica en el marco del Jubileo convocado por el Vaticano, dejando estampas imborrables por las arterias más monumentales de la capital italiana.
La Gran Procesión del Jubileo, en la que participaron cerca de 2.000 personas, reunió representaciones de toda Europa. La delegación andaluza, encabezada por estas dos devociones señeras, se sumó a un cortejo que incluyó tallas provenientes de Portugal, Italia, Francia y del propio Vaticano. La comitiva partió a primera hora de la tarde desde Piazza Celimontana, recorriendo lugares tan emblemáticos como el Coliseo, el Arco de Constantino o el Circo Massimo, donde el Cristo trianero avanzó majestuoso mientras sonaban saetas interpretadas por la cantante Diana Navarro, envuelta en una sobria mantilla negra. La malagueña ya había emocionado días antes cantando a ambas imágenes en el interior de la Basílica de San Pedro.
Devoción y tragedia en una jornada inolvidable
La jornada no estuvo exenta de contratiempos. Una triste noticia empañó el ambiente festivo: el fallecimiento de un peregrino procedente de Los Palacios y Villafranca (Sevilla), así como el ingreso hospitalario de otro herido que lo acompañaba en su viaje. El arzobispo de Sevilla, monseñor José Ángel Saiz Meneses, presente en la tribuna de autoridades, expresó públicamente su pésame a los familiares y anunció su visita al hospital para acompañar a los afectados.
Una Roma conquistada por Andalucía
El cortejo despertó una acogida multitudinaria. Las calles romanas, repletas de fieles, vibraron al paso de las andas andaluzas. El presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno, visiblemente emocionado, declaró: “Hoy Andalucía ha tomado Roma”, aludiendo al comentario del alcalde de la capital italiana, Roberto Gualtieri, quien afirmó que, tras su ciudad, “su lugar favorito es Andalucía”. Moreno elogió el “milagro logístico y emocional” que ha supuesto el traslado de las imágenes, subrayando su valor no solo artístico, sino como expresión de una identidad viva y popular.
Desde el palco presidencial, compartido con autoridades como la vicepresidenta del Gobierno, María Jesús Montero, o los alcaldes de Sevilla y Málaga, José Luis Sanz y Francisco de la Torre, se valoró unánimemente la trascendencia del acto. Montero incidió en que estos cultos no solo conservan patrimonio, sino que vehiculan una intensa obra social, reflejo del compromiso de las cofradías andaluzas con la realidad que las rodea.
Iconografía, simbolismo y hermanamiento
El paso del Cristo de la Expiración lució potencias y corona de espinas, acompañado por detalles que evocaban a las hermandades del Viernes Santo sevillano, con especial mención a las corporaciones que realizan estación de penitencia ese día. Por su parte, el trono de la Virgen malagueña fue adornado con angelitos portadores de romero y lazos representativos tanto de su Archicofradía como de la corporación hispalense, símbolo de una fraternidad que trasciende provincias y consolida la identidad cofrade andaluza.
La lluvia rompe el encanto en su epílogo
El tramo final del recorrido se vio deslucido por la irrupción de una fina pero persistente lluvia que obligó a acelerar el ritmo y proteger las imágenes en plena vía del Circo Massimo. El agua no logró borrar, sin embargo, la intensidad del momento ni la emoción de miles de fieles que, paraguas en mano, se resistían a abandonar el lugar. Este inesperado giro meteorológico no hizo sino dotar de un carácter aún más simbólico al final de una procesión inolvidable.
Una procesión para la historia
La procesión, que arrancó con la presencia de la Hermandad del Santísimo Sacramento de Mafra (Portugal), continuó con la participación de la Archicofradía Vaticana de Santa Ana de los Palafreneros, la Cofradía del Dulce Nombre de Jesús Nazareno de León y diversas hermandades italianas y francesas, como La Sanch de Perpiñán, con el emblemático Devot Christ, o la Cofradía de Maria Addolorata de Enna.
Pero fueron El Cachorro y la Esperanza quienes captaron los corazones de propios y extraños. La elegancia, solemnidad y hondura de sus respectivos cortejos dejaron una huella imborrable en Roma. Como apuntó el alcalde de Málaga, “ver tanto público andaluz y español aquí demuestra que todo este esfuerzo ha merecido la pena”. Su homólogo sevillano añadió que “hoy no han venido sólo dos hermandades, sino la esencia misma de la Semana Santa andaluza”.
Epílogo de un día irrepetible
Pocas veces el alma de un pueblo ha viajado con tanto fervor y dignidad más allá de sus fronteras. En Roma, corazón del catolicismo, la Semana Santa andaluza ha ofrecido al mundo una catequesis viva, bella y conmovedora, de la que El Cachorro y la Esperanza han sido faros de fe y emoción. Un hito que quedará grabado en la memoria colectiva como testimonio de lo que Andalucía es capaz de aportar al patrimonio espiritual de la humanidad.





