La Hermandad de la Misericordia acomete la restauración del Santísimo Cristo: será retirado del culto esta semana

La Hermandad de la Misericordia ha comunicado que la venerada talla del Crucificado será retirada del culto en los próximos días con motivo de una necesaria intervención de conservación y restauración. El Cristo es una obra anónima del siglo XVI, restaurada por Rafael Díaz Peno en 1939 y por Rivera Valle en 1983.

La decisión fue aprobada en Cabildo General de Hermanos el pasado 12 de marzo, en el que se expusieron con detalle las causas que motivan esta actuación y la elección del equipo técnico responsable. Los trabajos serán ejecutados por los restauradores Enrique Ortega y Rosa Cabello, especialistas del taller REGESPA, con una dilatada trayectoria en la recuperación del patrimonio devocional andaluz.

Una intervención centrada en los daños estructurales y la policromía

Según ha detallado la junta de gobierno, la intervención se centrará en la consolidación de los puntos de anclaje del Cristo a la cruz, particularmente las palmas de las manos y los pies, que presentan daños provocados por los clavos que lo sujetan. Además, se procederá a adaptar el sistema de fijación para evitar tensiones futuras en la madera y a restaurar las pérdidas de policromía que afectan a zonas sensibles de la escultura.

Última jornada de veneración antes del traslado

La corporación ha querido informar a sus hermanos y devotos que mañana, miércoles 4 de junio, será el último día en que la imagen permanezca expuesta al culto en la Capilla de la Misericordia, ubicada en la Basílica de San Pedro, antes de ser trasladada a los talleres de restauración.

La hermandad ha asegurado que se comunicará debidamente el regreso del Santísimo Cristo una vez concluidos los trabajos, momento en el que volverá a presidir el camarín que ocupa habitualmente en el templo fernandino.

Con este anuncio, la Hermandad de la Misericordia da un paso firme en su compromiso con la conservación de su valioso patrimonio devocional, asegurando así la integridad de una de las imágenes más emblemáticas de la Semana Santa cordobesa.

Una obra anónima de finales del XVI, símbolo del manierismo y del culto a la Misericordia

La imagen del Santísimo Cristo de la Misericordia, titular de la hermandad sacramental de los Santos Mártires de Córdoba, constituye una de las representaciones más antiguas y singulares del Crucificado que procesionan en la Semana Santa cordobesa. Tallada en madera policromada por autor desconocido, la escultura ha sido atribuida, según los estudios más solventes, a un artista activo en el último tercio del siglo XVI, en un momento en que el manierismo dominaba el panorama artístico andaluz.

El perfil estilizado, la estrechez de la cintura y la particular inclinación de la cabeza hacia el lado derecho, con la melena abierta dejando al descubierto la mejilla izquierda, delatan una estética en la que confluyen las influencias de la escuela sevillana y la granadina, lo que complica su adscripción precisa pero confirma la pericia técnica de su autor.

En 1983, la imagen fue sometida a una profunda restauración a cargo del profesor Rafael Rivera Valle, quien propuso una sugestiva interpretación iconográfica: el Cristo representaría el instante inmediatamente posterior a la muerte, en pleno desplome, aunque la presencia de la llaga en el costado —tradicional símbolo de la lanzada posterior a la expiración— introduce un matiz que relativiza esa hipótesis. Durante esa intervención, se halló un documento oculto en el interior del cuerpo, aunque no aportaba datos sobre su autoría o datación, sino que mencionaba una restauración previa realizada en 1939 por el escultor Rafael Díaz Peno, que fuera además director artístico de la corporación durante años.

La talla conserva sus potencias originales de plata sobredorada, una obra de 1800 firmada por el orfebre Mateo Martínez Moreno, uno de los artesanos más destacados del ámbito cordobés en los albores del siglo XIX. La conjunción de historia, estilo y devoción convierte a esta imagen en un auténtico referente del patrimonio sacro local, cuya preservación cobra hoy renovada vigencia con su inminente restauración.